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NUEVE COLORES SANGRA LA LUNA


© Francisco J. Ortiz


NUEVE COLORES SANGRA LA LUNA Carlos Aguilar"¿Cómo puede ser mejor una mariconada sobre un viejo que está toda la película mirando a un niñato? ¿Es esto más importante que una película que trata de la soledad, de la locura, del peligro, de la violencia, del amor, del hambre, de la maldad? Puestos a elegir, el entretenimiento banal sería Muerte en Venecia y la obra seria La Banda de los Grissom. A partir de aquel intercambio de pareceres, me afirmé a mí mismo, y ya no he ocultado nunca mis preferencias ni mis gustos."

- Carlos Aguilar, en entrevista con David G. Panadero y Juan M. Corral

Eugenio Arbó es un crítico de cine que malvive gracias al dinero que le presta su tía Aurora y a lo poco que cobra por sus textos en una revista especializada de segunda división. Conoce tan bien el séptimo arte como para estar trabajando en un ensayo sobre Clouzot, el autor de Las diabólicas y El salario del miedo, pero la verdadera pasión de este hombre, que ni siquiera tiene reproductor de DVD y sigue revisitando viejos clásicos en su vídeo de toda la vida, es el cine de serie B, el "terror de pipas" español de los años 60 y 70. Y más concretamente, la filmografía del cineasta Jacobo Blanco y una semiestrella de culto: Isabel Silva. Una actriz, la Silva, que desapareció después de trabajar en películas que ya nadie recuerda, salvo cuatro freaks fanáticos de la subcultura popular, como el propio Arbó... El cual, enamorado platónicamente de los fotogramas que mantienen con vida el recuerdo de la joven, y ciegamente convencido de que fue asesinada, decidirá descubrir la verdad al respecto.

Para su regreso a la ficción, Carlos Aguilar retoma los caminos nada ortodoxos que ya exploraba en sus novelas anteriores (esto es, el género negro de La interferencia y Simbiosis, el ambiente cinematográfico de Coproducción), y los funde en esta Nueve colores sangra la luna.

Aguilar es conocido sobre todo por su faceta como escritor cinematográfico; y en su producción crítica abundan los estudios sobre el cine de géneros, particularmente el terror y el spaghetti western. Por ello, pensar que Eugenio Arbó pueda ser en buena parte un alter ego ficcional del propio escritor madrileño no es algo por tópico menos acertado.

La publicación de esta novela en el marco de la colección Calle Negra, especializada claro está en el género que nos ocupa, plantea de nuevo el inagotable interrogante acerca de los límites del género. No encontrará el lector en ella los ambientes y tipos más característicos del mismo, por más que el crítico de cine que la protagoniza haga las veces de detective aficionado. Estamos más bien ante una novela que homenajea, a través de ese "terror de pipas" que citábamos, el cine de géneros y, de paso, toda la cultura popular (como ha hecho recientemente, aunque de forma bien distinta y bastante más plomiza, el Umberto Eco de La misteriosa llama de la reina Loana).

Así, las referencias culturales son constantes: aparecen personajes reales, como los actores John Phillip Law y Dan Van Husen, y los literarios Blanco y Silva vienen a ser trasuntos del cineasta Jesús Franco y su musa -fallecida en accidente- Soledad Miranda, ambos mencionados explícitamente en la novela. Incluso el nombre del protagonista parece un homenaje a dos de los directores especialistas en el género: Eugenio Martín y Sebastián D'Arbó.

Pero conforme la trama de la novela avanza, de una manera implacable (a pesar de que el enigma que encierra no lo es tanto, y la lista de sospechosos es más bien breve), el lector se percata de que no sólo se homenajea al terror de burdos efectos especiales y ridículos disfraces de licántropo, sino también y muy especialmente al giallo italiano, ese subgénero del policíaco mediterráneo que acercó el género negro al terror gracias a lo explícito de sus crímenes y a subordinar la credibilidad y lógica de las tramas a los golpes de efecto y a un elemento tan reconocible como el sexual, en su vertiente más morbosa y enfermiza. Obviamente, mucho nos cuidaremos de revelar el secreto que esconde el título de la novela, y que remite al cine de Mario Bava o Dario Argento.

Con todo, junto con esta influencia del elemento visual (cromático, sobre todo) en el ámbito literario, el gran logro de Aguilar es descubrir detrás de la investigación y los homenajes a sus ídolos del cine de barrio, una historia de amistad fraternal entre dos hombres, unidos en principio por el amor de una mujer, que se mueve a medio camino entre el cine de Sam Peckinpah y el Ed Wood de Tim Burton, con la inolvidable amistad entre Wood y Lugosi, como nos recuerda Fernando Marías, autor del evocador prólogo.

En definitiva, estamos ante una novela que se lee con rapidez y gozo, con la sensación de que no es necesario recrearse demasiado en ella... Pero que conforme pasa el tiempo tras dar por concluida su lectura provoca sensaciones inesperadas y deja poso en el espectador. O sea, en el lector. Como el mejor cine de género.

NUEVE COLORES SANGRA LA LUNA
Carlos Aguilar

La Factoría de Ideas


Febrero 2006


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