TIEMPO DE ALACRANES
©
Nelsson Pedraza
Precedida
del Premio una vuelta de tuerca, la novela de Bernardo Fernández
"Tiempo de Alacranes", refleja una sátira avecindada
en el humor negro, en la sordidez de una realidad mexicana vista
a través de los ojos de un matón a punto del retiro
que escucha la llamada de su conciencia. Resulta significativa
la parte inicial como vista mordida a la película de "Misión
imposible" con la autodestrucción del medio que le
lleva el mensaje de 'el Señor' (un capo recluido en un
centro carcelario de máxima seguridad) para que el protagonista
reciba su encargo.
La
trama transcurre en gran parte, en el norte de la República
(Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Sinaloa), algunas de
las zonas donde el narcotráfico tomó vías
y poblaciones para desarrollarse; aun cuando existen referencias
a otros lugares de la República y a Canadá.
"El
güero", alias del protagonista por su referencia a los
alacranes de color amarillo tan frecuentes en la zona limítrofe
de Coahuila y Durango donde nació, denotó desde
muy pequeño su mala sangre. En el ejército esa propensión
a la violencia será redescubierta por un general que se
convertirá en su tutor y protector y lo inicia en el arriesgado
oficio de asesino a sueldo cuando deja las filas de la milicia.
Sin ningún rito mágico, el Güero, antes de
"un encargo" sólo desmonta y limpia concienzudamente
su arma, regalo de su antiguo mentor, para a continuación
apuntar a cualquier blanco que "
seguía durante
algunos segundos antes de decir '¡Pum!' e imagina como caería
si le hubiera disparado
", un sujeto que nunca sabría
lo cerca que había estado de la muerte.
La
novela, base de un enredo, vincula a múltiples personajes,
dos hijos de narcotraficantes estudiando en Canadá, un
irlandés agresivo en quien se ve reflejado el Güero,
un jefe de cartel, dos matones con poca suerte: Tamés y
el Gordo, similares a una pareja tragicómica, un compadre
borracho, una mujer desatendida y otras figuras secundarias que
logran la excelente trama de esta novela corta.
Bernardo
Fernández consigue convertir la figura del matón,
fácilmente identificable en la realidad social mexicana,
en un antihéroe alejado del tradicional esteriotipo del
detective o policía con ambigüedad moral. Su ubicación
en momentos y circunstancias desafortunadas sirven de hilo conductor
hacía el que la mayoría de personajes convergen
para un desenlace sorpresivo.
La
novela refleja una característica del género negro
latinoamericano, pues además de la historia pondera el
contexto en el que se desenvuelve, esto es, un entorno temporal
mexicano del que, nunca mejor dicho, se apoderaron los alacranes.
Tiempo de alacranes
Bernardo Fernández
MORTRIZ
Agosto
2006