La
atracción desmedida y enfermiza por la transgresión,
lo desconocido y lo bizarro, y el riesgo latente dentro de la
marginación, fueron tan poderosos en él que lo
mantuvieron enajenado y sometido hasta acabar con su vida.
Las
definiciones más rigurosas del romanticismo nos hablan
del ojo del espíritu, de manera que el artista romántico
se dirige a su fuero interno para, bajo ese prisma, ofrecer
una visión del todo subjetiva y distorsionada de la naturaleza
y las relaciones humanas, en medio de pasiones tumultuosas.
Si nos ceñimos a esta definición podremos decir
que Norberto Luis Romero, autor de novelas de culto dentro de
la narrativa hispana de los últimos años -La noche
del zepelín o Isla de sirenas-, resulta romántico
de manera plena y hasta exaltada, pues nos ofrece una obra que
no pretende ser realista apenas ni en apariencia, mediante la
cual, novela tras novela, materializa los fantasmas más
íntimos de sus personajes con unos resultados cercanos
al psicodrama en cuanto a intensidad.
Bajo el signo de Aries nos relata la historia de dos crímenes
en un arrabal. Aparecen los cadáveres de Jana y la Guajira.
Pero lo que podría haber sido una narración costumbrista
se convierte en una mirada alucinada a los bajos fondos, donde
el esoterismo tiñe de irrealidad las fronteras de la
urbe. Nos adentraremos en la historia de Alberto, un hombre
que consagra los esfuerzos de toda una vida a la investigación
alquímica, que busca conciliar la polaridad entre sexos
por medio de extraños ritos mágicos y lo consigue,
pues cada noche, de manera inexplicable, se convierte en mujer.
Se convierte en la misteriosa Jana. Finalmente nos aproximaremos
al enigma que envolvió a Alberto/Jana durante toda su
vida. Y la narración se mantendrá en una apariencia
de falsa calma, bajo la que intuimos en todo momento la inquietud
y la fantasmagoría.
Uno de los grandes aciertos de esta novela reside en la voz
narrativa, una voz omnisciente que abarca incluso el fuero interno
de los personajes y sus diálogos, desprovistos de signos
de puntuación distintivos, deviniendo en una hipnótica
y taciturna corriente de conciencia. Y en medio de ese decorado
urbano crece de manera paulatina un ambiente de plácida
pesadilla en la que Norberto Luis Romero se desenvuelve a sus
anchas, mezclando una ambientación entre lo lírico
y lo feísta con un sentido particular del erotismo gay,
que se deleita en las relaciones que mantienen Enrique y Carlos.
En medio de las prácticas de magia sexual, los guettos
de los travestis y los arrabales más inquietantes, se
dan cita clásicos de la literatura esotérica como
Thomas De Quincey o el propio Fulcanelli, que aparece como personaje,
y cuyo encuentro con Alberto/Jana, omitido para ser evocado
posteriormente, resultará decisivo.
Si bien otras novelas previas del autor resultan de una dureza
rayana en lo intolerable, en Bajo el signo de Aries nos brinda
una lectura plácida para noches de insomnio, mostrando
una vez más su prosa detallista y llena de color y un
carácter sensual en todo tipo de descripciones que hacen
que nos acerquemos a este libro con la extrañeza con
que nos acercaríamos a un cadáver bellamente amortajado.