Vestido
para la muerte
© DONNA LEON
Editorial: Seix Barral. 2000
JULIO
GONZÁLEZ
La
vieja fórmula tan productiva literaria y cinematográficamente,
tantas veces vista y reiterada, aunque no por ello menos fascinante.
Principio del principio-escenario del crimen-: el azar y la curiosidad
llevan al honrado ciudadano a husmear entre los escombros, basura,
maleza (consideren la gran disparidad de variantes posibles).
Atraído por alguna forma extraña, un bulto 'sospechoso',
para terminar descubriendo el horror con sus propios ojos, el
infierno que habrá de poblar sus pesadillas por el resto
de sus días. ¿Se lo imaginan?
Exactamente, el fiambre, el cadáver que toda novela que
se precie necesita, porque si no, no sería novela negra,
ni gris, ni roja, ni leches, ni nada. Y es entonces cuando llega
Don Inspector, Súper detective, con su sobrenatural sexto
sentido, y unos huevos como el caballo de Espartero, que todo
hay que decirlo, para poner un poco de orden entre el caos, para
iluminar la oscuridad y aportar pruebas, pistas, y lo que sea
que nos ponga en el camino de la verdad y la justicia.
Así que ahora, (matemáticas puras), bastará
con sustituir las variables por sus equivalentes reales, y la
ecuación se resolverá por si sola.
En
el caso que nos ocupa. Matadero en las afueras de Venecia + cadáver
con ropa de mujer y rostro desfigurado + inspector Guido Brunetti
+ investigación = Vestido para la muerte.
Tercera
entrega de la serie del inspector Brunetti,
firmada por la escritora norteamericana (sólo de nacimiento;
dispuesta a soltar a la mínima oportunidad, las más
injuriosas puyas contra su país de origen), y afincada
en Italia: Donna Leon.
El asesinato de un travestí es el punto de partida de esta
novela en la que el bueno de Guido tendrá que poner toda
su intuición y buen hacer para solventar con éxito
otro de esos casos 'imposibles', demostrándonos que no
hay crimen que se le resista. Así que, pónganse
las escafandras, futuros lectores, para bucear hasta el subsuelo,
para explorar los fondos marinos de un universo lleno de putas
de ambos sexos y no se sorprendan si en una suerte de montaña
rusa, de repente se ven lanzados hacia arriba, hacia las alturas
del Olimpo Vaticano, el Banco di Verona y la decentísima
Lega de la Moralità, porque la arrastrada fulana y el elegante
banquero, no son más que piezas del mismo puzzle; inseparables
compañeros de juego.
Una
vez más Donna Leon, y es una constante a lo largo
de toda su obra, parte del poder financiero como piedra angular,
como núcleo semántico a partir del cual se estructuran
todos los escenarios, y elementos estilísticos del relato.
Un poder que no tiene límites, que muy a menudo se mancha
de sangre para que la rueda del capital siga girando. Y así
lo entiende nuestro entrañable protagonista, el comisario
Brunetti, hombre
profundamente desencantado con la realidad de la Italia que le
ha tocado vivir. Una realidad sin puertas abiertas a la esperanza,
al que sólo le queda el consuelo de poder aportar su pequeño
granito de arena para mejorar una sociedad enferma de dineritis
aguda y corrupción, de la forma que mejor sabe, atrapando
al criminal para ponerlo a buen recaudo.
Como
no podía ser de otra forma, el reparto se completa con
el habitual plantel de secundarios (Paola,
Patta, Vianello,...). El contraste entre tan dispares
personalidades es de por si uno de los pulmones por los que respira
la novela, el centro vital desde el que se que bombean sin descanso
ráfagas de humor fresco y sardónico, inteligentes
pinceladas de ironía que lejos de mantener una función
decorativa dentro del cuadro, aportan la gama de colores más
brillantes. La subtrama que protagonizan la esposa del jefazo
Patta y la adúltera relación que mantiene esta con
un aclamado director de cine porno, presentada bajo el prisma
del más puro cotilleo prosaico y amarillista, termina por
atrapar al lector tanto como la propia investigación de
los asesinatos.
En
Vestido para la muerte hace su debut en escena ni más ni
menos que Elettera, la eficiente y pintoresca secretaria de Patta,
que a lo largo de futuras entregas, conseguirá convertirse
en uno de los personajes mejor conseguidos, y con más relieve
de la serie; absolutamente deliciosa.
En
definitiva, una novela altamente recomendable. El lector notará
como las páginas vuelan a velocidad de vértigo entre
sus dedos. Donna Leon demuestra ser una de las mejores autoras
del género, y que en la bella y turística Venecia,
no sólo el agua de los canales huele a podrido.
Vestido
para la muerte
© DONNA LEON
Editorial: Seix Barral. 2000
Amigos
en las altas esferas
© DONNA LEON
Ed. Seix Barral.
Enrique
Bienzobas Castaño
Si
para la Leon Venecia es un personaje más de la trama
y de la historia, como lo fue mucho más que en las demás
en Acqua alta, aquí
se nos presenta como algo vivo, que palpita, no sólo que
está ahí, sino que participa con sus canales, calles,
casas, palacios y sus gentes.
Es, yo diría, el personaje central de sus narraciones y
si en Nobleza obliga nos ofrece
una almibarada crítica, aquí es cruel. Cruel en
su crítica a las autoridades corruptas, se pregunta si
no es el sistema italiano el corrupto, a la propia ciudad sucia
y con casas abandonadas que sirven de cuna a drogadictos abandonados
y desahuciados, jóvenes cuya inútil vida (viene
a decir) cada vez se acorta más.
Dura crítica a los venecianos "codiciosos" y
"avariciosos", corruptos, vanidosos. Pero sobre todo,
repito, Venecia. "la ciudad de los
rumores, en la que un populacho sin sentido crítico leía
y creía, oía y creía".
Una ciudad que se resiste a la desaparición:
"desde que en aquellos pantanos se
levantaron los primeros edificios había transcurrido más
de mil años, por lo que muchos de ellos debían de
estar a punto de derrumbarse, pero ninguno se derrombaba. Se inclinaban,
ladeaban, arqueaban y combaban, pero [Brunetti] no recordaba ni
uno solo que hubiera llegado a carese. Había visto, si,
casas abandonadas con la techumbre hundida, puertas tapiadas,
muros derruidos, pero, que él supiera nunca una casa se
había derrumbado sobre sus habitantes".
Una ciudad que, a pesar de su cosmopolitismo, no deja de ser provinciana:
"No tienes más que pedir
un préstamo a un banco, para que, al final del día,
todos los empleados estén enterados, a la mañana
siguiente, lo sepan sus familias y, por la tarde, toda la ciudad".
En fin, una ciudad en la que no parecen darse unas condiciones
de vida agradable si además pensamos que a los venecianos,
según la autora, no les gustan nada, pero que nada, los
turistas. Los aceptan por las pelas que llevan. Es dura la Leon
con esa Venecia que, por otro lado, ella adora.
La historia es sencilla pero, a la vez, rocambolesca. A casa de
Brunetti llega un funcionario del Ufficio Catasto
(algo así, supongo, como el catastro municipal)
a anunciar que su casa no existe, no hay ningún documento
que haga constatar su existencia legal, ha sido construída
ilegalmente y, puede ser que, incluso, haya que derruírla.
A partir de ahí van enlazándose unos aspectos con
otros hasta comprobar cómo los funcionarios del Ufficio
Catasto han montado un engranaje, unido a unos prestamistas (Mafia)
para hacer negocios sumamente sustanciosos que son autorizados,
legalizados y dado el visto bueno, por políticos que se
dejan "regalar" magníficas casas a precio de
gangas. En medio están las drogas y cómo éstas
destruyen vidas. Ligado a ello se encuentra el hijo de Patta,
el vicequestore, jefe de Brunetti, que se muestra
aquí más inútil que nunca pero más
corrompible.
La historia le sirve a la Leon para hacer una dura crítica
racista en contra de los gitanos. Aparecen por primera vez los
gitanos en una novela de y sobre Venecia, nunca en sus obras anteriores
habían surgido los gitanos y ahora lo hacen como si de
una auténtica invasión se tratara. Son miles de
ellos que rondan las calles y asaltan a los turistas (y también
a los venecianos) de forma que es casi imparable su acción.
Sin embargo no vuelven a salir (lo hacen en el capítulo
4 y no vuelven a salir), ningún traficante es gitano,
ningún corrupto funcionario es gitano, ningún asesino
es gitano, y son de los que está hablando la historia.
¿A qué viene, pues, la aparición de los gitanos
de forma tan negativa? Racismo. El mismo racismo que Brunetti
deja intuir contra los demás italianos, sobre todo los
del sur, muy cercano a las posturas políticas de la Lliga
del Norte, posiciones parafascistas.
La novela goza de un gran dinamismo. Narrada de forma omnisciente
sus diálogos están muy bien construídos.
Hay en ella un sabio equilibrio entre diálogos y reflexión.
Entre acción y freno de esa acción. Donna Leon
se muestra muy sabia en las dosis que nos suministra de todo:
amor, odio, corrupción, honradez,...
Amigos
en las altas esferas
DONNA LEON
Ed. Seix Barral.
Biblioteca Formentor. Barcelona, 1ª ed. marzo 2003.
ISBN: 84-322-2752-8. 302 págs
Trad.: Ana Mª de la Fuente..