CRÍTICAS


 


 



Michael Connelly

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Ficha

CIUDAD DE HUESOS.

Ricardo Bosque

Michael Connelly es a la novela policiaca lo que Cruz Verde a las cucarachas: eficacia probada.

Y es que Connelly conoce a la perfección cuales son los ingredientes necesarios y suficientes para cocinar una novela sabrosa. Y, por supuesto, las cantidades que debe utilizar de cada uno de ellos: un generoso chorro de intriga permanentemente sostenida, una cucharada de desencanto por la labor del policía, unas gotas de relaciones personales difíciles (casi imposibles cuando se trata de amores presentes o pasados), una porción de instinto policial sazonada con avanzada tecnología forense y criminal, un puñado de autojusticia y un toque final de búsqueda de la verdad independientemente de lo que al final puedan decidir los tribunales.

Lo que consigue así son aciertos plenos, novelas que nunca defraudan, historias en las que el final de cada página te anima a continuar leyendo, incluso a hacer trampas y pasar varias hojas por aquello de intentar anticipar un desenlace que esperas con impaciencia. Y sigues leyendo aunque eso suponga dejar de lado otras actividades que, a tu juicio, pueden esperar para después: sacar al perro, preparar algo de cena, prestar atención a un hijo que -cada vez con mayor insistencia- te pide que juegues con él a la Play… "Ciudad de huesos" no es una excepción. Desde el primer momento (la tercera página concretamente) sabes que vas a enfrentarte a una historia sórdida, en la que muchos implicados tendrán algo que ocultar y en la que el desenlace que le supones -por lo evidente que parece- no será el que el autor ha decidido.

Todo comienza con el hallazgo de un hueso en una zona residencial de Los Angeles. Pertenece a un niño de diez o doce años muerto y enterrado un par de décadas atrás. El resto del esqueleto cuenta una historia de malos tratos que se prolongó durante toda la vida del muchacho y que Harry Bosch, detective de Homicidios de Hollywood, deberá reconstruir para encontrar al causante de su muerte. Porque detrás de un niño maltratado casi siempre hay unos padres violentos. Casi siempre. O una familia desestructurada, por utilizar una denominación actual. O unos amigos poco recomendables.

Y la investigación acercará a Bosch a un terreno que él conoce bien por haberlo recorrido en su momento y que no tiene demasiado interés en revivir: el de su dura infancia, con un cierto paralelismo a la de la víctima del caso que debe resolver.

Como curiosidad, una nota del autor que cierra la novela y que se refiere al hallazgo real en 1914 en los pozos de alquitrán de La Brea, Los Ángeles, de los huesos de una mujer víctima de homicidio. Los huesos tenían una antigüedad de nueve mil años, lo que convertían a la mujer en la primera víctima de homicidio del lugar que hoy conocemos como Los Ángeles.

CIUDAD DE HUESOS.
Michael Connelly.

Ediciones B (colección La Trama).

Octubre de 2003

 

OTRA CRÍTICA...

CIUDAD DE HUESOS

Jesús Lens Espinosa de los Monteros
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Dedicado a Ricardo Bosque, que la leyó primero y la captó mejor.

¿Se acuerdan de los chicos listos, los good fellas, de Scorsese? Pues Michael Conelly, el autor de "Ciudad de huesos" y padre literario de Harry Bosch y Terry Mc Caleb es un tipo listo. Hoy por hoy, y con permiso de James Ellroy, es el más listo de la clase. Porque sus novelas son un perfecto mecanismo de precisión, unos puzzles geniales en los que todas las piezas terminan encajando a la perfección.

Pero como tal puzzle, una vez terminado, enmarcado y colgado de la pared… deja a la vista las nervaduras de cada pieza que lo componen y el efecto que provoca es más de póster que de cuadro; más de copia corriente que de hermosa reproducción. Por ejemplo, Conelly juega a la perfección con la memoria visual del lector y, así, cuando describe cómo la policía llega al lugar de un crimen y monta todo el dispositivo de cercado y búsqueda de restos y pruebas; cuando cuenta cómo llega el forense y se pone los guantes de látex en las manos, sabe que el lector ha visto decenas de veces esas imágenes en el cine. Por tanto, no necesita esmerarse en la descripción. El lector y el autor saben de qué está hablando sin necesidad de grandes alardes Y, lo que no necesita en absoluto, desde luego, es ser original.

Conelly, como los eficientes músicos de estudio, maneja los estándares como un maestro. Imagina una trama, estudia cada aspecto de la misma, lo confronta científicamente con cuantos especialistas sea necesario e hilvana una historia compacta y sin fisuras, que se lee casi de un tirón… pero que no emociona. En términos jazzísticos podríamos decir que si el perro rabioso de Ellroy es al policial lo que Charlie Parker a la música; Conelly es a la literatura negra lo que Marsalis al saxo: un correcto ejecutor, perfecto depositario de la mejor tradición escolástica, capaz de emitir el sonido más sólido e impecable del mundo… pero carente del genio salvaje de un Bird o un Coltrane.

Dicho lo cual y releído cuidadosamente, sin desdecirme un ápice, insistiré en que "Ciudad de huesos" es una buena novela, mantendré que he disfrutado leyéndola y la recomendaré vivamente, sin escrúpulos o remordimientos de ningún tipo, a todos los aficionados a la literatura, sea del color que sea. Como dijera un personaje de Nani Moretti, me juego un huevo, los dos no, pero uno sí, a que la novela no decepcionará al lector. Quizá se quede con hambre de un buen solo demencialmente improvisado, pero nada de decepciones.

Quizá haya sido mala suerte el haber leído "Ciudad de huesos" justo después de "Cosa fácil", de Paco Ignacio Taibo II, una de esas novelas verdaderamente geniales, protagonizada por personajes de carne, hueso, vísceras y mucosidades, una de esas novelas que parece escrita en una larga noche de insomnio en la que la creatividad y los sentimientos están a flor de piel. Belascoarán, el Cuervo Valdivia, el alcantarillero, el tapicero, etc. rezuman una inequívoca e íntima sensación de estar rabiosamente vivos; esa misma sensación que la agente Brasher, por mucho que se pasara la vida buceando entre grandes tiburones blancos o subiendo hasta lo más alto de un volcán en erupción, jamás fue capaz de transmitir.

Hoy por hoy, a qué negarnos, el Polar del Sur, aunque se publique en ediciones de tapa blanda y con diseños de portada infinitamente menos atractivos que los blockbusters americanos, está muy por encima de estos. Digámoslo sin rubor: en el DF, en la Patagonia, en Ciudad Juárez, en Buenos Aires y en Bogotá hay más vida y ésta es más turbulenta que en cualquier ciudad de los EE.UU, incluyendo a Nueva York y Los Ángeles. En Sudamérica se mata mejor.

CIUDAD DE HUESOS
Michael Conelly

Ediciones: B

Diciembre de 2003

LA RUBIA DE HORMIGÓN

 

Jokin Ibáñez

Hace ya un montón de años (¡cómo va pasando el tiempo!), un montón como siete, me encontré en la librería, guiñándome el ojo, a una pareja de libros de bolsillo en cuyas portadas predominaba el negro. Y en el título también: El eco negro y Hielo negro. Bajo el primero una indicación: Premio Edgar 1993. Y en letras pequeñas el nombre de un autor desconocido: Michael Connelly. Su lectura hizo que me enamorara perdidamente de Connelly y de su personaje, Harry Bosch. Posteriormente salieron otras novelas, ya con tapa dura, el título en pequeño y el nombre del autor a tamaño grande. Connelly había triunfado, se había ganado al público lector. Pero había un par de lunares, negros también. Sus tercera y cuarta novelas no estaban publicadas en castellano.

Y por fin aparece La rubia de hormigón (The Concrete Blonde) y se promete para el próximo año la traducción de The Last Coyote. Pero la editorial hace trampa, nos dice que La rubia de hormigón permaneció inédita, pareciendo decir que debido a causas extrañas y ajenas. Sin comentarios...

Pero no nos pongamos de mala leche y disfrutemos, que ha venido desde lejanas tierras un Harry Bosch perdido y al que echábamos en falta. Cronológicamente, La rubia de hormigón es la tercera novela de la serie y recoge a Harry Bosch allí donde lo dejó Hielo negro, con Sylvia Moore. El libro comienza con un prólogo, donde se narra la muerte a manos de Bosch, de un presunto asesino en serie, cuatro años antes de la acción de la novela. Y ésta conjuga una triple trama. Primero, un juicio. Segundo, una investigación. Tercero, la vida privada del protagonista. Las tres muy bien hilvanadas y conjuntadas, dándose paso sin interrupción capítulo a capítulo.


Primero: el juicio
Los herederos de Norman Church, el asesino en serie abatido por Bosch en el prólogo del libro, han demandado a éste por uso excesivo de la fuerza y la vista se produce cuatro años después de la muerte. La abogada de las demandantes, viuda e hijas, es una estrella judicial, famosa por su especialidad: casos de abusos policiales. Dura, inteligente, le da mil vueltas al abogado de Bosch. Harry siente una extraña atracción hacia ella. En las pausas del juicio, ambos, Harry y la abogada Honey Chandler, se encuentran ¿sin quererlo? junto a la estatua de la Justicia situada ante el palacio donde se desarrolla el juicio para echar un cigarrillo. A veces hablan, otras veces se miran, y se desean mutuamente suerte para el mismo caso.


Segundo: la investigación
Durante el juicio, aparecen nuevos anónimos firmados por el Fabricante de Muñecas, el asesino en serie muerto por Harry Bosch, y por el que se le está juzgando. El muerto tiene un acoartada perfecta. Bosch se encuentra perdido, ya que tiene que empezar de nuevo la investigación, reconociendo un equívoco de hace cuatro años.


Tercero: la vida privada
Harry Bosch siempre ha sido un solitario. Desde que le conocimos, hemos hido desgranando, a cuentagotas, los principales rasgos de su vida: hijo de prostituta asesinada, niño entregado a distintos padres adoptivos, los cuales no terminaban de quedar contentos con la criatura, rata de túnel en Vietnam, atento escucha de música de jazz, hombre enamorado de la ciudad de Los Ángeles y portador de un raro nombre Hyeronimus Bosch. Datos todos que vuelven a aparecer en el desarrollo de la novela, influyendo en la historia y mezclándose en ella.


Desenlace: Michael Connelly
Es el cocinero. El padre de la criatura. Y toma todos estos ingredientes, mezclándolos de forma muy adecuada. Con un ritmo narrativo, saltando de una parte a otra de la historia, muy conseguido. La psicología del personaje, con esos antecedentes, no es extraño que sea complicada, siendo además un héroe moderno (se le califica como el verdadero heredero de Philip Marlowe: parece ser que en su nuevas novelas, una vez fuera de la policía, el relato viene en primera persona, acercándose más al personaje de Chandler), y una persona más o menos normal, tiene que ser íntegro en una ciudad caótica, con multitud de cruces de vidas y personas.
Para finalizar, una recomendación: corran a comprar la novela. Ya verán que no defrauda. Yo no pude interrumpir su lectura. Ha tardado en llegar, bienvenida sea.

LA RUBIA DE HORMIGÓN
Michael Connelly.

Ediciones B.

Noviembre 2004


El Marlowe del siglo XXI

Karmelo C. Iribarren

Los años ochenta no fueron buenos para la novela negra norteamericana. El abandono del género (por agotamiento en unos casos, por la llamada del cine en otros) de escritores tan consolidados como Joe Gores, John Godey, Michael Collins, John Lutz o James Crumley, llevó a algún crítico a vaticinar, no sin cierto entusiasmo, la inminente y definitiva muerte de este tipo de literatura. Una década después, sin embargo, las novelas de Michael Connelly, Dennis Lehane, Donna Leon o George Pelecanos, entre otros, más que de una defunción nos hablaban de un auténtico resurgimiento. De entre los autores citados (sin despreciar a ninguno, por supuesto) quizás sea Michael Connelly el que mejor a conectado con el gran público.

Nacido y educado en Filadelfia, Connelly lo tuvo claro desde muy joven, quería ser escritor de novelas policíacas, y quería serlo además a la manera de los grandes: Chandler, Macdonald.... Emigrado para tal fin a Los Ángeles, donde alternó su trabajo de escritor con el de reportero de sucesos (trabajo este último que le sirvió para dar con el personaje que buscaba "alguien con el carisma de los detectives de siempre, pero verosímil en el mundo de hoy"), en 1992 publicó El eco negro. La novela estaba protagonizada por Harry Bosch, un detective de homicidios con un sólido y particular sentido de la ética (esto es, en la estela de las caracterizaciones clásicas), cuyo pasado, o más concretamente su niñez, era un claro homenaje al también escritor de policíacos James Ellroy. Hielo negro, al año siguiente, no hizo sino confirmar las expectativas creadas, y su tercera novela, La rubia de hormigón (he dicho bien, tercera, aunque la última traducida al español, los editores sabrán por qué), elevó a Connelly al parnaso de los grandes autores de novela negra. Para este año está anunciada la publicación de El último coyote, cuarta de la serie y la única que todavía no ha sido traducida.

La rubia de hormigón empieza donde terminaba Hielo negro, con un Harry Bosch enamorado de la viuda de Calexico Moore, un viejo colega de cuyo caso se ocupó entonces. Pero esto pertenece a lo personal. En lo profesional las cosas no pintarán tan bien para Bosch, que tendrá que enfrentarse a un juicio interpuesto por la familia de Norman Church, a quien el detective mató tiempo atrás creyendo que se trataba de El asesino de muñecas, un serial killer que ha sembrado el pánico entre las prostitutas de la ciudad. El hecho de que la madre de Bosch fuese prostituta y muriese también asesinada será la carta que jugará la acusación para hablar de la venganza como móvil.

Conforme avance el juicio, la credibilidad de la versión de los hechos dada por Bosch se irá tambaleando, y la tensión acumulada hará que su vida (tanto en lo personal como en lo profesional), esté a punto de saltar en pedazos. La situación llegará a ser tan insostenible, que Harry incluso se preguntará cómo sería su vida fuera del departamento, trabajando sin placa, como Marlowe. Las últimas noticias apuntan a que algo así ha sucedido. En las próximas novelas (las que vayan apareciendo aquí después de El último coyote, pero que por orden cronológico de escritura van detrás de Ciudad de huesos) Harry Bosch, fuera ya de la policía, se ganará la vida como detective privado, resolviendo por su cuenta viejos casos que en su día quedaron sin cerrar. Se veía venir. Como recordará el lector, Ciudad de huesos terminaba con un Bosch más que decepcionado asqueado de su trabajo, de las normas y las hipócritas convenciones del mismo, de que siempre primase el buen nombre de unos cuantos, aun al precio de la verdad. Pero no adelantemos acontecimientos, todo eso ya llegará. De momento aquí tenemos La rubia de Hormigón, otro subyugante caso de Harry Bosch, otra magnífica novela de Michael Connelly.


La rubia de hormigón
Michael Connelly

Ed. B

 

DEUDA DE SANGRE


Jesús Carlos Lens Espinosa de los Monteros.


El otro día tuve una pequeña discusión doméstica a cuenta de poner la mesa para la comida. Y es que la gente normal no entiende que, cuando un adicto a la novela negra está inmerso en alguna de esas historias de crímenes, asesinatos, extorsiones y bajos fondos (o altos, depende); que tanto le fascinan, el tiempo se detiene y ni el hambre más canina puede hacer que deje un capítulo a medias.

Allí estaba yo, uno de esos mordidos por la maltratada literatura policíaca, tumbado en el sofá, a punto de que el ex - agente del FBI Terry McCable iniciara su interrogatorio al único testigo de la muerte de Cordell, cuando surgió la pregunta:
-¿Es que no puedes dejar un rato ese libro y poner la mesa?

Intenté explicar por qué no podía soltar Deuda de Sangre. Su autor, Michael Connelly, conoce como pocos tanto los resortes de la novela negra como los resortes de una auténtica investigación policial. Nacido en Filadelfia, periodista y lector voraz y compulsivo de polars, como llaman los franceses a esta literatura, se trasladó a vivir a la ciudad de Los Angeles, de la que estaba literariamente enamorado. Tras completar sus estudios de periodismo, trabajó en la sección de Sucesos para Los Angeles Times durante más diez años y pudo aprender a la perfección los métodos y sistemas del trabajo policial.

Por tanto, cuando, con cerca de diez novelas en su curriculum, Connelly escribe Deuda de Sangre, estamos ya ante un autor curtido, experimentado y multipremiado, que sabe cómo atrapar al lector y, sin necesidad de persecuciones, disparos o golpes de efecto gratuitos, mentenerlo anclado al sofá. McCable es un agente prematuramente retirado del FBI, que ha pasado toda su carrera lidiando con brutales asesinos en serie, y cuyo corazón no pudo soportar tanta exposición al horror. Necesitado de un trasplante, su ocasión llega cuando una mujer es asesinada en un atraco. Meses después de la delicada operación, la hermana de la donante se pone en contacto con McCable y le ruega que, ya que su hermana le ha dado una segunda oportunidad, intente él encontrar al asesino. Y justo cuando nuestro hombre, con grave riesgo para su vida, al someter a su nuevo corazón a unos esfuerzos excesivos, va a interrogar al único testigo, hay que poner la mesa.

Mis argumentos no fueron todo lo convincentes que me hubiera gustado y, posponiendo el interrogatorio, me las vi con los vasos y tenedores. Ahora bien, sólo fue una batalla. Porque la guerra la gané esa misma noche, cuando, tras la cena tardía de un sábado noche, dije:

- No tengo mucho sueño. Voy a leer un rato a ver si así consigo hacer ganas de dormir.

Y las luces del amanecer me sorprendieron cerrando el libro, con una sonrisa de satisfacción por haber conseguido desentrañar un crimen tan complicado. ¿O era un rictus de tristeza por que, como tantas otras veces, no se consiguió averiguar nada? Leed el libro y lo sabréis. Otra posibilidad es esperar unos meses y ver en el cine la adaptación que ha rodado el gran Clint Eastwood. Pero no es lo mismo, el placer de la lectura es insuperable.

DEUDA DE SANGRE
(Blood Work) 1998
© Michael Connelly
Ediciones B -
2002
Traducción: Javier Guerrero

MÁS OSCURO QUE LA NOCHE

Jokin Ibáñez


La nueva novela de Michael Connelly publicada entre nosotros, Más oscuro que la noche, se desarrolla tres años después que la acción de Deuda de sangre. El protagonista de esta última, Terry McCaleb, tiene ahora una familia. Se ha casado con Graciela, han tenido una hija y adoptado a Raymond, hijo de la donante del corazón de Terry y sobrino de su mujer.

La fama de Terry como estudioso y realizador de perfiles de personalidad para el FBI le persigue. Cuando aparece un crimen con todas las características de un asesino en serie, el departamento de policía le pide ayuda. El asesinado es un antiguo implicado en la muerte de una prostituta, y fue detenido por Harry Bosch. Se le dejó marchar por falta de pruebas, pero Bosch siguió tras él.

En la novela se entrecruzan dos historias: un posible serial killer (tiene todas las características), estudiado y analizado por McCaleb, y un crimen investigado por homicidios, que se halla actualmente en juicio y que ha llevado Harry Bosch.

Bosch y McCaleb se conocieron hace años. La policía que demanda ayuda a McCaleb, Jaye Winston, también conoce a Bosch y relata a Terry una investigación en la que coincidió con Harry, en la que éste desenmascara al culpable de una forma determinada (una influencia de Terry McCaleb y éste sonríe abiertamente al escucharla). En la novela se recuerda la colaboración de McCaleb en la investigación del caso de El poeta, primera novela de Connelly en la que no aparece Bosch. Éste también cita a conocidos suyos que intervinieron en esta investigación. Y aparecen, también, otros personajes de otras novelas anteriores.

Michael Connelly ha creado, en una serie de obras, su propio mundo policial en la ciudad de Los Ángeles, y ahora comienzan a relacionarse entre sí un conjunto de gentes, aparecidas en dichas novelas. En el mundo duro de una ciudad como L.A. hay crímenes "normales" (si puede calificarse como normal un asesinato) y crímenes de personas desquiciadas, que enfrentan sus fantasmas con la sociedad. Michael Connelly, en una postura que me gusta, desarrolla estas dos tendencias, pero con distintos protagonistas. El ex miembro del FBI analiza cosas "raras", mientras que el detective de homicidios persigue esos asesinatos rutinarios. Ambos casos se engarzan e integran perfectamente.

La relación de los personajes principales, McCaleb y Bosch, es de admiración mutua. Aunque se contrasta la vida familiar de uno, con la vida atormentada de otro (la descripción de los cuadros del pintor Hyeronimus Bosch es antológica, aunque un poco aislada posteriormente en la narración), ambos son parejos. Son conscientes que se encuentran en una sociedad podrida, intentando cada uno mantener su integridad, pero realizando el trabajo para el que se consideran idóneos (son ángeles vengadores) y, para ello no dudan en echar las redes que consideran apropiadas. Michael Connelly lleva la historia a un enfrentamiento final, quizá corto, de ambas personalidades con acusaciones mutuas, creyendo cada uno que él mismo ha hecho todo perfecto, justificándose interiormente.

Parece que este choque acaba con la relación de estos personajes. Sé que hay más libros de la serie de Harry Bosch y el futuro dirá cómo Michael Connelly hace evolucionar la ciudad de Los Ángeles.

 

MÁS OSCURO QUE LA NOCHE
(A DARKNESS MORE THAN NIGHT)
©MICHAEL CONNELLY. 2001
Ediciones B. 2003

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