PRESENTACIÓN
DE ADIOS MUCHACHOS.
Lorenzo Lunar Cardedo.
Se
dice, y creo que es cierto, que el arte de presentar un libro
consiste en convencer al cliente de que la compra será
buena. Esto puede lograrse de diversas formas, todas en dependencia
del libro y del público que asista al acto. También
puede no lograrse, y, aunque algunos no lo crean, casi nunca es
culpa del presentador, sino del libro que se presenta y del público
presente.
De esta manera hay presentadores que usan como fórmula
contarle al auditorio el asunto del libro, hablarle de las publicaciones
anteriores del autor, de sus premios y viajes por el mundo y así
el público convencido de que el libro vale la pena, suelta
el billete; cambia el vil papel por el santo pliego literario.
Otros presentadores prefieren hablar de la profundidad ética
y filosófica de la obra, de su imprescindible presencia
en el panorama de las letras, de lo importante que debe ser para
la cultura y la vida del lector consumir esas páginas,
o al menos mostrar el libro debajo del sobaco.
Otros convencen al comprador disertando sobre la filiación
política, religiosa o sexual del autor y cómo esta
se vuelca en las páginas del libro; imprescindible enseñanza
vital para el lector que ha de cambiar su vida a partir del momento
en que lea la obra
Pero, ya les decía: todo depende del libro y el autor que
se presente.
Hoy me bastaría con decir: Voy a presentar una novela de
Daniel Chavarría y sin mencionar nada más,
muchos más lectores que libros pondrían en crisis
la ley de la oferta y la demanda, incluso cuando para muchos de
ellos el precio del libro es más del veinte porciento de
su salario. Pero bien sabemos que en estos momentos en Cuba el
salario poco importa
especialmente cuando de buenos libros
se trata.
Podría decir sólo eso, pero algo me compromete a
decir más: La lectura que hice de la novela. Unas seis
horas de lectura vertiginosa para doscientas ocho páginas
llenas de letra Times New Roman de 12 puntos. Doscientas ocho
páginas también llenas de simpatía y ligereza.
Sí, porque no es Adiós muchachos una historia tremebunda.
A pesar de llegar a su clímax con un cadáver congelado
al que hay que aprovechar para sacarle tres millones de dólares.
A pesar de la llegada de la muerte en medio de una ferviente escena
de sexo y lujuria, Adiós muchachos es lo que se
puede llamar una novela light.
Daniel Chavarría puso sus excepcionales dotes de
escritor policial en función de conseguirlo así.
Y así lo logró. Una novela donde el humor va desde
la descripción de la estrategia de la bella puta Alicia
para buscar clientes en una Habana llena de los más variados
tonos turísticos hasta la grotesca muerte de Hendryck Groote
-eventualmente Elizabeth, a veces dueño de una firma millonaria
que intentaba radicarse en la Habana, otras la maricona desquiciada
pletórica de amor por su empleado, unas veces el calvo
raquítico y exigente, otras la rubia, la mulata, la puta
de senos breves pero delineadas curvas
Adiós muchachos no es la picaresca cubana, como
dice la contracubierta del libro. Es una nueva picaresca, universal
y cosmopolita, ubicada en los estratos más blancos de la
sociedad capitalista contemporánea y que toma como escenario
la Habana de dulces contrastes para el ojo del turista - y de
amargas diferencias para el nacional-, pero de la que El Chava,
para darle al mundo una novela ligera, sin traumas peores que
la muerte de un millonario maricón, escoge la primera variante.
Una buena novela, que como su anterior obra, El rojo en la
pluma del loro, busca un tiempo y un espacio que le permita
enajenarse de la más cruda realidad cubana, pero que en
definitiva, y seguro estoy que era este su objetivo, consigue
hacernos pasar unas gratas horas de lectura gracias a una trama
bien estructurada, un lenguaje más ágil que colorido
-pero efectivo en última instancia- y la compañía
de Alicia; una puta de altura que El Chava tiene la gentileza
de meternos en la cama -porque es en la cama donde mejor se lee-
durante unas seis horas inolvidables. Todo por el módico
precio de 20 pesos MN.
Entonces, que las disfruten -a la novela y a la puta-, hasta donde
puedan.
Muchas gracias
Y buena compra.
EL
ROJO EN LA PLUMA DEL LORO
O
EL CHAVA EN LA CUERDA FLOJA
Lorenzo Lunar Cardedo.
No
fueron los años noventa el momento más adecuado
para que Daniel Chavarría, "ciudadano uruguayo
y escritor cubano", continuara escribiendo literatura policial.
Según él mismo ha confesado públicamente
la realidad de esos años de miserias materiales, espirituales
y morales, aparecidas "inesperadamente" de la manga
de un también "inesperado" Período
Especial, no podía ser la materia prima para su novelística,
puesto que de escribir sobre estos asuntos estaría haciéndole
el juego al enemigo.
Así El Chava silenció sus pistolas durante casi
una década con la solitaria aparición de Aquel
año en Madrid, novela cuasi policial, cuasi testimonial
y cuasi de amor y nostalgia por la juventud.
Pero los años pasan, las cosas cambian y hasta la gente
se acostumbra. La economía cubana comienza a crecer nuevamente,
los merenderos recobran cierta vida, una nueva versión
del tan reclamado por el pueblo mercado campesino aparece con
precios adecuados a las nuevas circunstancias financieras, la
gente es autorizada a mostrar sus dólares, reaparece el
apoyo a la Revolución Cubana por parte de nuevos y viejos
amigos y cobra auge el turismo como la "gran zafra del pueblo".
Entonces la literatura policial puede volver a ser un arma ideológica
en manos de los escritores revolucionarios como pidiera en los
años setenta Armando Cristóbal Pérez. El
Chava lo sabe y vuelve por sus fueros con una novela que despide
el siglo con el Premio Casa de las Américas: El
rojo en la pluma del loro, (Fondo Editorial Casa de las Américas,
2001).
Claro, Daniel Chavarría es un excelente novelista, eso
lo salva de, a diferencia de muchos escritores policiales cubanos
que también se habían enquistado durante "los
años duros", regresar esgrimiendo un discurso triunfalista
y politiquero. Él sabe escribir. Está consciente
de que el teque no es literatura y asume la intención de
sumarse a la "batalla de ideas" desde su posición
de escritor, pero sin hacerlo constar directamente.
También sabe que una novela debe ser atractiva y que para
ello debe valerse de ciertas pinceladas de la realidad cubana
de los noventa que son realmente populares en el mundo, y no solamente
como literatura.
De esta manera El rojo en la pluma del loro recurre a los
principales ingredientes de la novela realista cubana de los noventa:
la prostitución como eje central de la historia, la santería
a la par, algunos matices de corrupción administrativa
y ciertos paneos, bien controlados, a la marginalidad. Claro que
esto continúa entrañando el peligro de hacerle el
juego al enemigo al mostrar nuestras miserias, y es así
como Daniel Chavarría acepta el reto de la cuerda
floja para mecerse entre el decir y el no decir, ese acto consustancial
a la literatura.
El rojo en la pluma del loro centra su plot en la venganza de
una víctima de la tiranía militar argentina sobre
su torturador: Aldo Bianchi, durante una breve visita a La Habana,
camina por las cercanías del Hotel Nacional y escucha casualmente
una vana conversación entre dos jineteras: "Ese
tipo es un felacio", le dice Bini a la otra y el vocablo
exclusivo de Orlando Ortega Ortiz, torturador de la EMA durante
los tiempos de la dictadura militar en Argentina, llega a los
oídos de Aldo para descubrirle que su verdugo, el hombre
de las tres O, ha pasado por Cuba y esa puta lo conoce. Entonces,
como en las telenovelas brasileñas, una serie de ingenuas
casualidades vendrán a conjugarse para fraguar la venganza
de Aldo. Es esta, por tanto, una novela de asunto latinoamericano
más que cubano, en la que las escenas correspondientes
al pasado dictatorial argentino salen como las más verosímiles
y logradas en comparación con las edulcoradas estampas
de la realidad cubana contemporánea.
Es obvio que Daniel Chavarría, escritor uruguayo residente
en Cuba hace muchos años, no puede olvidar aquella realidad
que le tocó, a él y a su pueblo, en los años
setenta, y de la que aún quedan cicatrices en casi toda
suramérica. Pero también es evidente en esta novela
que al Chava la realidad cubana de los noventa no le afectó
mucho más allá de la preocupación por lo
que pudiera ver el enemigo de clases -o lo que pudiésemos
mostrarle- en nuestra literatura; por eso esta Habana, escenario
principal de los hechos que cuenta El rojo en la pluma del
loro, no pasa de ser La Habana diseñada para turistas
-incluyendo latinoamericanos, lo mismo de izquierda que de derecha,
ocultos tras cualquiera de las variantes del refugio político.
No La Habana de las putas suicidas y drogadas. La Habana de las
jineteras alegres e infantilonas capaces de cautivar al más
pinto. No La Habana de los balseros. La Habana de yates y marinas.
No la Habana de solares y callejones. La Habana de pent-houses
climatizados y con televisores de 110 pulgadas. No La Habana de
zapatos rotos. La Habana de Florsheim shoes de más de mil
dólares el par. La Habana de suculentos banquetes y bife
chorizo importado por vía diplomática. La Habana
de gente simpática y buena en extremo como el ingenuo Mariano,responsable
del "ala sur" del Combinado del Este.La mejor Habana
que le podemos mostrar al mundo. La Habana feliz del presente
contrapuesta como triunfo sobre el pasado latinoamericano de abusos
y torturas. La Habana bullanguera y folcklórica de hoy
preferible a las capitales suramericanas tristes aún por
sus muertos de ayer y resentidas por el perdón a los asesinos.
Así con el refugio que da el super-objetivo supremo de
toda ficción narrativa: fabular un mundo mejor, o al menos
diferente al que vivimos, Daniel Chavarría atraviesa
la cuerda floja, justo es decirlo, sin caer en la pileta de agua.
El rojo en la pluma del loro resulta en definitiva una
buena novela, de esas capaces de acaparar la atención del
lector más exigente, ese que no tendrá más
remedio que llegar hasta el final aún a sabiendas de que
le están vendiendo gato por liebre.
El rojo en la pluma del loro
© Daniel Chavarría
Editorial: Mondadori
Colección: Literatura
ALLÁ
ELLOS
Jesús
Lens Espinosa de los Monteros.
"Allá
ellos", del escritor uruguayo Daniel Chavarría, se
podría considerar como un perfecto ejemplo de literatura
"glocalizada", esto es, de una literatura global y universalista,
pero contada desde una óptica local, íntima y personal.
No es tanto que estemos ante un microcosmos que representa al
mundo entero, como en el caso de García Márquez,
por ejemplo, sino que "Allá ellos" nos cuenta
una historia planetaria, que abarca todo el siglo XX y transcurre
en parajes de América y Europa principalmente, pero también
de África y Asia. Y lo hace, eso sí, partiendo siempre
de las biografías, experiencias y episodios vitales de
una interminable cascada de personajes secundarios que, como los
afluentes al río principal, van aportando savia nueva a
cada página del libro.
De
la mano de garimpeiros, buscadores de oro, indígenas del
amazonas, aviadores buscavidas, militares de todas las graduaciones,
mirones adolescentes, criados, porteros, notarios, abogados, espías,
agentes dobles, investigadores y un feliz interminable etcétera
de personajes, iremos conociendo la invención, puesta en
práctica y ejecución de una operación geopolítico-estratégica
de alcance planetario, bautizada con el sugerente nombre de "Usher",
preciso homenaje a la famosa caída imaginada por EdgarAllan
Poe, con ecos de aquel inquietante "Mensajero del miedo"
que protagonizara Frank Sinatra.
Una
novela río tan fastuosa como el Amazonas en que arranca.
Tan sugerente como la leyenda de esa tribu de imbatibles guerreros
del interior de la cuenca amazónica. Tan inquietante como
ese Jaime de Arnáiz, feroz guerrero y genial estratega.
Tan atractiva como la letal y enamorada Jimena.
Una
novela que obtuvo el premio Hammet de la Semana Negra de Gijón
hace unos años y que, para mí, constituye una de
los más felices "descubrimientos" literarios
de este año. Pongo la palabra "descubrimiento"
entre comillas porque lo cierto es que llevaba mucho tiempo oyendo
hablar del Chava y, si hasta ahora no leí nada suyo, ha
sido por culpa de una imperdonable desidia y dejadez.
Daniel
Cavaría tiene novelas escritas a cuatro manos con Justo
Vasco, Paco Camarasa me lo había recomendado hasta la saciedad,
Pablo Heinz hablaba maravillas de su paisano, la gente de NOVELPOL
lo tiene entre sus autores venerados, propuesto como FIES o autor
de especial seguimiento y, en fin, que "Allá ellos"
está entre las novelas esenciales del vibrante neopolicial
latinoamericano. Así que poco mérito tiene el descubrimiento.
Pero,
eso sí, el placer de su lectura es total. Una novela que
te atrapa desde el primer capítulo y en el que las diversas
historias y personajes van componiendo un mosaico, un fresco pleno
de colorido, ritmo e interés, poblado de personajes apenas
bosquejados, pero que no necesitan más allá de un
sencillo trazo para, siendo apuntes del natural, respirar con
la fuerza de los grandes clásicos de la literatura universal.
ALLÁ ELLOS
Daniel Chavarría
MONDADORI
Octubre 2004