CRIMEN


 

 

 

Jack The Ripper, o el Destripador

 

JULIO TRABANCO

El crimen, sin duda el acto más terrible y despreciable que hayan podido llegar a cometer los de nuestra especie, el más cruel de los daños que uno le puede infligir a un semejante, puesto que conscientemente se le roba la vida, borrándolo para siempre de la faz de la Tierra, arrebatándole no sólo todo lo que tenía, sino todo lo que podría haber llegado a tener (sus pertenencias y sus sueños), adquiere paradójicamente, en el seno mismo de su intrínseca perversidad el halo de la más absoluta fascinación, y entonces de la misma forma que nos provoca censura y rechazo, nos cautiva y hechiza; porque cuando el mal absoluto se presenta en toda su plenitud, sin máscara ni hipocresía, sólo vestido de infierno y tinieblas, nuestros pilares morales se tambalean, y un hilo de empatía emerge directamente de nuestra conciencia hasta las terminales homicidas del asesino.

Y quería yo empezar el recorrido por esta galería de monstruos ilustres de la mano del legendario Jacki, más conocido popularmente como Jack The Ripper, o el Destripador. Y no es que falten en la historia de la criminología moderna, ejemplares de mucho cuidado, degenerados y psicópatas cuyo currículum sangriento, supera con creces al de nuestro protagonista. Pero, en cambio, mientras la casi totalidad de los psichokillers contemporáneos apenas ha dejado huella en el imaginario colectivo, el asesino de Whitechapel,sigue siendo en la actualidad (aun habiendo pasado más de un siglo desde aquel macabro otoño de 1888) motivo de 'culto', y fuente de inspiración para biógrafos, investigadores del ramo criminológico, novelistas y cineastas en general (véase la reciente From Hell, - Desde el Infierno -, de Albert y Allen Hughes. Altamente recomendable para los aficionados al thriller y los/ las fans de Johny Depp en general). Y podría alguno preguntarse, ¿cuál ha sido la clave del éxito de este hombre?, ¿qué le ha mantenido en el candelero durante todo este tiempo?, ¿qué tiene de especial hasta el punto de que ningún otro asesino ha conseguido desbancarle de lo más alto del podio? . Las respuestas podrían llevarnos varias páginas, y nunca habríamos hecho más que empezar a desembrollar la madeja. Sin embargo, me gustaría apuntar al menos dos aspectos que me parecen fundamentales para llegar a entender la dimensión mítica del personaje.

1. Jack el Destripador es el pionero de un nuevo tipo de criminal, es el punto de partida de la criminología moderna a la hora de abordar el fenómeno del asesinato en serie (puede que no sea el primer psicópata sexual de la historia, pero sí el primer punto de referencia). Su aparición cambió el rostro del crimen. Y el que crea una escuela, siempre será más recordado que sus discípulos, aunque éstos lo superen muchas veces. Porque nunca hasta entonces se había emprendido una investigación y movilización policial de aquellas magnitudes (más de 250 agentes), ni un solo criminal había osado desafiar a las fuerzas de la ley, y a la prensa hasta extremos de dejar mensajes irónicos y burlescos (el más frecuente: Yours Trully, Jack The Ripper*), ni nunca antes la amenaza de un solo hombre había conseguido generar un pánico colectivo de las dimensiones de la misma Londres.

Cuando una sociedad empieza a parir este tipo de demonios, lo sobrecogedor ya no es tanto la desaforada brutalidad del asesinato en si, como el hecho de aceptar que el único móvil que lleva a estos sujetos a cometer sus orgías de sangre y muerte es en realidad ninguno, a no ser sus propias motivaciones internas, sus ansias de matar por el placer de matar (¡¡¡matar como un fin en sí mismo!!!); porque una vez llegados a este punto ya sólo nos queda aceptar que el hombre es el único ser de la creación capaz de llevar la crueldad hasta los últimos extremos imaginables. Y ése fue en realidad el mensaje que Jack el Destripador nos dejó en su 'obra'.

Jack nos dejó su 'obra', escrita a mano con cuchillo de gran hoja afilada, fragmentada en cinco partes, entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888, en el londinense barrio obrero de Whitechapel. Las cinco eran prostitutas: Mary Ann Nichols, Annie Chapman. Elizabeth Stride,Catharine Edowes y Mary Kelly. Todas ellas fueron degolladas, mutiladas, y vaciadas de sus entrañas con un ensañamiento tal que estremeció incluso a los más duros sabuesos de Scotalnd Yard, que juraban no haber visto nunca nada igual.

2. La verdadera identidad de Jack el Destripador sigue siendo un misterio (y es precisamente cuando menos datos tenemos de una vida, cuando más se impone la leyenda). Llegó, mató y desapareció de la misma forma, silenciosa y misteriosa con la que había aparecido, como si se lo hubiera tragado la niebla londinense. A partir de aquí y hasta nuestros días este vacío ha sido plato más que apetitoso para multitud de criminólogos e investigadores, que han concentrado sus esfuerzos en averiguar por todos los medios (aunque en vano) quién era realmente este personaje, que aterrorizó a toda una gran urbe, y tuvo en jaque al que por entonces era considerado el cuerpo de policía más eficiente del mundo, y arrojar así un poco de luz en un misterio que mucho me temo, se nos antoja irresoluble. Eso sí, las teorías son de lo más variopintas y hay para todos los gustos: desde espía alemán enviado por el káiser para sembrar el pánico entre los ingleses (William Le Queux)**, nigromante haciendo sacrificios humanos para una oscura secta (Aleister Crowley), médico enloquecido por haber perdido a un hijo víctima de una sífilis contagiada por una prostituta, hasta el mismísimo Edward, Duque de Clarence, nieto de la reina Victoria y heredero de la corona. Que cada uno se quede con la que más le guste. No podemos olvidar que en 1992 fue descubierto en Liverpool el manuscrito del supuesto Diario de Jack el Destripador, cuya autenticidad aún está lejos de ser corroborada (si esto sucediera algún día, nuestro asesino sería James Maybrick, rico comerciante de algodón inglés, quien curiosamente a su vez ya había entrado por derecho propio en los archivos de la criminología al haber sido asesinado por su propia esposa, Elizabeth Mybrick, cuyo juicio fue uno de los procesos más sonados de la época. Aunque ésta ya es una historia para otro día).

Curiosamente, la mayoría de estas hipótesis, dentro de su disparidad, vienen a coincidir en un punto, que no podemos dejar pasar por alto: el Destripador, fuera quien fuera, pertenecería a las clases acomodadas de la sociedad victoriana de entonces, y es dentro de ese ámbito de altas esferas donde habría que rastrear cualquier indicio o pista; algo que nunca hubieran admitido la aristocracia, nobleza y burguesía londinenses de finales del XIX, quienes hubieran encontrado inadmisible que un monstruo despiadado de aquellas características pudiera pertenecer a sus filas. Ni siquiera Scotland Yard dirigió sus investigaciones hacia arriba, limitando su campo de acción al submundo marginal y barriobajero de la ciudad, dando por hecho que el monopolio del crimen y el mal, en general, sólo podía pertenecer a los pobres. Mundo hipócrita.

 

 

 







El callejón donde se encontrarón algunas de las victimas






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