ENTREVISTA : José Luis Gracia Mosteo
Por:
Ricardo Bosque
José
Luis Gracia Mosteo. Calatorao (Zaragoza), 1957. Licenciado en
Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de
Madrid. Durante parte de los 80 es uno de los responsables de
la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid por donde
pasan Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Luis Rosales, José
Luis López Aranguren, Mario Benedetti y muchos más.
En el 83 empieza a colaborar como crítico literario de
Heraldo de Aragón. A principio de los 90, comienza a escribir
su Trilogía Pirenaica, donde novela el esplendor, decadencia
y ruina de un viejo mayorazgo a lo largo de los siglos XIX, XX
y XXI, publicando en el 99 La Saga de los Pirineos (s. XX); en
2000 La Dama Cautiva de Jaca (s. XIX); y quedando El Barón
de Oliván , en escritura.
En 2001 publica la primera de una serie de novelas negras y de
humor, El Asesino de Zaragoza, donde presenta al inspector Barraqueta,
un policía apocado, depresivo y sin vocación; en
2003, gana el Premio de Poesía Elvira Castañón
en Asturias con La Balada del Valle Verde, elegía de esa
vida rural que aún se rige por las estaciones (propuesta
para el Premio Nacional de la Crítica de Poesía);
en 2004, publica El Pintor de Fantasmas, un conjunto de doce relatos
con El Greco, Rimbaud, Coleridge o Gracián de protagonistas,
además de retrato desenfadado del mundillo literario de
Madrid en los años de la Movida; y en 2005 publica El rock
de la dulce Jane, Premio de Novela Villanueva del Pardillo, segunda
entrega del Inspector Barraqueta y sátira desenfadada del
fundamentalismo y la posmodernidad, obteniendo también
el Premio Federico García Lorca de Relato con El Taxidermista
de Almas.
También es coautor del libro El Quijote en el Café
Gijón (2005), y uno de los autores de la antología
Crímenes Contados (2006). Ha sido finalista del Premio
de Relato Juan Martín Sauras 2004, y del Premio Internacional
de Poesía Vicente Presa 2005 con Blues de los Bajos Fondos
(inédita). El jurado, formado por Luis Alberto de Cuenca,
Luis García Montero, Fernando Beltrán, J.M. González
Gómez y Joaquín Arnáiz destacó lo
reñido del fallo. Es así mismo delegado de la Asociación
Aragonesa de Escritores en Madrid y profesor.
Pregunta:
Licenciado en Filosofía y Letras, poeta, profesor de literatura,
crítico literario en varios periódicos y en la prestigiosa
y selecta revista Turia
y creador de un personaje de novela
negra. Me recuerda al doctor Jekyll y mister Hyde. ¿Saben
los padres en manos de quién dejan a sus hijos cada mañana?
¿Y sabe su familia adónde le manda cuando se va
para el instituto?
Respuesta::
Verá
usted, a mí como a casi todos, Jeckyll y Hyde se me quedan
cortos, porque tras las hechuras escondo un profesor concienzudo
que saco a pasear seis horas, un escritor sin un duro que se apalanca
en el ordenador por las noches, un padre gordito y cachondo en
jornada continua y un apuesto galán en mis sueños...
En fin que parezco una muñeca rusa con aires de cabezudo,
para algo tengo las hechuras anchas.
En
"El asesino de Zaragoza", la primera de la saga protagonizada
por el inspector Juan Barraqueta, las víctimas, poetas
todas ellas, mueren asfixiadas porque alguien les ha hecho tragar
su propia obra literaria. En "El rock de la dulce Jane",
el cadáver de un joven virgen es desenterrado cada dos
por tres por algún maniaco. Y todavía hay quien
mantiene que todas las novelas negras son iguales
La
verdad es que la realidad es como una de esas rubias que se ven
por las calles. Por mucho que apretemos el paso, siempre anda
más deprisa. Así que eso de los asesinatos con sopas
de letras en rama (o página) y los desenterramientos, no
deja de ser un pálido reflejo de la misma, que diría
un lírico, coño qué cursi. En fin, que cada
vez que me digo "Qué original te ha quedao, Mosteo",
sale una noticia y me deja el invento a la altura del betún.
El patio, oiga, que está muy revuelto.
No
sé si es una mala costumbre, pero creo que los lectores,
cuando nos enfrentamos a un nuevo personaje, solemos buscar parecidos
o referencias a otros existentes. Me leo las aventuras de Juan
Barraqueta y, como mucho, me encuentro al Boris Vian humorístico
("Con las mujeres no hay manera" o "Que se mueran
los feos", por ejemplo), algún ramalazo de Mendoza
y un evidente regustillo a Quevedo. ¿Pero qué come
este hombre para ser como es? ¿A quién lee Barraqueta
para comportarse como lo hace?
Barraqueta
es un hombre de pueblo que estudió para huir del arado.
Un torpón que fracasó en las oposiciones y que se
metió a policía para llenar la barriga. Un gris
que llegó a inspector a puro de chuscos y promoción
interna, pero que no tiene hígados ni vocación.
Un "cuerpazo" construido con legumbres y tortilla de
patata. Alguien que sólo lee romances y fábulas,
que son lo más digestivo, y que odia los menús en
lenguas muertas, que son las que no se comprenden y las que le
quitan la alegría a la viva.
¿Y
Gracia Mosteo? ¿Comparte gustos literarios con su personaje?
¿Y en novela negra o policial?
Mis
gustos pasan por Quevedo, sí, pero también por Stevenson,
Allan Poe, Sthendal, Scott Fitzgerald, Martin du Gard, Philip
K. Dick, Jorge Luis Borges, Mujica Láinez, Eduardo Mendoza
o Javier Marías... en narrativa. Y Quevedo, Laforgue, Ricardo
Molina, Villena, Luis Alberto de Cuenca, Carlos Marzal, Pepe Verón
o Manuel Vilas en poesía. Y en cuanto a novela negra, ya
sabe, los clásicos: Raymond Chandler, Jim Thomson, Patricia
Highsmith, Vázquez Montalbán, Martínez Láinez
y las páginas de sucesos, además de los juzgados
de la Plaza Castilla donde me cuelo y en donde algún día,
como me descuide, me van a dejar.
Hace
unos años leí "Papel picado", del argentino
Rolo Diez. Todo transcurría por unos cauces más
o menos razonables hasta que, en la página 143, descubro
que el autor debió tener una experiencia traumática
en un tren por culpa de un aragonés, en concreto de su
mismo pueblo. Ya sabemos que Teruel existe, pero ¿Calatorao
marca de por vida?
Calatorao
ha sido durante siglos el tarro de las esencias. El Carson City,
ciudad sin ley, español. No me cabe duda de que, si en
vez de en Aragón, estuviera en EE.UU, sería un tópico,
la metáfora viva de la dureza, y aparecería en las
obras de Tennesee Williams o las pelis de John Ford; pero como
aquí escupimos a lo que tenemos, desde Gigantes y Cabezudos
ha sido la irrisión. Calatorao es la antípoda de
lo light, aunque ahora se haya descafeinado y la gente parezca
de Zaragoza o Nueva York, cosas de la aldea global esa, que acaba
liquidando las aldeas.
En
cierta ocasión me comentó que le gustaba seguir
el método Stanislavsky durante el proceso de creación
de una novela. Eso está muy bien si el personaje en cuya
piel se quiere meter, come en restaurantes plagados de estrellas
Michelin, se aloja en hoteles de lujo o liga más que James
Bond. Pero con Barraqueta, al que le da por visitar cementerios
de noche, infiltrarse en psiquiátricos o alternar con jevimetaleros
de postín
¿Tan duro es el oficio de escritor?
Mire,
cada escritor se documenta a su modo. A mí me gusta patearme
los escenarios de las novelas antes de escribirlas. Pasearme por
donde estarán los personajes. Si es un cementerio a medianoche,
un hospital psiquiátrico o un bar de 'hell angels', pues
ahí voy. De todas formas le diré que estoy más
a gusto en esos sitios que en los salones de la buena sociedad.
Eso sí que son peligrosos.
Dicen
que las comparaciones son odiosas, y algunas que he leído
entre Barraqueta y Torrente, francamente absurdas. Torrente es
un fascistón de tomo y lomo y un lerdo irrecuperable para
la sociedad. Barraqueta en cambio
En
el otoño del 2000 mi agente me ofreció gestionar
la publicación del primer caso de Barraqueta, y se la dio
a Anagrama. Sin embargo no llegaron a un acuerdo, y en la primavera,
se la di a mi editor que la publicó enseguida. Meses más
tarde aparecía Torrente. No tenían nada que ver
porque Barraqueta es un buen hombre, un tipo depresivo que saca
pecho, alguien que resuelve los casos por obstinación...;
pero Torrente se convirtió en la comparación obligada
para todos los que escribimos novela negra y de humor. En fin,
ya sabe lo imaginativos que somos. A mí, por ejemplo, me
pasa lo mismo. Siempre me están comparando con Brad Pitt.
En
alguna ocasión, Petros Markaris ha hecho la distinción,
dentro de la novela negra, de la Europa de la cerveza y la del
vino, para así diferenciar a los autores nórdicos
de los mediterráneos. A la vista de los exquisitos gustos
gastronómicos que se gastan muchos de nuestros policías
de ficción (Carvalho, Brunetti, Montalbano
) y lo
poco exigentes que resultan otros como Barraqueta, ¿podríamos
hacer una subdivisión entre la Europa de la garnacha y
la del Cabernet Sauvignon?
Podríamos,
pero sería ficticia. Existe un pecadillo de escritor que
consiste en confundir los gustos de uno con los de los personajes.
Una filfa. Desde Fernando de Rojas se acabó la ficción
en la ficción: cada grupo social tiene su habla y sus costumbres,
entre ellas, beber. Por otra parte está la aritmética:
"Vamos a ver, Pepito, si una botella de vino aceptable (no
digo bueno), vale 2.000 pts. ¿cuánto tendrá
que ganar un policía para comprar un par de cajas al mes?
¿Cuánto dices?" Pues eso, a darle al Don Simón.
Las
novelas protagonizadas por Juan Barraqueta se desarrollan en Zaragoza,
a la que describe como una ciudad de provincias fría y
ventosa, una ciudad que únicamente se hace visible un día
de la segunda semana de octubre. Sin embargo, es un inspector
que tiene lectores también fuera de España. ¿A
tanto ha llegado la globalización o eso que los economistas
denominan "deslocalización?
Si
es que la gente está loca. Será por eso que los
economistas, tan sensatos ellos, la quieren "deslocalizar".
Pero ahí está Barraqueta, alguien con el que se
puede identificar un tejano, un argentino o un alemán,
por poner sitios donde lo leen. Ahí está ese poli
un poco loco que sabe que la cordura tiene bastante que ver con
la cuerda, o sea, con las ataduras. Ahí está para
dar caña a los que la dan. Será por eso que cualquiera
que sea rebelde y que tenga sentido del humor, lo ve como a un
primo segundo.
Últimamente
se publica mucha novela en general y negra en particular, ya sólo
falta que se incremente el número de lectores. Desde su
experiencia como profesor, ¿cómo hacemos para que
un chaval separe los pulgares del mando de la Playstation y coja
un libro entre las manos? ¿o los dejamos por imposible?
Me conformo con que no nos peguen, aunque tiempo al tiempo. Menudo
peligro tenemos. A propósito, ¿hace un lexatín?
Le invito.
Una
novela en forma de carta de dimisión al ministro del Interior,
otra como diario encargado por su médico como parte del
tratamiento psicológico que debe seguir
¿Cuánto
tendremos que esperar para saber qué es lo siguiente que
se le ocurre a Barraqueta?
Barraqueta
camina con paso inseguro hacia el encanallamiento. No tiene reflejos,
ha perdido la fe y trabaja con el piloto automático. En
realidad, no es que sea muy original. Es como cualquiera que lleva
treinta años en un tajo. Si a eso añadimos que le
viene un caso de lo más obsceno, lo tiene claro. Pero tiempo
al tiempo. En tres o cuatro años verá. En todo caso
aparece en un relato, Adán prefiere la serpiente, de la
antología de relato negro Crímenes Contados (Editorial
Menoscuarto) y vuelve a aparecer en otro del libro El Taxidermista
de Almas (Huerga y Fierro Editorial) que publicaré en invierno.
Aunque más vale no hacer planes. Ayer mientras paseaba,
me pareció verlo con una chavala de veinte. A lo mejor
acaba en el taller.
Julio
2006