ENTREVISTA


 

ENTREVISTA A JULIÁN IBÁÑEZ

Jokin Ibáñez


Julián Ibáñez es un veterano en las lides de la novela negra. Desde el ya lejano año de 1980, en que debutó con la novela La triple dama, va dando a la imprenta con irregular frecuencia una serie de novelas criminales de alto nivel que alterna con novelas dirigidas al público juvenil. Recientemente ha publicado Que siga el baile y ha resultado ganador del IV Premio de Narrativa Juvenil Corpus Barga, con la novela Los gorilas no bromean con la corbata.

 



Pregunta: A mí, como lector, me han preguntado muchas veces ¿por qué te gusta este género? Y no he sabido responder, pero tampoco he sabido responder por qué me gustan otros. Un novelista de género ¿puede explicarse y/o explicar por qué se encuentra embebido en él?

Respuesta:
No, creo que no puede. Yo no puedo. Necesitaría sicoanalizarme, como poco. Puedo llegar a pensar que una de las razones de que me guste el género negro, y nada el deductivo, es porque los personajes no son burgueses, viven en el presente, no les interesa el pasado ni tampoco el futuro. Son la clase de personas que me atraen en la vida real. La razón la desconozco. Y, por ahora, no voy a marcar el número del sicoanalista.

La triple dama - JULIÁN IBÁÑEZP: El debut de Julián Ibáñez en la novela es algo tardío. Me parece que en aquel momento se estaba dedicando al cine y a la televisión realizando guiones ¿Qué es lo que influyó para el alumbramiento de "La triple dama"? ¿Hubo autores decisivos para decantarse en el oficio de escritor?

R: Sí. Chandler. Cómo no. Me encontraba con el libro de sus cartas y allí leí el consejo que le daba a un escritor novel para arrancarse a escribir: "Analiza e imita". Me gustó. Era un consejo bastante cínico. Tomé una secuencia del guión que tenía entre manos y la redacté como novela. Fue una juerga. Tanto que me lancé de lleno a escribir la novela. Además, coincidió con una nota en el periódico Informaciones: una editorial, Sedmay, buscaba manuscritos de género negro. Todo redondo. Envié el manuscrito, me lo aceptaron y me preguntaron si tenía más. El rey del mundo.
Los rodajes de cine son muy duros, muy tensos, muy folloneros. No me encontraba cómodo. Trabajar en casa y colocar lo escrito por correo supongo que es la situación ideal. Bueno, a veces echo de menos una silla en la oficina de "El Apartamento".

P: En los años ochenta, cuando se daba el boom de la novela negra en España, se hablaba principalmente de Vázquez Montalbán, Andreu Martín y Juan Madrid, pero también de Julián Ibáñez. He creído siempre que tu estilo era bien distinto, así como los temas y los protagonistas. Esos protagonistas, aun ahora, son tipos solitarios, sin amigos, sin gente de barrio que le arrope, sin ayuda corporativa, únicamente un leve roce con la gente de alrededor. ¿Hay mucha diferencia entre Ramón Ferreol, protagonista de la primera novela, y Barquín, protagonista de la última?

R: No, es el mismo personaje, sólo cambia la envoltura. El protagonista suele ser el alter ego del autor. A mí en la vida me ha tocado viajar mucho, cambiar con frecuencia de domicilio, colegio, trabajo, etc. Sólo me encuentro cómodo con gente que se dedica a algo parecido a lo que yo hago, no con escritores, pero sí con pintores, por ejemplo. Pero me gusta mucho el campo, vivir en pueblos, y esa clase de relación no siempre la tienes a mano. En un pueblo, un escritor, además forastero, es "diferente". Supongo que esta situación particular se refleja en las novelas.

P: Y de estos protagonistas ¿qué ha sido de Novoa? ¿Aún vive? Protagonizó una saga en la mayor estabilidad editorial que tuviste y marcó el paso de las historias ambientadas en la costa, con los puertos, la bruma y la humedad a las ambientadas en la meseta y con bares de ambiente. Incluso Novoa regentó uno. Pero estos bares de ambiente están tratados con cariño ¿existen todavía? Ahora creo que incluso la industrialización también ha llegado ahí.

R: Por supuesto que existen los bares de alterne cutres. Sucede como con los bares normales, abarcan una amplia gama. De niño viví siete años en la plaza de Tirso de Molina de Madrid. Las fulanas hacían el negocio delante de la puerta de la academia de mi padre. Tenían la cama debajo de los puentes del Manzanares. Debían de tarifar un duro, o algo así. Hoy día supongo que no se llegará a tanto, pero también hoy abundan los tíos con sólo un par de agujeros en el bolsillo del pantalón.
¿Novoa? No me resultaba creíble un detective privado español como protagonista. Y un poli o guardia civil me resultaban visceralmente imposibles. Así que me inventé un tipo corriente que se metía en problemas. Pero los problemas estaban traídos por los pelos, y el personaje era débil. Busqué personajes más crudos. Y ahora estoy regresando a los puertos del norte: Bilbao. Ciudad que era perfecta para ambientar una historia de género negro, con su maravillosa luz tamizada por la contaminación. Pero han cerrado la industria pesada y comienza a parecerse a Ávila.

P: Estoy de acuerdo. Bilbao era perfectamente negra y me la están cambiando. Espero con impaciencia una novela inmersa en Bilbao. Ya había referencias anteriormente, creo que las novelas sugerían paisajes de varias ciudades a la vez, que se complementaban. Otra cosilla que caracteriza tus novelas son los coches. No se habla de que "cogió un coche" sino que se especifica el modelo y la marca. ¿Es cariño de autor por los bugas? ¿O es algo consustancial de la novela negra, como los caballos en el oeste?

R: Pasé largas temporadas en casa de un tío que tenía siete taxis. En mi casa hay tres coches. Y yo no sé conducir. Pongo el modelo por aquello del "detalle ínfimo". Bastantes personas es lo único que saben: modelos de coches. Mi protagonista es una de esas personas.

P: Entre ciertos escritores del género y lectores apasionados, Ibáñez es sinónimo de clásico, de dureza. Hay alguna crítica en la que se nos viene a decir que si fuese otro autor más comercial el que firmase La miel y el cuchillo, esta novela se hubiese vendido a paletadas. ¿Vende Julián Ibáñez? ¿Se puede vivir de este negocio de una forma desahogada?

R: Vendo algo en juvenil, pero ése es otro mundo. De género negro el máximo que he vendido han sido siete mil ejemplares, en Forum, era una novela editada en cuadernillo y distribuida en quioscos.
¿Vivir? No, no se puede. Bueno, puede que existan uno o dos autores (as) que saquen algo de pasta, pero eso es todo. Yo vivo de mi mujer, que es médico y trabaja duro, y no gasto mucho porque soy un monje.

P: No eres habitual de los saraos editoriales. ¿Hay un exceso de discreción personal? ¿Crees que puede pesar en la vida comercial de tus novelas?

R: No nos engañemos, dígase lo que se diga una buena novela siempre sale adelante. Buenas novelas hay muy pocas. Las mediocres que salen adelante, comercialmente, y a veces muy bien, se lo deben a las habilidades mercantiles del autor, el editor, etc. Yo, lo reconozco, soy un negado y un patoso en los saraos. Me divierto demasiado escribiendo para lograr esmerarme luego. Pero soy un tío disciplinado, voy a dónde me dicen. Hay que echarle una mano al editor, que corre sus riesgos.

La miel y el cuchilloP: Hemos hecho mención anteriormente a una cierta estabilidad editorial. Lo cierto es que en trece novelas, se han utilizado los servicios de diez editoriales distintas. ¿No había apoyo al autor por parte de dichas editoriales? Me resulta curioso que después de recibir algún premio o mención, se tarde tres años en volver a editar y además en casa distinta. Es el caso de "No des la espalda a la paloma" (Premio Moriarty) y "La miel y el cuchillo" (Mención en la Semana Negra).

R: Vales lo que vendes. No se lo reprocho a los editores, es normal (también ellos valen lo que venden, son despedidos con frecuencia). Yo haría lo mismo. Te reciben con los brazos abiertos, incluso eres la gran esperanza blanca, el chico de la casa, hasta… que llegan las primeras cifras de ventas. Entonces te conviertes en un apestado. Por cierto, los premios no significan nada.
En juvenil se dan casos llamativos. Por ejemplo, tienes una novela que ha vendido treinta mil, no es mucho (para juvenil) pero tampoco es poco; te firman un contrato para tres novelas, encabezando nueva colección, etc…; cambian el equipo editorial y dejan morir el contrato y se olvidan de ti, ya no te editan más. ¿Qué ha sucedido? Pues que existe una cantidad ingente de autores y manuscritos y el nuevo equipo está cagado y no corre riesgos, por lo tanto editan a la media docena de autores del catálogo por encima de los cien mil. Pueden probar con algún autor nuevo, joven, a ver qué pasa, como probaron media docena de veces conmigo. No me quejo, me parece normal, es la ley del mercado. Buscas entonces otra editorial, cuando la encuentras te reciben con los brazos abiertos, eres la gran esperanza blanca, y vuelta a empezar… Hay que llegar a los cien mil como sea y, luego, ni se te ocurra apearte de ahí.

P: Con la llegada de las nuevas tecnologías, incluso hiciste algún pinito en una editorial electrónica, colaborando en la web con algún relato y algún artículo. ¿No hay futuro en ese soporte? ¿Puede el libro abandonar el formato papel?

R: Esa editorial electrónica la crearon unos ex-ejecutivos de Telefónica que habían dado el pelotazo con sus contratos blindados, al parecer les sobraba el dinero. Si esos tipos, profesionales de los negocios, se estrellaron, ¿qué puedo decir yo? Yo era de los que creían que la edición electrónica iba a arrasar, porque para fulanos como yo que leemos mejor en pantalla que en papel, el medio es perfecto, ¡libros a una cuarta o quinta parte de su precio en papel! ¡tan a mano! Pero me colé, como un ejecutivo más. El mercado no está maduro. Leo que en los USA la edición electrónica se está abriendo paso poco a poco. Supongo que acabará imponiéndose. Es lógico y ecológico.

P: Las novelas de Julián Ibáñez son historias de ambientes, novelas de situaciones, que pueden ser intercambiadas unas con otras, sin que chirríe la obra. ¿Pueden ser pequeñas historias autoconclusivas que le ocurren al protagonista al cabo del día?

R: Sí, así es. Pienso que, aunque esto resulte paradójico, un argumento deductivo brillante en una novela negra puede arruinar la novela. La novela negra son ambientes, personajes, situaciones, diálogos, etc. no el argumento (eso se lo regalamos a la novela deductiva). No casan, son como el agua y el aceite. El ejemplo máximo es Chandler, con unos argumentos infumables de los que pocas veces entiendes algo. Pero te da igual, incluso resulta mejor, así el argumento no interfiere. Pero, ojo, sólo hay un Chandler. Yo procuro que la estructura profunda de la novela, el andamiaje, mantenga cierta coherencia.

P: Hablamos de pequeñas historias, o sea, de relatos. Pero creo que en este género se ha prodigado poco, apenas alguna colaboración en un par de libros colectivos y algún otro disperso en la red. Recuerdo haber bajado alguno de una página denominada Novela Negra.

R: Éste publicado en Novela Negra lo desconozco. ¿Me lo habrán choriceado? Es curioso, Ediciones Libertarias publicó una novela mía sin comunicármelo, sin firmar contrato, etc. Podría demandarlos y quedarme con la editorial. Pero, ¿para qué quiero yo una editorial?
Resulta más difícil escribir un cuento que una novela. Lo decía Faulkner. No sé, supongo que se debe a que yo empecé directamente atacando novelas. Lo normal es empezar de joven, o de niño, escribiendo cuentos, más difícil artísticamente pero con un resultado más inmediato. Siempre tengo una novela en la cabeza y, supongo, esto le resta espacio a los cuentos.

P: Viene a cuento (nunca mejor dicho) porque recuerdo uno titulado Los gorilas no bromean con la corbata, como ese premio de novela juvenil Corpus Barga, que creo que se editará en breve. ¿Qué se ha hecho aquí? ¿Se ha ampliado la historia? ¿Se le ha sacado más partido? ¿Se ha canibalizado el relato, al estilo Chandler? ¿O nada de lo anteriormente citado y es algo completamente nuevo?

R: Son las primeras noticias que tengo de ese cuento, o de un cuento con ese título. ¿Me lo habrán choriceado también? Te agradecería que me dijeras dónde lo has visto editado y de qué va. La novela trata del mundo de los paparazzi.

P: Creo que lo bajé así mismo de esa web y trataba, también, de paparazzi. El padre del protagonista era un fotógrafo de prensa del corazón, el chaval decía que su padre era escritor de novelas de terror. Una noche le acompaña y salen humillados al perseguir a una pareja. Les atacan los gorilas de turno. ¿Puede ser esto el embrión de la novela?

R: Ya. No es el embrión de la novela, es el primer capítulo del primer borrador de la novela premiada. No sé cómo ha ido a parar a internet, a lo mejor lo envié yo y ya no me acuerdo.

Que siga el baileP: Tu última novela, "Que siga el baile", es un conjunto de situaciones, reflejo de la sociedad, donde se plantean distintos temas: amores y odios, sexo, negocios,… pero sin meter el dedo en el ojo ¿No quieres ejercer de moralista? Hay momentos en los que la moralina estaba a punto de caramelo.

R: Ni hablar, de moralista nada. Es una de las razones de que no me gusten las novelas deductivas: los buenos son buenos toda la novela y los malos son siempre malos.
Todos somos buenos y malos a la vez. Depende de las circunstancias. Y gracias a esto el mundo camina, digo yo, aunque sea besando la lona.

P: A eso mismo quería referirme. No hay una línea definida que marque la separación del bien del mal. Estoy de acuerdo. Quería decir que hubiera sido fácil introducir algo que marcara la actitud del autor frente a lo que se muestra. Pero lo prefiero así. Rozando el precipicio…

R: Difícil saber por qué me encuentro cómodo con protagonistas amorales (a lo mejor es porque estuve interno un par de años en un colegio de jesuitas). Acabo de empezar "Total Khéops" y ya me está cargando el tipo que atraca una farmacia, deja paralítico al farmacéutico y a la media hora ya se está arrepintiendo. No tiene futuro como atracador.

P: Hay un momento en la novela especialmente duro. Es un episodio tangencial, en el que el protagonista, que se encarga de la búsqueda de menores desaparecidos, nos llega a decir que los cónyuges se denuncian entre sí para joderse y que les importa un bledo la desaparición del menor. Y Barquín lo suelta de esta forma: "Si a los padres no les importaba, tampoco nos importaba a nosotros. Nos limitábamos a cumplir el expediente." Y se queda tan ancho. Y al que lo lee, le parece tan normal. Es una denuncia dura de una situación real. ¿Es más duro plantearlo así? ¿Hay intención de hacerlo o es sólo una constatación de un hecho?

R: Es la constatación de un hecho. Podemos llamarlo deformación profesional. He vivido durante años en un ambiente de médicos, a veces oyes cosas que te hacen pensar "cómo está el mundo". Pero no sólo es deformación profesional, es que: "hay que ver cómo está el mundo". No quiero meterme en profundidades y comenzar a disertar sobre una sociedad deshumanizada, bla, bla, bla. Supongo que es una de las razones por las que me gusta vivir en pueblos, el mundo rural conserva todavía algunos flecos de humanidad.

P: "Que siga el baile" es una novela tremenda, muy buena, a mi entender. Pero creo que muy realista. Lo que podríamos definir como intriga es sencilla. Importa otra cosa, el retrato de los personajes, las relaciones entre ellos. La policía y sus lazos con el ambiente marginal, esbozado en muchas novelas, pero soberbiamente retratado aquí. ¿Es esto lo que tenías pensado al escribirla? ¿O ibas por otros derroteros?

R: De hecho, cuando me pongo con una novela, no pienso a priori en nada especial. Bueno, sí, en cuestiones técnicas: si va a ir en primera o tercera persona (aunque siempre acaba yendo en primera); en presente o pasado, etc. Me dejo llevar, escribo lo que me pide el cuerpo. Esta novela es producto de un desguace, de aquella novela que me choricearon, pero el protagonista y la localización son nuevos, y también unas cuantas situaciones y personajes secundarios.

P: A pesar de ser un francotirador, alguna influencia actual tendrás ¿Qué autores actuales te parecen interesantes?

R: La verdad es que no conozco demasiado. Me gusta el género negro y leo género negro, claro está, pero también me gusta leer a Bolaños, por ejemplo, y, sobre todo, divulgación científica. De los españoles, nuevos, nuevos, conozco poco. Sí, una novela que terminé fue "Mundos sucios", del cubano Latour. Estupenda novela. Creo que no se ha vendido bien y que al autor le cuesta editar de nuevo en España. No entiendo nada. De los colegas siempre me gustaron Andreu Martin y Carlos Pérez Merinero, autor al que se le considera maldito, y seguro que lo es. De los otros, desde luego Ellroy, pero no las últimas, se está pasando. Acabo de terminar "Mystic River", que está bien, se lee, pero me parece que no está a la altura de su enorme fama; el final es flojo. Y de momento he dejado a un lado "Maderos", en la página diez. ¿Eso gusta? Estoy
muy despistado.

Abril 2006

 

No des la espalda a la paloma (Ediciones Forum)

BIBLIOGRAFÍA (Para leer más)

1980 La triple dama (Sedmay ediciones) (Reeditada en 1996 en Edelvives)
1981 La recompensa polaca (Editorial Debate)
1983 No des la espalda a la paloma (Ediciones Forum)
1986 Mi nombre es Novoa (Ediciones Júcar) (Reeditada en 1994 en Edelvives)
1986 Tirar al vuelo (Ediciones Júcar)
1988 Llámala Siboney (Ediciones Júcar)
1991 La Corneja Caravieja (relato infantil) (Ediciones Júcar)
1991 Doña Lola (Ediciones Júcar)
1994 Y a ti, ¿dónde te entierro hermano? (Ediciones Vosa)
1995 No hay semáforos para los pumas (novela juvenil) (Edebé)
1997 No dispares contra Caperucita (novela juvenil) (Ediciones SM)
2001 Entre trago y trago (Editorial Cims 97, S.L.)
2001 Club Barbie (Novalibro.com)
Llámala Siboney (Ediciones Júcar)
2001 Me gusta ayudar a las pelirrojas (novela juvenil) (Edelvives)
2003 La miel y el cuchillo (Umbriel Editores)
2006 Que siga el baile (Ediciones Barataria)

 

 

 

 

 

 


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