Domingo Diciembre 10, 2006
                   
UN AUTOR
 
 
OTRAS NOTICIAS

 
 


Juan Ramón Biedma

Conspiración y delirio en la Sevilla actual


Por : David G. Panadero

Juan Ramón Biedma ha irrumpido hace poco en el panorama editorial español con dos títulos demoledores: El manuscrito de Dios, novela oscurantista de tinte anticlerical, que rápido se ha convertido en 'best seller', y El espejo del monstruo, thriller de diseño disfrazado de posmoderno folletín. Con ambas, que transcurren en una Sevilla pesadillesca, se confirma el talento de un autor que se dirige al público masivo a la vez que emplea las estrategias literarias más intrincadas.

Juan Ramón BiedmaMucho se ha hablado y escrito acerca de la pujanza de la literatura fantástica española. La narrativa en España casi siempre ha achacado la servidumbre del costumbrismo y el compromiso social, y por ello rara vez ha podido incursionar en el terreno de lo imaginario o la mera evasión; somos la reserva espiritual de Europa y ese hecho engrandece a nuestros narradores pero a la vez les ha condenado a ofrecer una obra didáctica y comprometida, viéndose así la literatura popular y de consumo masivo como fenómeno frívolo y residual, a cultivar por otros.

Con todo, en los últimos veinte años hay una serie de autores que se han abierto campo en el proceloso terreno de la literatura de género. Y lo que es más meritorio, sin renunciar a sus verdaderos nombres, sin parapetarse tras sonoros apelativos de musicalidad anglosajona, como ocurría en tiempos de Bruguera, con escritores como el bonachón Silver Kane, más conocido como Francisco González Ledesma.

Hablar de literatura fantástica en España equivale a hablar de Rafael Marín y su ejemplar Lágrimas de luz, de Rodolfo Martínez y Las huellas del poeta, de Armando Boix y El jardín de los autómatas, de León Arsenal y Máscaras de matar… Tantos y tantos autores que están ofreciendo respuestas propias a propuestas típicamente anglosajonas, pues cada uno de ellos, desde una perspectiva distinta, ofrece una visión latina de la literatura fantástica, al insertar las tramas en una idiosincrasia en la que se entremezclan las aventuras 'pulp', el fetichismo tecnológico, la fantasía heroica y muchas más derivaciones, en ejercicios de estilo depurados en los que se mima la palabra para evocar ambientes propios de la imaginación popular en geografías imposibles pero a la vez muy cercanas. Y es que bajo el Alcázar puede esconderse una biblioteca esotérica digna del más excéntrico Borges. Y la Barcelona de principios del siglo XX se puede transformar en un decorado mucho más fascinante de lo que los historiadores nos intentan hacer creer que fue.

Pero un asunto resulta sorprendente: con todo el legado histórico-artístico que poseemos en España, con el ambiente social que nos rodea y un pasado -quizás también un presente- rotundamente católico, apenas encontramos literatos que continúen la línea anticlerical propia de la novela gótica. Siempre que se habla de goticismo en la actual literatura gótica en España sale a colación la excelente Pilar Pedraza, que con relatos como los recopilados en Arcano Trece renueva y actualiza espacios y personajes típicos de la más extremista novela romántica. Otro gran cultivador del género gótico es el argentino afincado en Madrid Norberto Luis Romero, que con obras como Signos de descomposición crea espectáculos fóbicos y claustrofóbicos dotados de la ritualidad de los mejores clásicos.

Al margen de estos dos autores -y algún otro que quizás ahora no tenga en mente-, la mayoría de los cultivadores de literatura fantástica española parecen más influidos por formas de expresión como el cómic, las películas de alto presupuesto y los clásicos de la literatura fantástica del siglo XX, aunque, como es el caso de Rafael Marín y la ya mencionada Lágrimas de luz, inserten ese legado en un afán culturalista típicamente mediterráneo.

Por otro lado, en los últimos años proliferan toda suerte de títulos que incluyen la palabra "Dios" en el título, generalmente para seguir de cerca los 'thrillers' más actuales, al estilo de El silencio de los corderos. Todas estas obras tratan de ahondar en el pesimismo existencial, generalmente para alimentar la sed de esoterismo del lector actual, que se fascina ante misterios eclesiásticos, casi siempre en medio de tramas en las que abundan las referencias diletantes, todas ellas aderezadas con un falso historicismo que viene a mostrarnos aspectos ocultos y ocultistas de nuestra sociedad y sus instituciones. Pero no nos llamemos a engaño; casi todas estas obras parecen estar escritas a contrarreloj, para que sean leídas de esa misma manera. No es el caso de Juan Ramón Biedma.

Si hace cinco años tuviese que pensar en autores vivos de literatura gótica en nuestro país, indefectiblemente hubiera citado a Pilar Pedraza y Norberto Luis Romero, sin embargo ahora añado automáticamente a un tercero en discordia: Juan Ramón Biedma. Con él tenemos a un escritor de raza, conocedor tanto de los bolsilibros más imposibles como de la narrativa de los maestros rusos, que consume tanto cine de vocación espectacular como libretos de Chejov. Y en cada una de las dos novelas que ha publicado hasta ahora, El manuscrito de Dios (Ed. B, 2005) y El espejo del monstruo (Ed. B, 2006) propone sendos espectáculos tenebristas en los que convierte Sevilla en receptáculo del mal y escenario inmejorable para aventuras detectivescas condenadas al fracaso, en medio de lluvias intermitentes y noches perpetuas.

Con El manuscrito de Dios, Biedma ha conseguido parir un best seller inquietante, que desafía al lector de manera mucho más intensa que la mayoría de las actuales novelas seudo-históricas y no se acomoda en soluciones esperanzadoras, renovando el sentimiento del goticismo y la encadenación de misterios y enigmas culturales, todo ello orquestado con un castellano preciso, y una forma narrativa que resulta novedosa quizás por su clasicismo y por la sencillez y rotundidad de su planteamiento, aunque el autor enmascare su propuesta en un envoltorio escurridizo.

Amanecer Negro


El manuscrito de DiosTuve la suerte de leer El manuscrito de Dios cuando aún no era más que un manuscrito, pues faltaban meses para que Ediciones B lo lanzara al mercado -con un sorprendente y grato éxito, por cierto-. Eran los primeros meses de 2005. Juan Ramón Biedma lo había escrito hacia 2000, cuando era poco más que un treintañero, y le daba el título provisional de Luz poniente, en alusión al momento del día que más le inspira, el pesado atardecer. También aludía con ese título a la disposición de los templos católicos, que se encaminan de las tinieblas a la luz, siempre orientadas hacia Palestina, la cuna del cristianismo, en un intento de burlar la oscuridad.

Muchos lectores y aficionados nos sorprendimos de encontrar un debut literario tan satisfactorio y pleno, pues nos topamos con una obra digna de autor veterano, sólida, inquietante, que delataba miles de noches de lecturas e investigaciones esotéricas y un cuidado esmerado tanto de la trama principal como de los infinitos detalles que salpican a ésta. Costaba trabajo creer que el autor no hubiese publicado antes ninguna otra obra.
No pude evitar preguntar unas cuantas cosas a Biedma, que me respondió con humor y de manera muy directa. Respecto a sus lecturas de adolescencia, me dice, "Leía con voracidad de perturbado las novelas de los maestros ingleses, franceses y rusos del siglo XIX y las folletinescas historias de los cómics de la Marvel, que ahora en el recuerdo, son una misma cosa. Escuchaba hasta memorizarlas las canciones de la Nueva Trova Cubana, y el jazz, y el sinfónico de la época. Flipaba con los polars. Metabolizaba todo el terror y el policiaco -en formato escrito, dibujado o cinematográfico- que caía en mis manos. Buscaba puertas en las reproducciones de Salvador Dalí que llenaban las paredes de mi habitación... la lista sería interminable".

Cuando le pregunto por sus referencias culturales más personales, comenta su pasión por "las mujeres, los bares, la noche y la lluvia. Los perdedores de John Huston y Sam Peckinpah, los torturados de Graham Greene y Dostoievski, los amorales de Shakespeare y el marqués de Sade, los supervivientes de Dashiell Hammet, los iluminados de Julio Cortázar, los cínicos de Jardiel Poncela, los perdidos de Raymond Carver, los autodestructivos de Allan Poe..."
Insistiré en un punto: con solo esta novela publicada, Juan Ramón Biedma se ha consolidado como un autor de personalidad marcada, erudito y sólido, de carisma magnético y prosa afilada. No me resisto a citarme a mí mismo: sobre esta novela escribí para la revista Gigamesh, "El manuscrito de Dios es, en suma, un excelente debut del autor, a quien se le intuye tanta pasión por el cómic y el cine de serie B como por los grandes clásicos de la literatura. Está resuelta de forma espectacular y cinematográfica, a la vez que conserva un sublime y desgarrado estilo literario. No encuentro ninguna definición de esta obra mejor que la proporcionada por Paco Ignacio Taibo II: Estamos ante el resultado de un apareamiento entre Neil Gaiman y Valle-Inclán."

Monstruos a través del espejo

El espejo del monstruoEste arrollador debut literario no se había podido saldar de manera más satisfactoria; en pocos meses, El manuscrito de Dios superó los 10.000 ejemplares vendidos con creces, y en menos de un año ha conocido edición en bolsillo, que a buen seguro animará a multitud de lectores ocasionales a incursionar en las zonas más degradadas de ese Sevilla decadente.
Por suerte para los lectores, Biedma guardaba montones de ideas en el tintero, y no pasaría un año hasta que recibiésemos su nueva novela, El espejo del monstruo. Si en la anterior, el autor mostraba una técnica narrativa diríase de 'collage', llena de recovecos y laberintos, en esta ocasión apostaría por un llamativo minimalismo literario; para la nueva obra la referencia es la novela por entregas con todo su esquematismo, de capítulos escuetos, ninguno de los cuales supera las cinco páginas, siempre pendiente el autor de mantenernos en una continua incertidumbre, merced a las frases lapidarias que cierran cada entrega abriendo un nuevo enigma.

El espejo del monstruo se ambienta en una Sevilla tenuemente futurista, en la que por las calles caminan misteriosas compañías teatrales improvisando 'performances', donde los arrabales y las antiguas callejuelas, las iglesias y las naves industriales, crean un ambiente compacto y frío, en medio de lluvias interminables. El abogado Set Santiago acaba de cumplir condena por el asesinato de su propia hija, y ahora le encargan la investigación de una serie de crímenes; están apareciendo muertas una serie de personas que ostentan deformidades físicas, y son aniquiladas mediante los rituales de sacrificio de los mártires católicos. Ya ha muerto una mujer que tiene tres ojos, un hombre que tiene a otro adosado a la barriga, una ex siamesa y un hermafrodita. Para completar el reparto de esta obra de 'Grand Guignol' tenemos al policía Vendimia, un hombre de aspecto repulsivo, con su cara calcinada.

Al atractivo de las propuestas hemos de sumar el eclecticismo de la obra, donde se aúna la narración detectivesca clásica con las formas del cómic de vanguardia, el ambiente católico oscurantista -resulta fácil pensar en la película Seven- con el 'thriller' heterodoxo de diseño, todo ello ofrecido con una prosa depurada que nos incita a leer sin parar.

He aquí lo que encontrará el que lea El espejo del monstruo: "Una mujer con dos bocas, un hombre con la cabeza cónica, una mujer sin dedos, un hombre perfectamente formado de unos treinta centímetros de altura, una mujer con una oreja en la frente, un hombre con una tercera pierna atrofiada colgándole de la cintura, una mujer sin brazos, un hombre con los genitales en la cabeza, una mujer sin nariz, otra con la piel transparente, un hombre con un pulmón externo adherido a la espalda, una mujer con los dedos fusionados, un hombre con dos piernas que surgen de sus hombros y otras dos de sus ingles… Mujeres y hombres."

Benditos sean los enfermos

Al apreciar la plasticidad de su prosa no pude evitar preguntar a Biedma por su interés en otros medios de expresión además del literario, y me comenta que ya ha preparado un guión de cómic en el que va a continuar las hazañas del indigente Riven, de la novela El manuscrito de Dios. El cómic se llama Riven, la ciudad observatorio, y lo va a publicar Ediciones B. Para la editorial Dolmen ya ha avanzado un proyecto llamado Anfiteatro anatómico, en el que ahonda en uno de sus temas predilectos: la deformidad, entendida en sentido amplio.

Con Juan Ramón Biedma, pues, tenemos un escritor elegante y sórdido, divertido, enérgico, entusiasta, que al tener demasiadas cosas que contar, convierte sus novelas en ejercicios de estilo 'bigger than life', en abigarrados vergeles donde no hay lugar para un momento de descanso. Retomando las ideas apuntadas al principio de estas líneas, no puedo dejar de insistir en el lugar que ocupa Biedma dentro de la narrativa fantástica española. Al igual que muchos de sus colegas, se muestra abierto a la influencia de los medios de comunicación de masas el cómic, el cine de serie B y hasta los vídeo-juegos. Pero su gran baza es subordinar toda suerte de referencias a un 'leit motiv' puramente español: el catolicismo, con toda su fuerza iconográfica y el tenebrismo que ésta implica. Y quizás en lo cercano de estas raíces, en lo autóctono de estas propuestas, resida el secreto de su exotismo. Si bien muchos de los autores puramente góticos del siglo XVIII y XIX ambientaban sus tramas en España, Italia o Grecia, ofreciendo una imagen pintoresca de nuestro país y sus costumbres, Biedma amplía y exagera esa caricatura sin ninguna piedad, haciendo que esos severos retratos al óleo resulten curiosamente reconocibles.

Comentaba al principio de estas líneas que, si bien la literatura fantástica española vive un momento dulce, aún sobran dedos de una mano -la mano izquierda, claro- para contar a los autores puramente góticos, que además aprovechen un escenario tan propio y a la vez tan misterioso como España para hacer crecer sus ficciones. Nuestra narrativa no tiene por qué ser mera traslación de los modelos foráneos. Y con Juan Ramón Biedma tenemos al recién llegado y a uno de los más importantes dentro de los autores netamente góticos.

 

Portada - Entrevistas - Reportajes - Historia -Fichas - Críticas - Relatos
Personajes- Premios de N.P. - Cronología - Cine & Comic -
Colecciones & Publicaciones - Gangsterismo - Curiosidades - Enlaces -

© Zeki - Gijón 2001 - 2006