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Lorenzo Silva

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Entrevista

 

DONCELLAS

 

Jesús C. Lens
Muchas veces, cuando uno lee un libro, por mor de la descripción que el autor hace de alguno de los personajes, incluso a pesar de dicha descripción, el lector se forma una idea de cómo ha de ser físicamente ese personaje. Leyendo "Deuda de sangre", por ejemplo, era evidente que Mc Cable tenía que tener los rasgos de un Clint Eastwood que ya había rodado la adaptación cinematográfica de la novela de Connelly.

Es muy habitual, para los que nos hemos criado en esta cultura de la imagen, del cine y de la televisión, poner caras de actores y actrices a los personajes de los libros y las novelas que vas leyendo.

Y, sin embargo, resulta que cuando, liado con "La niebla y la doncella", la última y estupenda novela del ganador del premio Nadal, Lorenzo Silva, al personaje de la agente de la guardia civil Chamorro no le ponía yo los rasgos de ninguna Jodie Foster o Sigourney Weaver sino que en mi imaginación, Virginia Chamorro era mi amiga Mónica. Al principio pensé que era lógico. Total, Mónica es la única guardia civil que conozco. Pero a medida que avanzaba en la lectura me daba cuenta de que había algo más: Virginia y Mónica tenían mucho en común. Experiencias similares, formas de expresión parecidas y una mentalidad, aún con algunas diferencias de criterio puntuales, casi idéntica.

Entonces comprendí por qué me estaba gustando tanto "La niebla y la doncella". Porque los personajes son muy normales. Hacen las cosas que todos hacemos todos los días: se levantan, desayunan rico y se cabrean si el café está aguado, van al tajo, buscan un hueco agradable para comer bien y a gusto sin que la cartera se resienta en exceso, siguen con el curro, se toman unas tapas para cenar y, prudentemente, se acuestan no muy tarde. De vez en cuando cae una copa de más, un baile, se echa una canita al aire... ¿O es que está escrito que un guardia civil haya de ser algo diferente a eso, a una persona normal? "Intento cargarme los tópicos en general, pero muy especialmente los que atañen a la guardia civil", dice Lorenzo Silva. Y lo consigue. Ahí está el gran mérito de las tres novelas protagonizadas por Bevilacqua y Chamorro, en hacer que la guardia civil nos resulte cercana y accesible, en mostrar cómo la homosexualidad, la corrupción o la militarización del cuerpo son temas candentes que se debaten de forma habitual entre los implicados, con diversos puntos de vista y opiniones dispares, con vehemencia unas veces y, las más, relajadamente.

Y, claro, la trama. Una trama negra, bien urdida y desarrollada de la que no conviene desvelar ni una sencilla pincelada para no influir en el lector. Un marco poco habitual en la literatura policíaca: las afortunadas Islas Canarias, sobre todo La Gomera, con su paisaje arrebatador, su laurisilva y sus peculiares habitantes. Y un autor, Lorenzo Silva, prolífico, polifacético, valiente, comprometido y accesible, muy accesible. Para comprobarlo sólo hay que darse una vuelta por su página web, www.lorenzosilva.com. Además de las tres aventuras de Vila y Virginia, Silva se ha atrevido con la siempre difícil literatura juvenil, con un experimento de novela compartida entre autor y lectores a través de internet, con la sección de cartas de un suplemento dominical, con la guerra de Africa, con la literatura de viajes y hasta con la adaptación cinematográfica de su impresionante novela "En nombre de los nuestros", un excitante y prometedor proyecto en que están mezclados, además de Silva como guionista, el director andaluz Benito Zambrano y la actriz Silvia Munt.

Para finalizar, un consejo: si tienes mucho trabajo en la oficina, no te enredes ni con "La niebla y la doncella " ni con ninguna de las dos anteriores novelas de la serie Vila - Chamorro: "El lejano país de los estanques" y "El alquimista impaciente" porque no sólo vas a dormir poco por la noche sino que, en cuanto dé la hora de salir, vas a irte a casa a toda velocidad. El echar un rato más de trabajo queda descartado hasta que los guardias civiles consigan resolver el caso que tengan en ese momento entre manos.


"La niebla y la doncella"
© Lorenzo Silva
Editorial Destino

 


La reina sin espejo


© Zeki


La reina sin espejo  Lorenzo SilvaBevilacqua picoleto y soltero, psicólogo renegado y demasiado correcto políticamente hablando, ha entrado en esa crisis (¿de la mano de su autor?) en la que piensas que el camino a tus espaldas es ya más largo que el que te queda por delante, y que en esa andadura nada de especialmente trascendental te ha ocurrido y las probabilidades de que eso pueda ocurrir en un futuro se ven muy remotas. La consabida crisis de los cuarenta. En cualquier caso, ese vague a l'âme - que dicen los franchutes - recorre las paginas de La reina sin espejo, como una corriente pesimista y melancólica que consigue arrastrar a Bevilacqua, por un corto espacio de tiempo, ante la delantera de un escaparate donde puede vislumbrar la silueta de un amor perdido. Allí impotente y desamparado en el lapso de tres renglones Bevilacqua se nos hace más humano.

Una famosa presentadora de la televisión, ha sido asesinada. Ese crimen llevara al dúo de guardias civiles Bevilacqua y la cabo Chamorro hasta Barcelona. Una ciudad donde al parecer el sargento ya residió con anterioridad, durante tres años. Una etapa que nos desvela un pasado de fracaso amoroso. El amor bajo múltiples formas planea por esta historia y es el nexo de los acontecimientos. El amor y sexo que la victima usaba sin prejuicios en el seno de un matrimonio que otorga a esos asuntos la importancia que en una pareja "bien avenida" suele tener, cuando la llama de la atracción sexual languidece. Claro que la posición social y la condición de intelectuales progresistas de ambos cónyuges ayudan mucho a mantener esa postura tan liberal. Aunque lo que en realidad se desprende del comportamiento aparentemente frívolo de Neus Barutell - la presentadora - es un profundo desgaste sentimental con ribetes suicidas.

Aquí, una vez más, como no, Villa es un prodigo de lo políticamente correcto, confieso que es un rasgo de su personalidad que me irrita, pero por otro lado es un rasgo que le hace original. Pocos protagonistas de novelas policiales hay, que sean tan correctos o correctos a secas, cuando se trata de asuntos espinosos que tocan a las vicisitudes de nuestro territorio y que en la dura realidad tienen la capacidad de encresparnos los ánimos a los de a pie. Tratándose de un guardia civil: "todo por la Patria", convendrán que nos ha salido atípico cuando menos en esta novela, donde el benemérito cuerpo debe efectuar un repliegue estratégico político, para dejar el sitio a los Mossos D'Esquadra. Él sin embargo, aprovecha para dar un repaso a sus lecturas catalanas, ejemplo de moderación y saber estar. Más que un picoleto Bevilacqua parece un gentleman, menos mal que está la cabo Chamorro para ponerle sal al asunto. Virgi como la llama su colega y superior lleva en esta novela gran peso de la investigación. Demuestra soltura y picardía en el manejo del ordenador circulando por la red y los chats como una adicta y no se achica cuando hay que interrogar a un sospechoso... y tampoco...demuestra el mismo entusiasmo democrático, ante según que asuntos, que su compañero aunque bien es cierto que sus rebeliones son de una tibieza propia de quien debe cumplir ordenes y ha hecho de ello su modo de vida.

Una vez más y en cada ocasión con mejor oficio, Lorenzo Silva nos adentra en los mecanismos de investigación de la Guardia Civil, demostrando un conocimiento meticuloso de los mismos. La parte sicológica, en esta novela, ocupa un lugar preponderante, profundizando en aspectos del pasado del protagonista principal: Bevilacqua. Lorenzo Silva no duda en poner a sus personajes ante los "retos" que vive nuestro país, inmiscuyéndolos en una realidad social y política como es el asunto tan candente del ensanchamiento de competencias de las autonomías , la inmigración y la delincuencia de una minoría. El autor, abogado e hijo de militar, a manifestado en numerosas ocasiones sus frecuentes contactos con profesionales de los cuerpos armados de los que consigue las numerosas anécdotas que después plasma magistralmente en sus novelas. Consigue materializar a través del carácter de sus protagonistas ese comportamiento castrense de relativa seriedad, entre servicio y disciplina, rayano en lo excesivo, mitigado sin embargo, por los problemas que afrontan en su condición de trabajadores poco comunes.

Fuera o no el propósito, el hecho es que las novelas de Bevilacqua y Chamorro han contribuido a normalizar la percepción popular, mejorándola, de la actual Guardia Civil. Un cuerpo con un pasado de algunas etapas negras... que estamos convencidos, el actual colectivo no merece arrastrar, y por las que algunos, aún esperamos que el ministro de turno pida disculpas para que una vez por todas puedan ser desgajadas de un presente normalizado.

La reina sin espejo
Lorenzo Silva

DESTINO

Enero 2006

 

 


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