Zeki-La
Gangsterera:-Veo en tu pequeño y biográfico
currículo, editado por Lengua de Trapo que viviste ¿una
infancia en Colombia?..¿estudiaste en Nueva York y Madrid?...y
¿te atrapó, supongo, la movida ... en esos bares
de Malasaña?...
Cuéntanos un poco esas partes de tu vida...para empezar.
Rafael
Reig: Qué difícil me lo pones con una pregunta
tan abierta. Vamos a ver. Yo no me acuerdo de nada de mi infancia
ni, prácticamente, de mi juventud. Soy como uno de esos
contestadores automáticos en los que los mensajes nuevos
se graban encima de los antiguos. Sigo recibiendo llamadas y,
por lo tanto, borrando recuerdos cada vez más deprisa.
De Colombia volví con un acento tan cerrado que en el colegio
no me entendían. Luego volví a conocer Colombia
de joven, o al menos a la parte de Colombia que está en
Queens, en Nueva York. En los 80 viví en Madrid. Ahora
está muy de moda la literatura y las películas "basadas
en hechos reales". Nuestra vida era por suerte todo lo contrario,
hechos reales basados en películas y libros. Vivíamos
basándonos en Woody Allen, en Cortázar o en César
Vallejo, y absolutamente de espaldas a la realidad, a la que nos
importaba un pimiento ser fieles. Entre otras incontables majaderías,
hicimos fotonovelas, revistas de reparto manual ("La Perla
de Labuán", que hacíamos Antonio Orejudo y
yo, por ejemplo) y unos programas de radio delirantes, en una
emisora clandestina, nos bebíamos un par de botellas de
whisky DyC y decíamos lo primero que se nos ocurría.
Salíamos por las noches, pero, como siempre desde que tengo
uso de razón, me levantaba muy temprano para escribir.
En Madrid sucedían muchas cosas, supongo, pero lo nuestro
era muy raro, casi daba lástima. En aquella época
todo el mundo quería tocar en un grupo o hacer cine. Ensayar
en un garaje o preparar un corto eran las únicas actividades
que te permitían salir a la calle con alguna garantía.
Había cientos de miles de personas decididas a "expresarse"
o "volcar su creatividad" en cosas como el peinado,
la ropa o la elección de zapatos. Los pocos que escribían,
hacían más bien poesía, siempre sin acabar
los renglones, dejándolos todos por la mitad, de forma
que tuvieran tiempo de participar en la movida madrileña,
que era una actividad que al parecer requería una cierta
dedicación. Así que nosotros éramos unos
tipos francamente absurdos, bichos raros, con el patético
empeño de escribir una novela, lo que nos obligaba a quedarnos
en casa muchos días seguidos y nos impedía recorrer
el mundo en tiendas de campaña y cosas así. Naturalmente,
me juntaba con gente que también hacia lo mismo, escribir
sin parar, como Antonio Orejudo, Eduardo Becerra, Javier Azpeitia,
Almudena Guzmán, Julio Vélez, Pablo Nogales, José
María Ridao, etc.
Fingíamos catarros para sacar tiempo y escribir obras maestras
que nadie iba a leer y, si nos preguntaban, para no pasar vergüenza,
decíamos que trabajábamos repartiendo el avituallamiento
en competiciones ciclistas. Nuestra vida tenía tan pocos
alicientes que, en las fiestas, a menudo nos veíamos reducidos
a imitar acentos regionales para intentar ganarnos la simpatía
de los demás: un día nos hacíamos pasar por
andaluces, otro éramos gallegos, catalán alguna
vez. Cuando nos preguntaban algo sólo decíamos:
"¡Prometo ser una buena madre para mi Cabbage Patch
Kid!" o imitábamos a Félix Rodríguez
de la Fuente o a Alfonso Sánchez. Mis amigos eran tipos
solitarios y divetidos, nos reíamos como enfermos, todo
el tiempo, y luego a escondidas trabajábamos como galeotes.
Las novias nos iban dejando una detrás de otra, cada vez
más deprisa, debido a nuestra obcecación en escribir
novelas y la imposibilidad absoluta de mantener una "comunicación
profunda" o una "relación significativa"
con tipos que respondían a todo con anuncios de la tele.
Nuestras familias estaban muy preocupadas, la verdad. Luego me
fui un año a Boston con una beca, estudié cine y
literatura, enseñé español y terminé
por fin una novela, "La oscura gente". Se publicó
en 1990. Luego escribí una novela autobiográfica,
en primera persona: una autobiografía de Marilyn Monroe,
que sólo trata de mí, como es obvio. Volví
a Estados Unidos y me quedé unos años, enseñando
literatura. Hice una tesis doctoral. De inmediato entré
en contacto con la misma clase de individuos solitarios y divertidos,
volví a reírme a mandíbula batiente y volví
a utilizar eso que llaman la realidad como si fuera un simple
borrador: lo pasaba a limpio inspirándome otra vez en el
cine y los libros y llevaba una existencia absolutamente ficticia.
Cuando volví a España, a finales de los noventa,
demasiada gente llevaba corbatas amarillas y camisas rosas, muchos
volvían a utilizar gemelos para las camisas y todo el mundo
parecía necesitar de pronto unos coches muy raros, del
tamaño de tractores o esos a los que llaman "monovolúmenes",
ni idea de por qué. Cuando salieron los teléfonos
móviles, pensé que iban a ser un fracaso estrepitoso:
¡a quién le iba a interesar eso! ¡muy poca
cosa hay que ser en esta vida para que una llamada no pueda esperar
media hora! Creía que sólo lo utilizaría
el tipo de personas que tiene que recorrer la ciudad en una furgoneta
pequeña y llevan maletines con muestras y herramientas:
los reparadores de electrodomésticos, los médicos
y los viajantes de comercio, por ejemplo: hasta ese punto había
perdido toda noción de la realidad. Así que escribí
otras dos novelas, "La fórmula Omega" y "Sangre
a borbotones". Ahora vivo en Madrid, tengo una hija de cuatro
años y procuro llevar una existencia anodina y lo más
inverosímil posible. Sigo madrugando mucho y sigo escribiendo
novelas. Tengo algunos planes. Como aquel personaje de Joseph
Heller, me propongo vivir eternamente o morir en el intento. Una
de dos.
Z:
Sangre a borbotones, ¿es eso que dices, una perdida
de la noción de
realidad?
pero sin embargo no deja de tener su lado dramatico
ya que
bajo un aspecto burlesco, surreal, se tocan algunos temas importantes:
la ecología, el poder de las grandes corporaciones, la
investigación y sus peligros
etc.
¿La ironía y el sarcasmo, como arma ofensiva
el derecho al pataleo
o no tiene uno más remedio,
que tomarlo todo como una absurda fatalidad?
R.R.:
No, en absoluto, lo que es irreal es mi propia vida: escribir,
para mí, es todo lo contrario, el sentido de la realidad
de la forma más intensa posible. Es mi vida la que es un
disparate inverosímil. Lo que escribo, en cambio, trata
siempre de la vida real. En cuanto al "derecho al pataleo",
considero que es importante, más que un derecho, un deber
cívico. Y efectivamente el sentido del humor, el sarcasmo,
la ironía, son la pedrada de David contra el Goliat del
pensamiento único. Como ya vieron los filósofos
cínicos, la mejor forma de poner en cuestión los
grandes sistemas totalitarios de pensamiento es la guerra de guerrillas
del humor: frente a la formidable máquina apisonadora del
sistema de Platón, por ejemplo, se enfrentaban con un chiste,
un juego de palabras, una anécdota, un cotilleo, una carcajada
repentina, en fin,un golpe de mano que deje al descubierto las
debilidades del solemne edificio. Por eso el humor es, todavía,
lo único verdaderamente subversivo.
Z:
Dices que mientras otros se divertían en la famosa movida,
vosotros os levantabais temprano para poder escribir... ¿Es
un tópico
el autor bohemio, crápula vividor
y constantemente colocado? ¿El malditismo? ¿Cómo
crees tú que un autor como Poe con una obra tan variada
e ingente puede haber mantenido esa reputación de persona
en permanente estado alterado
donde crees que encontraba
el tiempo para escribir?
R.R.: Poe hizo esfuerzos ímprobos por llevar una
vida ordenada, recuerdo aquella carta en la que juraba "my
sole drink is water" (no bebo más que agua). Le fue
imposible. Escribió mucho y muy bueno, a pesar de las dificultades
de su vida privada, pero no a causa de esas dificultades. Logró
realizar la tarea que él mismo se había encomendado
a pesar de todo eso, esto es lo heroico. El tópico consiste
en una perversión del razonamiento que invierte los términos
y acaba llegando a la conclusión de que Poe, por ejemplo,
escribió precisamente gracias a sus problemas. Igual se
podría llegar a la conclusión de que Poe obtuvo
su inspiración de sus orejas de soplillo. Todo forma parte
de Poe, las orejas de soplillo y los delirios alcohólicos,
por supuesto, pero esa relación causal mecánica
simplemente no existe. Hay múltiples pruebas experimentales,
cientos de miles de casos en los que se han administrado fuertes
dosis de alcohol a individuos muy diferentes y ninguno de ellos
ha escrito ni una línea que merezca ser recordada. Así
mismo, los internamientos penitenciarios no han provocado la redacción
de muchas obras comparables al Quijote. La posición económica
desahogada de la que gozó Proust sin duda hizo posible
su obra literaria (y en parte contribuyó a su forma), pero
ninguno de los consejeros apandadores del BBVA, que yo sepa, ha
escrito "En busca del tiempo perdido". Esa es la majadería
del tópico, un falso silogismo: Cervantes era manco, Cervantes
escribió el Quijote, ergo, para escribir el Quijote nada
más sencillo que amputarse la mano. Personalmente, compadezco
a Poe y a los tipos como él, por ejemplo nuestro Rubén
Darío: qué cantidad de sufrimiento, cuánto
miedo, qué dolor tan continuado... ¡y tan inevitable
para ellos! Hacer eso deliberadamente, en cambio, es de mentecatos.
En mi barrio hay muchos tipos que le dan al frasco igual que Rubén
Darío y apuesto a que se despiertan en mitad de la noche
aterrorizados por pesadillas muy semejantes. Francamente, dudo
que escriban versos que, como los de Rubén, se claven en
la memoria para siempre.
Z:
¿Te sientes deudor de alguna corriente artística,
de pensamiento
o de algunas individualidades?
Siendo más directo ¿te pregunto por unos nombres
y me dices que representan para ti?
Boris
Vian... Bueno, siento gran aprecio por Vian. Su obra es lo
que Cervantes llamaba "literatura desatada", un auténtico
territorio de libertad. Me gustan mucho sus novelas con la excepción
de "La espuma de los días", que me pareció
un solemne aburrimiento.
El
teatro del absurdo de Alfred Jarry
Ni la más remota: un nombre del bachillerato, pero no lo
he leído jamás. Sí he leído y admirado
a Miguel Mihura y a Enrique Jardiel Poncela (aunque prefiero sus
novelas que su teatro).
Marcial
La Fuente Estefanía...
Las novelas del Oeste, las de los Cinco, de Enid Blyton, los libros
de Guillermo, etc., han sido mi aprendizaje de la lectura y de
la vida. Tengo una gran deuda con todos ellos. Allí aprendí
a leer por placer, en contra de toda pedantería. Y a leer
novelas con prisa, llevado por el interés de saber cómo
terminan. Frente al concepto católico, penitencial, de
la literatura como mortificación, esa idea de que, cuanto
más trabajo cuesta de leer, mejor es un libro, mis primeras
lecturas han formado la verdadera defensa protectora. Todo lo
que vale, cuesta; eso nos decían de pequeños. Y
hay gente que lo cree, y que cree que un libro, si no cuesta trabajo
de leer, no vale nada. Yo sigo leyendo como leía a Marcial
Lafuente Estefanía, desvelado, robando tiempo al trabajo
y al deber, buscando libros que, no sólo aumenten mi cultura,
sino mi experiencia vital.
Con respecto a la pregunta, en general, me siento deudor de toda
la historia de la literatura, el bloque contra el que golpea mi
imaginación. Mi metabolismo es adversativo y a mí
las ideas se me ocurren sólo en contra de algo. La historia
de la literatura es algo maravilloso contra lo que pensar. Soy
omnívoro y leo con la misma voracidad a los clásicos
que a mis contemporáneos. Casi todo me interesa.
Pensamos
dar la oportunidad a los socios de la lista NOVELPOL que
lo desearán que plantearan sus preguntas al autor.
Preguntas NOVELPOL
Julio-Jokin-Pablo
-¿Cuales
son para él mas allá de sus influencias, los autores
que hoy están (para su gusto) en la -punta" (es decir
los imprescindibles)?.
¡No daré nombres! Como en la Comisión MacCarthy,
¡no soy un delator ni un chivato! Ningún autor es
imprescindible, hay que leer por placer y para cada uno, en un
momento concreto, resultará imprescindible uno u otro.
Yo aprecio, de los españoles de hoy, en primer lugar a
algunos que, a pesar de ser amigos míos, me parecen importantísimos:
Antonio Orejudo, Javier Azpeitia, Andreu Martín, Fernando
Marías, Lorenzo Silva, Mariano Antolín Rato, etc.
Hay otros a quienes no conozco de nada, como Juan Madrid, Carlos
Pérez Merinero, Juan Marsé o Luis Landero que también
me parecen admirables.
- Influencias (lecturas, vivencias,... tipo Ellroy
Sí, todo influye, lecturas, cosas que han pasado, etc.
Yo no distingo mucho, como he intentado explicar, porque mi vida
es más bien imaginaria, basada en películas y novelas.
Sin Woody Allen, sin Galdós, sin César Vallejo o
sin Juan García Hortelano, por ejemplo, mi vida habría
sido infinitamente más triste, aburrida y sin interés.
Gracias a ellos soy mejor persona y, espero, mejor escritor.
- Valoración estado actual de la novela negra en España
y en el mundo?
Ni idea, la verdad. Yo no creo que la novela, asi en general,
sea como un organismo, con un estado de salud y tal y cual. Hay
novelas singulares que siempre aparecen cada cierto tiempo y cambian
la vida de muchas personas. En general, la novela negra, creo
yo, goza de buena salud en estos momentos. Ha dejado sentir su
influencia en toda la literatura y al contrario: se ha abierto
a todo, desde la filosofía al humor. Me parece un buen
momento.
-
¿Competencia con Best-Sellers policiales ?(a Michael Connelly
lo venden así)
.Ni idea, ni siquiera sé si entiendo la pregunta. ¿Que
si yo compito con Connelly? Hombre, como todos los escritores
(supongo) uno escribe para "competir" (es un mal término)
contra todos, vivos y muertos, desde Cervantes a Connelly.
- ¿ Cuales son sus novelas negras "imprescindibles"?.
Todas las de Chandler. "Una investigación filosófica",
de Philip Kerr. Muchas de Juan Madrid o Andreu Martín.
Todas las que me han acompañado en largos viajes en tren,
compradas en la estación y de título y autor olvidados.
- ¿Es la no ne en España un género maltratado?.....
¿es un género vivo?
No, creo que es un género bastante bien tratado, tanto
por la crítica como por los lectores. Sin duda, el más
vivo de todos.
- Explicarle qué es el FIES
y que proponga algún nombre de autor hispano merecedor
de el.
Me parece una gran idea. No sé: Carlos Pérez Merinero,
por ejemplo, es un autor que me interesó mucho, pero del
que he dejado de oír hablar. Podría merecer el "seguimiento".
Z: Volviendo a la escritura "desatada"; leyéndote
tiene uno la impresión de que tu proceso creativo se relaciona
más con la escritura automática, -"euforia"
en la prosa (ivresse des mots) - pero puede ser una ilusión
óptica en versión original subtitulada
y a
lo mejor resulta que es el producto de muchos tachones
muchos
volver a empezar. ¿Cuál es tu método
tu
inspiración
algún cilicio?
Para nuestra curiosidad morbosa de lectores con ilusiones puedes
resumir a ¿qué santos reza un autor antes de entrar
en trance
cuantas abluciones debe hacer para que le visite
la inspiración qué gris-gris, talismanes rutinas
cambios, se operan en el Hide cuando se transforma en Jekilld?
R.R.: Bueno, como los trapecistas: hay que ensayar mucho
para que parezca natural. Yo soy de los que piensan al escribir,
de manera que yo escribo sin pensar mucho y, cuando llego al final,
me doy cuenta de qué es lo que quería decir en realidad...
y vuelvo a empezar. Muy trabajoso, porque cada cosa la escribo
cinco o seis veces como mínimo. Si supiera pensar antes
de escribir, trabajaría menos, pero no sé: pienso
con los dedos (sobre el teclado). En cualquier caso, la sensación
que quiero producir sí es esa: la de algo escrito sólo
con la espuma de la imaginación, sin el esfuerzo de la
búsqueda. Creo que es la mínima cortesía
con el lector: uno hace una casa y luego quita los andamios, naturalmente,
no los deja a la vista.
Tengo rutinas, manías, ritos, etc. para escribir, pero
no les doy importancia, porque lo cierto es que tengo rutinas,
manías y ritos para todo lo demás, desde ir al cuarto
de baño a comer o tomarme una copa. Trabajo por la mañana
muy temprano (a las cuatro o cinco), en silencio (nada de músicas),
a máquina o en ordenador y con mucha constancia: todos
los días a la misma hora. Se me suelen ocurrir cosas en
medios de transporte públicos o en la ducha y suelo apuntarlas.
Me inspira cualquier cosa, lo que oigo en la calle, la tele, lo
que leo, todo. Cuando las cosas van bien, es decir, cuando uno
está de lleno metido en un proyecto ambicioso, entonces
me vuelvo un buldózer, una apisonadora, casi todas mis
potencias del alma giran en torno a lo que escribo y todo lo que
me sucede, veo o leo alude a ello y me inspira. Cuando van mal...
pues eso, no sale ni una línea, pero madrugo igual, me
siento igual a la máquina y escribo una cantidad razonable
de folios igual. Luego los rompo, claro.
Z:
¿Los géneros si
los géneros no?
¿Por donde van tus preferencias de lectura?
R.R.:¿En
géneros? Policíaca, biografías (un género
que me encanta), novela del XIX y mucha poesía. Pero soy
muy omnívoro. A ver, miro y tengo en la mesa: la última
de Andreu Martín, "The Anatomy of Melancholy",
de Robert Burton; "L'Empire du Chaos", de Alain Joxe;
"La vida breve", de Onetti y "Grift Sense",
de John Swain. En el cuarto de baño (donde leo mucho) tengo
las Vidas de Santos del padre Rivadeneira y un par de crónicas
de Indias, los Mortadelos (indispensables). En la mesita de noche
(en la cama casi no leo) tengo "Choke", de Chuck Palahniuk.
Z:
¿Hoy existe realmente la crítica? ¿No
es más bien un aspecto más del mismo tinglado comercial?
R.R:
Las dos cosas. Existe, pero también forma parte del
tinglado. El problema de la crítica es sólo un síntoma
de un problema más amplio, que es el de la literatura.
Los primeros lectores críticos son los escritores, y ellos
son los que están incumpliendo esta tarea. Cada generación
debe proponer una nueva lectura de la tradición clásica
y por ahora brilla por su ausencia. La trivialidad de la crítica,
su desorientación, sus palos de ciego y, en los peores
casos, su envilecimiento mercantil no son nada más que
el reflejo de la situación de la literatura, de los escritores
(y de los lectores).
Z:
No te preguntaré si existe en España la posibilidad
de vivir del oficio de escritor
Pero si de lo qué
piensas cuando ves que hasta la Bruja Lola publica
que por
cierto, cuando le preguntaron si había leído su
libro
no se cortó un pelo en responder que no
¿Necesita el libro
el escritor una operación
triunfo?
R.R.:¿Quién es esa bruja, Zeki, no me líes?
No tengo ni idea, de verdad. Pero bueno, escribe un libro mucha
gente. Eso no es malo ni tan nuevo. Nerón se creía
un artista, por ejemplo. En el XVII ya estaba todo lleno de chiflados
que se creían grandes autores de teatro o poetas, así
como de poderosos que escribían (o mandaban escribir para
ellos) pamplinas para convencerse de que tenían una gran
sensibilidad. José Antonio Primo de Rivera decía
que él era poeta y al parecer escribió parte de
una novela. Franco hizo sus pinitos. Aznar lee sin parar poesía
y cosas así, con poquísimo provecho, y el día
menos pensado suelta unos versos (¡capaz!). Lo nuevo quizá
es hacerlo también para ganar dinero, cosa que antes era
más difícil.
Z:
¿Tienes algún libro en perspectiva?...si la respuesta
es SI ¿Nos adelantas algo del meollo de la cuestión?
R.R.:Sí...,
pero, puesto que pienso escribiendo, todavía no sé
de qué quiero escribir. Cuando llegue al final del primer
borrador, sabré por dónde tengo
que volver a empezar.
©
Zeki 2003