MARSELLA,
LA SOMBRA DE UNA CIUDAD GASTADA
©
Álvaro Vicente Palazón
Marsella
siempre fue esa vieja caprichosa que nunca nadie logró
satisfacer ni comprender. Resentida, castiga a todo aquel que
ose sentirse francés cuando sus raíces no son gabachas.
Pero Marsella nunca tuvo más vida que cuando Jean Claude
Izzo recorrió sus calles. No solo cobró vida, también
olor, el olor de la muerte.
Marsella,
cumbre del hip hop y de la mafia, no es de extrañar que
ambos se entremezclen en la primera de las novelas que componen
la trilogía que Izzo dedicó a la ciudad: Total
Khéops, título de una de las canciones del grupo
de hip hop marsellés 'I am'. Completan la trilogía
Chourmo, chusma en provenzal, y Soleá, que
siguen con esa Marsella descrita como una canción desafinada,
desesperada y despiadada, completamente trágica aunque
realista. En la prosa del escritor marsellés no caben las
exageraciones ni el dramatismo, todo lo que sucede en este tríptico
bien podría darse en la realidad, la que muestran los periódicos
y ante la cual es casi imposible mostrarse indiferente. Entre
la luz y las sombras de la personal y contundente visión
sin compasión ni tapujos, que de Marsella nos ofrece Izzo,
pasearemos junto a Fabio Montale, ex policía y alter ego
del autor, por las calles de esa ciudad gastada, una capital que
no oculta su alma cruel.
Con
un pasado ligado a la literatura, trabajos en librerías,
periódicos y bibliotecas y varios libros de poesía
publicados no será hasta 1993, con una primera redacción
de Total Khéops, cuando Jean Claude Izzo se plantee
escribir una novela. Dos años más tarde la versión
definitiva será publicada en la "Serie Noire"
de Gallimard, alzándose al poco con el prestigioso trofeo
que otorga la asociación 813.
Poco
después, en 1996, surge Chourmo y la trilogía
se ve interrumpida con la publicación de dos antologías
de cuentos. En una de ellas (Vivre fatigue) aparece un relato
largo protagonizado por el ex policía italiano. En 1998
y a pesar de las presiones de Gallimard, Izzo decide finiquitar
las aventuras de Montale con Soleá.
Ya
desde las primeras páginas de Total Khéops
descubrimos algunos de los fantasmas que recorrerán las
tres novelas; los eternos amigos de Montale, Ugo y Manu y su gran
amor, Lole. Poco después conoceremos a otros personajes
como la tierna Honorine, la vecina. Personajes que, al menos en
la mente de Montale, cobrarán gran protagonismo en la trilogía.
Total Khéops es la historia de un crudo pasado,
de esos que se quiere ocultar a todo el mundo, y un recuerdo a
Manu y Ugo, los dos grandes amigos de Fabio que tomaron el camino
contrario y acabaron mordiendo el polvo. El primero porque no
sabía donde se metía, o quizás sí,
pero no calculó hasta donde llegarían las cosas,
el segundo por venganza, por honor, por amistad, por las mismas
razones que Montale investigará sus crímenes, por
las únicas por las que se mata y se muere en Marsella.
Chourmo
es la crítica de una realidad, de un presente que algunos
no quieren reconocer pero que carcome las entrañas de la
ciudad. El maltrato infantil, el racismo, el terrorismo, la intolerancia,
la inmigración
se mezclan en una historia que en
un principio sigue las mismas líneas que la anterior aunque
esta se debe más a la figura de Lole. Por último
la más breve de las tres, Soleá, sobre todo
necesaria para conocer el futuro de los personajes y supone un
reencuentro del propio Montale consigo mismo en una Marsella calurosa
donde llueven cenizas. De nuevo regresan las mafias en una historia
empapada de datos reales, búsquedas asfixiantes que dejarán
un reguero de sangre por el camino, ausencias irreparables, sentimientos
de culpabilidad, desesperación
En
el universo de Izzo todos sufren, incluso el lector -quizás
ahí resida el atractivo de la trilogía-. Montale
es el resultado de la unión de algunas de las características
más comunes de los personajes del género; un hombre
solitario acompañado de su botella, amante de la comida
y los buenos vinos al más puro estilo Carvalho, apasionado
por la música como el Harry Bosch de Connelly e interesado
por la literatura. Un hombre frustrado que dejó de ser
poli cuando los problemas de los habitantes de las 'cités'
empezaron a preocuparle y se volvió más educador
de calle, más asistente social. Más blando dirían
el resto de sus compañeros, al fin y al cabo ni el dolor,
ni el asco, ni el miedo empujaban a Montale a apretar el gatillo.
Solo la rabia. La que aflora con la muerte, la de seres queridos,
inocentes, la que provoca el racismo, el dinero
La muerte
presente en cada una de las páginas de la trilogía,
que se cierne sobre el pasado, los amores y amistades de Fabio
y le hace aferrarse a la vida como a un flotador en medio de un
charco. La muerte y el vacío que provoca, que consume y
devora a las personas cuando desaparece todo lo que les rodea
y ellos, impotentes, no pueden hacer nada para evitarlo.
Si algo ha hecho Fabio durante toda su vida ha sido huir. Huir
del pasado, del más reciente y del más remoto. O
lo que es lo mismo, huir de la muerte. Descendiente de italianos
y españoles -al igual que su creador-, Montale creció
en los ambientes marginales de "la primera ciudad del tercer
mundo" y fue allí donde descubrió lo efímera
que es la vida y lo rápido que se escapa para dejar una
huella eterna. Allí descubrió la delincuencia, el
dinero fácil, el rechazo. La vida regida por estos actos,
la vida de sus grandes amigos y de la que decidió escapar
cuando las cosas se les fueron de las manos, cuando lo que se
les escapó fue una bala y la vida de un inocente. Pero
el nuevo camino que escogió no estaba muy lejos de todo
aquello, se enfrentaba a la delincuencia cara a cara y la muerte,
incansable, reaparecía día tras día. Montale
abandonó su oficio y decidió huir cuando en este
segundo combate contra la fatalidad tenía las de perder.
Pero su pasado, su oficio y, de nuevo, la muerte perseguían
al ex policía que debía enfrentarse a nuevas investigaciones,
desapariciones que le tocaban muy de cerca. Para cuando la muerte
se torna insoportable y las personas que le amarran a la vida
se ven amenazadas huir ya no tiene sentido y retrasar el enfrentamiento
es poner en peligro nuevas vidas.
Pero
no todo es dolor y, en ocasiones, la muerte deja de asestar golpes
para dar espacio al amor. Quizás porque de ese modo coge
carrerilla y en su próximo ataque causa más daño.
Para Fabio el amor siempre ha tenido la cara de Lole y a pesar
de haberse embarcado en otras relaciones siempre tendrá
ese rostro. Pero el deseo o el cariño tienen otras caras.
La de Leila, una joven magrebí que reflejaba los puentes
existentes entre Oriente y Occidente a través de su carrera
de literatura. O la de Babette, la periodista con la que había
iniciado una relación después de ser entrevistado
por ella. Ambas marcadas por la fatalidad. Cûc, de origen
vietnamita a la que Montale ni siquiera se permitió el
lujo de desear o Hélène Pessayre, que irrumpe en
Soleá para enfrentarse al protagonista, atraídos
el uno por el otro pero ya sin esperanzas, son algunas de las
relaciones que mantendrá el ex policía.
La
música es otro de los aspectos que se repite en toda la
trilogía. Ya de entrada los títulos de las tres
entregas hacen referencia a tres estilos musicales bien distintos,
el rap Total Khéops de 'I Am', el reggae de 'Massilia
Sound System' titulado Chourmo y Soleá que
además de ser un homenaje al jazz de Milles Davis costituye
la columna vertebral del flamenco. Tres estilos diferentes que
destacan una misma imagen, el mestizaje de Marsella, y que vienen
a ilustrar las palabras de Izzo. Además de los títulos
por las páginas de la trilogía suenan artistas tan
dispares como Paco de Lucía, Ray Charles, Bob Marley o
Los Chunquitos. Otra de las pasiones de Montale es la literatura
que descubrió de joven junto a Ugo, Manu y Lole. Poemas
de Brauquier que Izzo transcribe o citas de Camus que recita Montale
de memoria se repiten en gran parte de la trilogía. Aunque
si algo destilan las tres entregas es gastronomía, las
recetas de los platos mediterráneos que cocina la vieja
Honorine o el propio Montale; bouillabaisse, foccacha, alioli
Latente
en toda la trilogía, la ciudad más allá de
ser un simple escenario se convertirse en todo un personaje. "Marsella
más cerca del Mediterráneo que de Francia",
más cerca de ese mar al que Montale teme perder a fuerza
de verter en él todos los golpes bajos del mundo y de los
hombres, ese charco en el que resiste aferrado a su flotador.
La Marsella que duele, que se debate entre tiros y vomita su rabia
sobre sus habitantes. Pero el dolor no es solo la Marsella que
les ha tocado vivir, un juego entre mafias, en el mundo de Izzo
el dolor tiene mil caras. El dolor es ver hundirse un padre tras
la muerte de su hijo, oír llorar a un niño que espera
a su madre, que no, nunca volverá. El dolor es descubrir
la justicia, que la policía hace tiempo no practica, en
el alma de los marginados, de los habitantes de las 'cités'.
Para
el lector el dolor es descubrir que después de la maravillosa
Soleá no volveremos a ver a Montale. Siempre queda un último
recurso, la miniserie de tres capítulos rodada para la
televisión francesa bajo el título de Fabio Montale
con un, para muchos desacertado tanto física como sicológicamente,
entrado en años Alain Delon o la película Total
Khéops dirigida por Alain Bévérin que
tampoco logró alcanzar la calidad de la obra de Izzo.
BIBLIOGRAFÍA
Total Khéops/ Chourmo /Soleá
Jean
Claude Izzo
AKAL