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La ley del silencio
EL CINE PRETERINTENCIONAL

 

Jesús C. Lens Espinosa de los Monteros

En alguna ocasión he comentado que el cine puede ser peligroso. Y resalto ese puede porque hacer aseveraciones genéricas como ésas de que "el cine es peligroso", "fumar mata" o "el alcohol es perjudicial para la salud", siempre me han parecido vacuas y gratuitas. El cine no tiene intención. El cine no tiene personalidad jurídica. El cine, así considerado, no es nada. Porque evidentemente y por supuesto, la responsabilidad de lo que los espectadores vemos proyectado en una pantalla es de quienes hacen las

Foto: © Weegee

películas. Aún más, con lo caro y complicado que es rodar, los verdaderos culpables, los responsables, son los productores que ponen la pasta necesaria para que un proyecto, una idea, un guión, se convierta en celuloide.

La calidad y la intencionalidad de una película son dos caras diferentes de un prisma muy complejo en el que, a nada que uno reflexione, se encuentran infinidad de aristas y ángulos muy distintos. Pongamos ejemplos. "El triunfo de la voluntad", de Reni Riefenstahl, está unánimemente considerada como una joya del cine documental, por más que fuera una loa descarada del credo nazi y sus postulados más racistas y xenófobos. ¿Es peligrosa esa película? Hoy quizá no. Los nazis están supuestamente desenmascarados y un documental en blanco y negro no interesa a casi nadie. Pero ¿qué efectos tuvo en su momento? ¿No hubo alemanes que, ante el panegírico pro ario visto en la pantalla, nada más salir del cine, enfervorizados por el atractivo espectáculo contemplado, salieron disparados para apuntar a sus vástagos rubios y de ojos azules en las juventudes hitlerianas? Es un tema que convendría estudiar con detenimiento.

Hay otra película insigne, "La ley del silencio", que ha emocionado a miles de espectadores. Nos presenta a un Marlon Brando tan bruto como entrañable, un boxeador fracasado que con su valiente testimonio contribuye a hundir un sistema de corrupción y crimen organizado en el que su hermano es una de las piezas claves, con lo que ello conlleva de conflicto de intereses, de lealtades traicionadas y de desgarramiento interior, en pro, eso sí de la justicia, la honestidad y los buenos principios. Enternecedor. Pero si profundizamos un poco más en la realidad de esa película, en la época y circunstancias en que fue rodada, encontraremos una intencionalidad inequívoca: la justificación de la delación.

El director de "La ley del silencio" es Elia Kazan. No hace mucho le dieron el Oscar honorífico por toda su carrera. Aquella gala de entrega de premios fue polémica ya que varios de los asistentes anticiparon que ellos no iban a honrar a Kazan. ¿Por qué se negaban esos ingratos a aplaudir a un sencillo anciano, director de unas cuantas obras maestras del cine? Pues porque le consideraban un tipo despreciable, indigno de cualquier homenaje. Su pecado: ser un delator. Pero un delator carente del romanticismo de un Brando bajo la lluvia, sin el glamour de un puerto de Nueva York maravillosamente fotografiado en blanco y negro. Kazan fue el ariete que el denostado senador Joseph Mc Carthy utilizó en su famosa Caza de Brujas contra la supuesta incursión del comunismo en Hollywood. Sus testimonios fueron capitales para condenar a varios directores y guionistas a la cárcel y al ostracismo profesional por el terrible delito de simpatizar con el partido comunista. Tras sus testimonios, a modo de disculpa o justificación, Kazan rodó "La ley del silencio". Una especie de entiendan por qué lo hice que, siendo una obra maestra del cine, es un fallido intento de tranquilizar una conciencia malherida.

Antes de contemplar con qué intenciones se ha venido yendo Hollywood a la guerra, dejemos colgada una pregunta en el aire: si el cine es un arte tan cándido e inocente ¿por qué el señor Rodríguez Ibarra, ante el anuncio de que Carlos Saura iba a rodar en Extremadura una película acerca de los acontecimientos de Puerto Urraco, ha montado en cólera y ha "aconsejado" al director que se vaya con la música a otra parte? El nombre de Buñuel, Las Hurdes y "La tierra sin pan" han salido a colación durante la polémica… y no para bien, precisamente.

 


4 de junio de 200.

 
 

 

 


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