CRÍTICAS


 


 


Alicia Giménez Bartlett


LAS ULTIMAS ANDANZAS

DE PETRA DELICADO

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

…Y, por supuesto, de su inseparable Subinspector Garzón, les ha llevado a lidiar con lo mejor y con lo peor de la sociedad. O viceversa. Por que si en "Serpientes en el paraíso" tenían que investigar un crimen cometido en una de esas urbanizaciones de lujo diseñadas para el solaz de los pijos de treinta y tantos, tan ahítos de pasta como escasos de escrúpulos, en "Un barco cargado de arroz" se las tienen que ver con mendigos, pordioseros, pobres locos y otros especimenes de la calle.

¿Qué encontramos en ambas novelas? De primeras, a una Petra preocupada por el paso del tiempo, por cuestiones como la maternidad, la vejez o la soledad. Y a un Garzón tan tiernamente emborricado y goloso tumbaollas como siempre. Unos personajes conocidos de todos los lectores aficionados a la novela negra y criminal. Unos personajes como de andar por casa. Muy de aquí y ahora.

Precisamente, mientras leía estos dos libros surgió una animada polémica acerca de si la novela policial de autores como Alicia Giménez Bartlett y Lorenzo Silva es de izquierdas o de derechas. George Tyras, uno de esos intelectuales franceses de profundos, hondos y graves conocimientos, venía a sostener que es una literatura burguesa, ya que sus personajes representan a las fuerzas de seguridad del estado y, con su actuación, lo único que hacen es sostener el actual status quo de nuestras sociedades occidentales.

Ante un análisis marxistas de la novela negra como éste, uno no sabe qué decir. La verdad es que si aparece flotando un cadáver en la piscina de una urbanización o si a un mendigo lo muelen a palos en plena calle hasta matarlo, uno considera que la policía debe tomar cartas en el asunto. La verdad. Y espera que resuelva el caso, desde luego. Y que detenga y meta en el trullo a los autores. Sinceramente.

¿Es eso ser de derechas? Como dice Paco Camarasa, dependería, en todo caso, del color del partido que esté en el gobierno. ¿O no? Quizá me quedan demasiados resabios de mis estudios jurídicos, pero el Estado de Derecho que tenemos en este país ahora mismo no es de los peores que se puedan imaginar.

Quizá a Tyras no le guste que la inspectora Delicado beba buen vino y whiskey de malta. O que disfrute escuchando nocturnos de Chopin. Pero, al menos, es una mujer bastante liberada, que vive sola tras dos matrimonios fallidos (aunque, ocasionalmente, duerma acompañada), y que se ha ganado el respeto en un mundo inequívocamente machista gracias a su tesón en el trabajo. Es fuerte, es dura, es malhablada. Y alguna vez se le ha escapado una mascada en un interrogatorio. Pero es buena gente.

Como Garzón, un gruñón quejumbroso al que le cuesta admitir que su hijo sea homosexual. Pero, en el fondo, un cacho de pan. Y es que uno termina pensando, como decía Summers, que (casi) todo el mundo bueno.

Y los que no lo son… bueno, ahí están las Petras y los Fermines para darles caña. ¿Qué es ser bueno? ¿Quiénes son los malos? Y sobre todo, ¿por qué? Cuestiones existenciales, sociológicas y políticas todas ellas que exceden el contenido de estas líneas. Y que son apasionantes, ojo. Y que son parte esencial de la historia de la novela negra y criminal. Y que Alicia, en sus dosis justas, sabe utilizar sabiamente. Eso sí, lo hace mejor en la aventura paradisíaca que en la naviera, para mi gusto.

En principio, me parecía sugerente leer seguidas estas dos investigaciones: una que se desarrolla entre la beautiful people más guapa y otra entre la marginalidad más mugrienta. Pero, al final, ha sido un experimento fallido porque "Un barco cargado de arroz" se me ha desinflado, mientras que la carga emocional de "Serpientes en el paraíso" sí que me cautivó. Me dio la sensación de que el argumento y el punto de partida de aquélla daban para mucho más de lo que termina ofreciendo. Y que, por ello, el peso de las relaciones interpersonales de la pareja protagonista lastra en exceso la trama criminal.

En el caso de las serpientes paradisíacas, sin embargo, las cuestiones personales de Petra tienen mucha influencia en la investigación, interaccionando y trenzándose una con otra, como se espera en una buena novela negra.

¿Hacia dónde tirará Alicia con su siguiente novela del ciclo Delicado? Ese es, ahora mismo, el mayor interrogante que nos asalta tras haber leído las dos últimas aventuras de la inspectora. Ojalá que retome la senda paradisíaca de nuevo.

Un barco cargado de arroz
Alicia Giménez Bartlett

Planeta


Noviembre 2004.


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