NEGRURA
Harraga
Jesús
Carlos Lens Espinosa de los Monteros.
"Nueva
oleada de inmigrantes ilegales llegan a las costas españolas"
o "Integristas islámicos degüellan a quince personas
en Argel". Titulares así son, por desgracia, habituales
en la prensa con que nos desayunamos cada mañana. Los leemos
y, según el día, podemos suspirar resignadamente,
con un gesto de contrariedad en el rostro, incluso de silenciosa
indignación; o, si la jornada es tensa, pasar directamente
las páginas del periódico y relajarnos leyendo la
sección de deportes.
A
veces, sin embargo, puede apetecernos profundizar un poco en esas
historias, ir más allá de los titulares de los periódicos,
intentar comprender qué está pasando. Para cuando
llegue ese momento, la editorial granadina Zoela lleva
unos meses publicando, en su colección Negrura,
una serie de libros que, con formato de novela negra, nos ayudan
a cruzar la frontera que separa esa bienintencionada resignación
melancólica a la que antes hacíamos referencia,
de una cruda realidad ante la que preferimos pasar de largo.
La
aparición de la trilogía del comisario Llob,
escrita por el ex militar argelino Yasmina Khadra,
ya supuso una de las cumbres literarias del pasado año.
Ahora hemos recibido "Harraga" del canario Antonio
Lozano. Harraga es el término con que se designa en
Marruecos a quienes, como paso previo a cruzar el Estrecho, queman
sus papeles para salir del país sin dejar rastro, convirtiéndose
así en los tristemente famosos "indocumentados"
e "ilegales". A través de Jalid y Hamed,
jóvenes, valientes, deslumbrados por el paraíso
europeo; descubrimos el turbio y oscuro mundo del contrabando
de seres humanos y de las mafias que trafican con las ilusiones
de miles y miles de familias. Vemos a los niños de la calle
y nos topamos con los integristas. Asistimos a la virulenta dialéctica
que se da en el Marruecos del siglo XXI entre tradición,
religión y familia por un lado; y modernidad, hedonismo
e individualismo por otro.
Con
un estilo sobrio, seco y conciso, en la mejor tradición
de la más ácida y comprometida novela negra, Antonio
Lozano nos hace cruzar la frontera de Algeciras cargados de hachís.
Nos hace sentir, primero, el terror ante el registro y, después,
la intensa euforia al no ser descubiertos. Entonces ya somos los
reyes del mundo, sentados en la terraza de nuestra casa del Albaycín,
frente a esa Alhambra que construyeron nuestros antepasados para
solaz de los valientes que tenemos los arrestos necesarios para
dar el paso que separa la miseria, la cobardía y la resignación
de la riqueza, el lujo y el poder. Pero el hachís no es
nada. El dinero de verdad nos lo va a proporcionar otra mercancía
mucho más valiosa: la carne humana.
Entonces movemos nuestros contactos y vamos consiguiendo reclutadores
de harragas ilusos y esperanzados, hablamos con los patrones de
los barcos, concertamos citas en cafetines escondidos en lo más
intricado de la medina, untamos a los funcionarios para que hagan
la vista gorda y, en fin, ponemos la máquina en funcionamiento.
Y todo va bien hasta que algo se tuerce. Siempre se tuerce algo
para los que no están cómodamente sentados en un
despacho, haciendo la vista gorda y extendiendo la mano para cobrar
por su ceguera. Y entonces corre la sangre...
En
este punto sólo cabe correr hasta la librería más
cercana y dejar que Negrura siga iluminando nuestras mentes y
contribuya a abrir un poquito las puertas de una percepción,
la europea, cada vez más atrofiada y ensimismada.
Otra
critica....
El
alma racheada
Harraga
Zeki
La
información siempre es una arma de doble filo, en la lectura
pueda ser aún más peligrosa
para la obra.
Las editoriales y sus gabinetes comerciales lo saben, por eso
saturan las portadas y contra portadas con mensajes positivos
para contrarrestar cualquier prejuicio o crítica adversa,
y alentar y contribuir al ya tradicional consumo compulsivo.
Hay prejuicios que uno lleva puestos como una prenda más,
una prenda más interior que las interiores
esas que
tu madre avisaba que te las cambiaras no fuera que tuvieras un
percance y te llevaran al hospital, por poner un ejemplo, con
el calzoncillo racheado y menuda la vergüenza
La sangre
y las vísceras derramadas no importaran
la cuestión
será que al personal sanitario ante el desaguisado le puede
llegar la imagen de una madre displicente por la higiene de su
prole
y que tipo de madre sería esa.
Los
prejuicios suelen causar los percances, y el único modo
de que no se nos descubra el alma racheada
es supéralos.
Eso pensé, después de leer unas pocas paginas, haber
descartado de modo soberbio...demasiado soberbio, sólo
por sentenciar que: siendo su opera prima el autor había
cometido el error achacable a muchos novatos, de ponerse sus mejores
galas para escribir. A mi juicio, eso se transcribía por
una prosa lírica
meliflua, enervante relacionada
con hechos que se suponían, duros, hirientes y desgarradores.
El error era mío por poner el traje de los domingos al
autor cuando precisamente ese traje es un rasgo más del
carácter endomingado del protagonista: Jalid, que
es la voz del relato. Equivocación que se comete a veces:
identificar al autor con la voz del narrador, cuando la voz es
precisamente una dimensión importante de la historia y
no voy a descubrir nada diciendo eso.
Superada esa irritación primera, después de todo
no podía despachar un libro al que había prometido
al autor leerme, y darle sin concesiones, mi opinión; retomo
el libro
que ya no volveré a soltar hasta acabarlo.
Antonio Lozano, nacido en Tánger, es en la
actualidad concejal de cultura por una asociación de electores
de Agüimes un pueblo de Gran Canarias. Organizador de un
festival de teatro.
Harraga es su primera novela. En ella desfilan todas las
instantáneas que debieron quedar impresas en la retina
del autor en el transcurso de su infancia en Tánger, pero
ahí se acaban las similitudes.
Jalid no es un harraga (los que queman sus papeles para
iniciar el peligroso viaje de cruzar el estrecho en patera). Pero
Jalid como todos, sueña por parabólica interpuesta,
con los escaparates europeos. Unos escaparates expuestos indecentemente,
como el coño de una puta y en pal- color, a una humanidad
hambrienta, a la que la ramera se les cuela en sus hogares con
música de fondo tintineante y coral, susurrándoles
tómame
tómame
El
coche con tropecientos caballos, asientos puro cuero de búfalo
eunuco, instalación sextofónica y dirección
asistida
el perfume de los fieras
el traje del mamarracho
si
con eso no eres capaz de tomarme
.quédate en tu puta
casa llena de cucarachas
y púdrete, moro de mierda
eso les susurra un día sí y otro también
la meretriz Europea. No es extraño que el cementerio del
estrecho les parezca una broma.
A Jalid la broma se la cuenta su amigo Hamid y como, él
supo descubrir todas la argucias que les cuentan los poderosos
para mantenerlos en el engaño, y ahora él también
tiene un dedo metido en el pastel
Un pastel que exhibe ante
el hambriento Jalid
A cambio de una nueva familia
Jalid
ya tenía una familia.
La familia de Jalid es un microcosmos de las vías de escape
hacía la supervivencia
Su hermana Amina, la luchadora,
se hace abogada para ayudar a los suyos, el primo que después
de soñar el sueño de la opulencia se deja captar
por las sirenas integristas
el hermano pequeño Abderrahmán
rehén
de la pantalla
sumiso
Su padre silencioso y resignado
y La Madre sobre la que revierten los sufrimientos de todos, Jalid
con la miel en los labios
¿Venderá su familia
al Diablo?
No
es una novela negra al uso, los diálogos son escasos el
autor deja que una lírica dulzona como una canción
de Um Kulthum(*) impregne
todo el relato y capítulo a capitulo desvele el espejismo
de la mentira europea. La visión ingenua e idealizada que
el mismo Jalid, va desgranando para los lectores como debían
de hacerlo los contadores de cuentos nómadas alrededor
de las hogueras
esos otros harragas de un tiempo pretérito
que tiraban al fuego sus sueños para encandilar las mil
y una noches de sus viajes bajo las estrellas, recorre el relato
abocada a un terrible desengaño.
Un relato que te atrapa desde la ingenuidad sublevada de su protagonista,
una mirada desde el otro lado al "genocidio
del estrecho" y una crítica brutal a
los estamentos de siempre que quieren poner vallas al mar y muros
al hambre.
Aunque repite algunos tópicos e ingenuidades sobre la delincuencia
organizada
no se puede menos que echarlo a cuenta de la visión
inexperta y adornada del mismo Jalid.
Antonio Lozano apunta maneras de autor, muy buenas. Después
de esta primera obra será interesante ver su evolución,
esperando y deseando que la tenga... una vez podado su estilo
de algunos tics de novel.
(*)Um
Kulthum: celebre cantante egipcia
Otra
critica....
"
A propósito de Harraga, de Antonio Lozano "
Francisco Ortiz / Granada
Aquellos
que aseguran que aseguran que la novela está muerta - entre
ellos gente que admiro -creo que se han dejado derrotar sin presentar
batalla o tienen unos intereses espurios o están fuera
de la realidad. Algo que se me antoja más habitual de lo
deseable, entre los ciudadanos de a pie y entre los escritores
y gentes de las letras.
Me he cansado de buscar reseñas a un libro de Antonio
Lozano, " Harraga ",
y he encontrado entre poco y nada en las páginas de la
prensa seria, lo que era de esperar pero se me vuelve amargo.
Si abrimos el periódico cualquier día veremos que
hay dos noticias que se repiten constantemente: las tropelías
contra damas casadas y los desmanes que los traficantes de hombres
ejecutan en nuestras costas. Éste último tema lo
aborda la novela de Antonio Lozano, la primera. Entra en el género
negro porque hay muertes, situaciones algo típicas de esta
literatura y mucha crónica, mucha realidad. Cuando acaba
de publicarse el libro " El estilo del mundo ",
de Vicente Verdú, subtitulado " La vida en el capitalismo
de ficción ", que recomiendo compatibilizar con
nuestras lecturas negras, cuando hay que cuestionarse de una vez
y seriamente tantas mentiras a las que nos vemos abocados, creo
que el libro de Lozano se vuelve imprescindible.
Nos habla de las mafias que llevan y traen a la gente, de sus
excesos, sus desmanes, pero también nos habla de las víctimas
y de los que son medio víctimas medio verdugos, como el
propio protagonista y narrador de la obra. Sólo de esta
manera arriesgada, sagaz, profunda, se puede profundizar en un
tema, hacerlo próximo, vívido. Me gusta este libro
porque dosifica su intriga a la par que ofrece literatura de calidad,
prosa de calidad, meditaciones de calidad. Con verismo pero también
con imaginación, como la desarrollada en los capítulos
en que el protagonista está recluido en una celda y cree
ver a gente conocida ( cuando se le aparece su hermano Abderramán
el autor emociona y configura unas páginas inolvidables
), la novela nos lleva de Marruecos a Granada, de los barrios
bajos a las casas del Albaicín frente a la Alhambra, del
desarraigo al amor familiar desenvolviéndose con igual
soltura en la exposición de los días de un perdedor.
Vemos cómo se traslada la droga y el dinero de unas manos
a las otras, cómo se enriquecen los anónimos y los
no tan anónimos, cómo se juega con la pobreza para
obligarla a la prostitución, al trabajo ignominioso, pero
sin que la tragedia nos ahogue, nos haga sentir pánico
o asco:
Lozano ha creado un personaje que habla con una voz a medias lírica
a medias lastimada, vigorosa, creíble, que sabe susurrarnos
y elevar el tono cuando la ocasión lo requiere. Apartando
los fallos, los cruces y las casualidades excesivas - que seguramente
el autor maneja con ligereza porque no es ahí donde quiere
cargar las tintas de su discurso -, al acabar la novela la mirada
se nos llena de sabiduría y comprensión y nos aparta
las telarañas de la indiferencia para la próxima
vez que veamos una corta noticia en el periódico que nos
habla de varios inmigrantes muertos a la orilla de nuestras amadas
playas.
La literatura, entonces, sabe uno que sí sirve - y mucho
- en este mundo de falsas ficciones y se erige en una ficción
necesaria, clara, manantial, ambiguamente real.
Harraga
Antonio Lozano
Editorial: Zoela
Colección: Negrura nº 6