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El "Krimi" o el policial a la alemana

 

Schweighaeuser Jean-Paul
Traducido por: Zeki

Desde los años 70 los autores del "krimi" proponen personajes que son de todo menos maniqueos.

Los investigadores se largan de Bonn .

Bonn, la capital federal - todavía por un tiempo - de Alemania, a sido claro esta, el escenario de un buen número de krimis. Entre los personajes de policías oficiales, enérgicos y eficaces, retendremos el dúo de comisarios Walter Freiberg y Wolgang "Lupus" Müller, del escritor bicéfalo R.G. Kristan. Secretos de Estado, trapicheos políticos, no faltan en el barrio de los ministerios, pero nuestros dos investigadores se desplazan igualmente a la campiña circundante. Unos polis muy convencionales si se les compara con " el diletante universal", Baltasar Matzbach, el privado de Gisbert Haefs. Inmenso montón de grasa, embozado en un gabán de donde rebasan unos pantalones que debieron arrastrarse en las zangas. Un stetson encaramado sobre su cráneo como un pájaro sobre una calabaza . En la cafetería cuando quita su gabán - se queda con el sombrero -, hace vacilar el perchero, porque sus bolsos están cargados de los más variados utensilios. Cuando expira, sus labios emiten el ruido de un helicóptero en perdición. Aprecia el coñac - sin moderación - y fuma puros - en particular Partagas sobre todo cuando son por la cara.

Le ocurre a veces tener que dejar su ciudad para socorrer a un amigo, por ejemplo en le sur de Francia, como en: Das Doppelgrab in der Provence. Erudito, a semejanza de su creador, encuentra la solución de los enigmas gracias a su conocimiento de la historia y de las mitologías... Pero también consultando los oráculos. Uno de sus amigos le llama en broma :Sherlock Marlowe, pero su gran fuerza esta justamente, en no poder ser comparado con ninguno de sus predecesores.

Puede uno no ser policía, ni tan siquiera privado o del sexo masculino y experimentar aún así ganas de investigar. De esta manera, Christine Grän, de origen austriaco, se puso a contar a partir de 1986, las aventuras de Anna Marx, chismosa de un semanal de Bonn, como ella. Soltera, la cuarentena, el cabello rubio veneciano, curvas a la Rubens, la lengua bien suelta y la pluma acerada, tiene un gran sentido del humor que le permite sobrellevar sus problemas : su peso, y los hombres... Vivirá peripecias basculando del mundo del reportaje (garboso) al de la investigación (criminal). Su debut, sobre el rastro de Miss Marple, se harán muy lejos de Bonn, en un país africano imaginario, el Samyana, inspirado de Botswana donde Christine Grân regentó durante un tiempo un hotel en la sabana arbolada. Anna Marx se hizo con un buen éxito ya que además de las siete novelas hubo cinco piezas radiofónicas y una serie televisada.

Vacilaciones hamburguesas : ¿policial oficial o privado?

Si el comisario Paul Trimmel, el "Maigret alemán" nacido en 1968 de la pluma de Friedhelm Werremeier - el héroe del primer telefilme de la serie Tatort - o el comisario Kloess, propuesto al final de los años 80 por el autor bicéfalo A.B.S., siguieron fieles en su sitio de la ciudad de Hamburgo, no es este el caso de los otros policías del lugar. Como la dinámica Bella Block, creada por Doris Gerke en 1988, empezó siendo comisario, antes de dimitir para llevar investigaciones a título privado. Es definida como una "detective obstinada al comienzo de la cincuentena a quien le gusta el vodka helado y los poemas de su abuelo ruso". Otros también dejaron las filas de la policía oficial, muchas veces por razones de alergia a la jerarquía.

Con Gernot Katenkamp, Detlef Wolff escogió, diez años después del debut de Trimmel, un personaje atípico negándose a hacer de él un policía infalible o, como muchas veces, un poli decepcionado que se vuelve privado. Katenkamp fue botado de la policía desde su primera aventura, Die ungeliebte Leiche ("El cadáver mal amado"), porque sus superiores estiman que le falta el espíritu del cuerpo. El desgraciado Gernot, efectivamente, resolvió el asunto sin tener en cuenta la opinión de Weber, su jefe. Entonces se hace vigilante en un gran almacén. Pero, a causa de su pasado profesional, el jefe del personal le encarga una investigación sobre la desaparición del nuevo director del que descubre rápidamente el cadáver. En contra del consejo de Weber, fisgonea y descubre el asesino antes que la policía. Entiende igualmente, que las victimas pueden no valer mucho más que los asesinos.

Sus cualidades de investigador y su gusto por la investigación son tales que casi es "condenado" a establecerse como detective privado. Su eficacia es reconocida de todos y es muy normalmente que acabara siendo reintegrado en la policía. Sus problemas vendrán entonces ante todo de su situación personal. En efecto, casado a la sazón con una mujer divorciada, resulta ser el padrastro de un chaval un poco turbulento. Más tarde en Katenkamp in Kenia, le solicitarán para poner sus competencias al servicio de la cooperación entre Alemania y los países africanos. Discreto, modesto, Katenkamp es la imagen del profesional que ejecuta el trabajo para el que parece haber sido fabricado.

Otro ejemplo de poli intentando vanamente conciliar su ideal y la realidad burocrática, Holger Fleestedt que empieza su carrera en 1980. Es el portavoz de Willi Voss, periodista de investigación antes de hacerse novelista. Fleestedt parece tenerlo todo para triunfar en la policía donde este arquitecto de formación, licenciado de su oficina de estudios, a entrado como se entra en religión. Delgado, esbelto, la cara fina, la frente alta, ojo marrón, el cabello color de arena y ensortijado, acercándose despacito a la cuarentena. Posee un reloj que le ha costado 100 marcos, conduce una Golf, fuma más que moderadamente y le gustan los alcoholes fuertes.

Eficaz en su nuevo empleo, fue nombrado comisario en la pequeña ciudad de Stade. Pero como policía honrado, choca con el cinismo de sus colegas. A pesar de los avisos llegados desde arriba, persigue demasiado enérgicamente una investigación sensible. Y, se encuentra trasladado a Hamburgo... como inspector. Sus relaciones con sus superiores no mejoran sin embargo: acaba por abandonar sus funciones para hacerse él también privado. Fiel a sus principios y a su idea de la justicia, chocara de nuevo con sus antiguos colegas, sobre todo cuando quiere encontrar los asesinos de un periodista amigo suyo o cuando una joven drogata muere delante de su puerta. Además de su probidad, Fleestedt tiene el sentido de la compasión y una sólida lucidez, bien traducidas por el primer título de sus aventuras : Triänen schützen nicht vor Mord ("Las lagrimas no protegen del homicidio "). Es también lo que le hace frágil - sin que sea el perdedor a la moda americana - y hace de él una figura particularmente atractiva del krimi de los años 80.

Gonzo el buitre , el hombre cámara de la Ruhr

Si Jürgen Lodemann lanzó en 1975 en las calles de Essen, su ciudad natal , su comisario Rudolf Langensiepen, es el dúo Karr y Wehner quienes hicieron sensación en 1994 con: "La primavera del buitre". Ofrecían la primera parte de las aventuras de Gonzo Gonschorek, su antihéroe. Habían decidido hacerle vivir cuatro estaciones en su ciudad para desvelar todos sus secretos. Después de El verano de las ratas (Rattensommer) y El otoño de las gallinas (Hühnerherbst), se espera con impaciencia El invierno de los toros - o de los polis - (Bullenwinter).
: su rabo recae flácido y blando.

La cuarentena bien entrada, Gonzo Gonschorek vivió siempre por y para la imagen. Desde muy joven, fotografiaba a todo trance y gastaba todos sus ahorros para ir al cine, seguidamente se inscribió en una escuela de cine. Después de una experiencia fallida en la producción - a causa de un socio incompetente -, se hizo reportero de videos, especializado en el catastrofismo y lo sanguinario. Recorre Essen y los alrededores a bordo de su furgoneta escuchando con el escáner las frecuencias de la policía y de los bomberos: Gonzo abalanzándose siempre hacía el sitio donde se exigen más ambulancias. Poco le importa hacerse tratar de carroñero o de mosca cojonera por los polis : él vende sus imágenes de sangre y de muerte a las televisiones privadas locales.

Lo malo, es que Gonzo no consigue siempre que le paguen dentro del plazo. Las facturas se acumulan y tiene que hacer extras con Hassenkamp, un colega del grupo de documentación de la policía: filman bodas y congresos de jugadores de bolos. Vive en una antigua imprenta, un loft donde se asfixia en verano y se congela en invierno; sus muebles han sido recuperados del vertedero . Se nutre de pizzas congeladas o de salchichas fritas. Bebe cerveza mala, coca cola y vodka barata. Cuando en un periodo fasto se le ocurre darse una buena cena en un restaurante chino, tiene que levantarse por la noche para vomitar.

Gonzo vive en la nostalgia de los viejos cines que, poco a poco son abandonados o transformados en súper mercados. Se consuela hablando con una viejecita, antigua cajera de cine, la única que lo llama por su nombre de pila, Heinrich. Para los demás es Gonzo Gonschorek. Videógrafo, es también una victima del video: espiado por el sistema de vigilancia electrónica de la estación; golpeado por jóvenes neo-nazis, ¡filmado por el equipo de documentación de la policía! Su vida sexual tampoco vale mucho. Se lleva a una puta polonesa a su furgoneta: esta le rocía con gas lacrimógeno y le roba el material de video. Una chavala acepta acostarse con él : es para robarle una cinta comprometida para su hermano. Se masturba imaginando a Doris Day chupándosela : su rabo recae flácido y blando.

A pesar de su lado lastimoso , queda un "ojo" que nos enseña la faz escondida de la Alemania opulenta : pordioseros y prostitutas explotados por el servicio de vigilancia de la estación, hogares-refugio para gitanos atacados por los neo-nazis, video-clubes que sirven para lavar el dinero de la droga... Él no hace comentarios y sigue con su trabajo de revolver-mierda .

Un comisario que no tiene vocación .

En Berlín, los investigadores ya no se cuentan, sean detectives aficionados como Konstantin von Iven de Jörg Köhler y el Martin Roth de Hans van Gulden, o comisarios como la Karin Lietze de Pieke Biermann, la Katharina Ledermacher de Richard Hey, la Lena Wertebach de Maria Gronau. En el sector Este, Hartmut Mechtel proponía su capitán de la criminal , Wolfgang Krüger... Hubo otros, pero Hans-Jürgen Mannhardt sigue siendo el más emblemático.

Incluso sin el rol principal de las primeras novelas donde aparece, Mannhardt, el comisario berlinés de -ky, tiene de entrada una amplitud que le distingue de los demás . En Zu einem Mord gehören zwei, publicado en 1971, es descrito como un hombre mal en su piel que aborrece su trabajo. Había querido ser profesor de gimnasia o de historia y geografía, pero fue obligado a seguir la tradición familial y hacerse poli como su padre y su abuelo. Tiene ideas de izquierdas que no puede expresar en su ámbito profesional donde choca entre otros con su superior, Weber. Se siente antes que nada un intelectual, pero tiene el "físico de un peso medio que poseyera noventa victorias a sus espaldas". En vez de poder leer tranquilamente a Theodor Fontane, su autor preferido , tiene que intentar salvar a gente que le desagrada profundamente. Si lleva esa vida de poli, rutinaria y embrutecedora , es para pagar los estudios de su hija y de su hijo que acabarán como él, cogidos en la rutina del funcionario.

En 1978, aparece la séptima novela de -ky, la cuarta consagrada a Mannhardt, Einer will's gewesen sein. Debuta con una conversación entre el comisario y un anónimo que, a continuación se revela ser, el mismo -ky. La inquietud del héroe y su cansancio no han hecho más que aumentar y viene a añadirse el miedo a la ineluctable decadencia: "Su cuerpo le parecía fofo, blando y graso. Ya no era el hombre joven de tez cobriza que lanzaba la jabalina hasta la mitad del estadio; era más bien un viejo luchador de vuelta, que por un trozo de pan, se dejaba tirar en el polvo del ring por el primer julai".

Los problemas familiares tomarán en esta novela, una importancia mayor : enfados con Lilo, su esposa, y dificultades con Elke, su hija que se hace miembro de una secta. En Fuego para el gran dragón, Mannhardt no aparece muy a menudo, pero guarda una presencia tal que a -ky parece que le irrita . Como otros creadores antes que él, va intentar deshacerse de un personaje que se ha hecho demasiado acaparador. En Por el rey de Prusia, despacha a Mannhardt en el pasado, al la época de Federico el Grande, después le hace agredir a Weber para hacerle encerrar en una clínica siquiátrica. Pero su policía sobrevivirá y le veremos reaparecer en Fendt hört mit donde a cogido grado pero ya no participa en la acción.

Más allá de las fronteras alemanas.

Es un Suizo, Friedrich Glauser, a quien los autores de lengua alemana escogieron por "padrino" de su asociación, Das Syndikat. El ex-legionario Glauser, nacido en 1896 y fallecido en 1938, es el creador del inspector Studer, héroe de a penas cinco novelas y sin embargo tan mítico para los alemanes como Maigret para los franceses. Pero si Suiza es la patria del padre del krimi literario, también es la de Friedrich Dürrenmatt, el dramaturgo que tanteo con la novela policial para enterrarla con La Promesa que subtituló " Réquiem por la novela policial".

En los años 70, J.H. Scheideler propuso una serie de policiales paródicos con su comisario Guido Betschi, siempre acompañado de su factótum negro, Sammy. Al principio de los años 80, Peter Zeindler escogió una vía intermediaria entre el policial y el espionaje narrando las aventuras de Konrad Sembritski, un anticuario de Berna a quien le gustaría olvidar que hizo parte de los servicios secretos alemanes.
Si Helmut Zenker hace evolucionar en Viena a su comisario Adolf Kottan y su detective Minni Mann, la mayoría de los jóvenes autores austriacos prefieren dirigir sus miradas al exterior de su país , como Christine Grän, citada más arriba, y que vive en Bonn, o Edith Kneifl que firma Una mañana en Trieste.

¿El futuro del krimi ?

Los viejos autores tienen tendencia al pesimismo los jóvenes están confiados y están persuadidos que la diversidad triunfará y que nuevos héroes van a nacer. Notarán que, entre los optimistas se encuentran Gisbaert Haefs, creador de Matzbach, y Karr, uno de los padres de Gonzo. Podemos apostar a que el genero va a reforzarse aún más y saldrá al fin de sus fronteras para hacer desaparecer el tópico a propósito de la inexistencia del policial alemán. En vez de mirar constantemente del lado de los americanos, tendríamos que darnos cuenta que Europa tiene todavía mucho que contar en el dominio del policial .

Schweighaeuser Jean-Paul

Traducido por: Zeki

 

 

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