Esta
entrevista a JOSÉ LUIS MUÑOZ, ha sido publica con
anteriroridad en el Diario Vasco la reproducimos aquí con
autorización expresa del entrevistador, Alvaro Bermejo,
y el entrevistado
Entrevista
a JOSÉ LUIS MUÑOZ
.
"GENTE
DE PALABRA"
Alvaro Bermejo
Pregunta:
Mike Demon, un vendedor de seguros que se pasa la vida en la carretera,
se queda tirado por una avería a las puertas de Las Vegas.
El pronóstico del tiempo, ¿ anunciaba lluvia?
Respuesta: De níquel, una lluvia persistente que ensordece.
En casi todas mis novelas, desde "Barcelona negra",
el clima extremo juega un papel determinante, y en esta también.
El calor sofocante del desierto que rodea esa ensoñación
lumínica y artificial que es Las Vegas puede matar. Es
un lugar muy especial, muy parecido a la idea que uno tiene del
infierno, pero por donde nadie pasaría sino estuviera ubicada
la meca del juego.
P.: De Lluvia de níquel se ha dicho que es una novela
de género negro. En realidad, ¿ no es más
bien una historia de lo que le puede pasar a cualquiera en cuanto
abandona la rutina?
R.: Bueno, yo creo que esa es de las cosas que más puede
inquietar al lector que se acerca a la novela, la de la posible
identificación con el personaje, que es muy cotidiano,
que es un tipo que comete pequeñas felonías - es
infiel a su mujer casi por aburrimiento, como algo que forma parte
de la rutina - y tiene ideas muy conservadoras y una noción
del bien y el mal que le han inculcado desde pequeño un
padre muy estricto. El incidente con su vehículo, que también
es un hecho cotidiano, rompe con todas sus pautas, lo condena
a una ciudad, Las Vegas, que detesta por muchos motivos pero que
acaba succionándolo, vampirizándolo. "Lluvia
de níquel" no es una novela negra convencional, no
trata de delincuentes habituales, no hay psicópatas, salvo
uno sorprendente, ni excesiva violencia. Lo más inquietante
es que el proceso degradante que sufre Mike Demon le puede suceder
a cualquiera en esas circunstancias, que el lector se identifique
con el personaje y se puede contagiar de su enfermedad.
P.:
La América de Georges W. Bush es tan puritana como el Irán
de los ayatoláhs. ( Más allá de lo obvio
) ¿ Qué significa Las Vegas para el americano medio?
R.: Bueno, Las Vegas funciona como un getho de permisividad dentro
del sistema americano que atrae, sobre todo, al americano de la
América profunda que puede que haga su único viaje
en su vida a esa ciudad. Es la urbe del pecado, en donde todo
lo que está prohibido o mal visto en el resto del país,
se puede hacer allí, desde beber alcohol, frecuentar prostitutas
o dilapidar tu dinero en los casinos. Le gente va a Las Vegas,
peca, porque desde su moral estricta todas las actividades que
tienen lugar en la ciudad son pecado, y luego regresan a sus ciudades
de origen arrepentidos pero sin propósito de enmienda.
Es el paradigma de la doble moral. Una ciudad de ese tipo sólo
tiene sentido en un país como Estados Unidos con una religiosidad
exacerbada en donde se incentiva el pecado y se ensalza el arrepentimiento.
Una de las virtudes que los americano aprecian en el actual inquilino
de la Casa Blanca es la de ser un pecador arrepentido.
P.: En las habitaciones de ciertos hoteles de Las Vegas suelen
coincidir un ejemplar del Antiguo Testamento y un listado de prostitutas.
La colisión en sí, ¿ es lo más genuinamente
americano?
R.: Creo que es tan americano como la Coca-Cola, la Asociación
Nacional del Rifle o la silla eléctrica. Responde al eterno
dualismo que existe en Estados Unidos, a su tremenda paradoja.
En Las Vegas se facilita el sexo de pago, pero se pone a disposición
del que cae en el pecado de la lujuria las Sagradas Escrituras,
siempre el Antiguo Testamento, no nos engañemos, del mismo
modo que se facilita la compra de las armas de fuego, y hasta
armas de guerra, que acaban en manos de delincuentes, es decir,
se le da toda clase de facilidades al fuera de la ley para delinquir
y matar, incluidas armas, pero luego se les castiga, sin remisión,
a la silla eléctrica.
P.: "En Las Vegas todo es mentira, todo es una representación"
-afirma su protagonista-: "Tú puedes ser una puta
que no vas a cobrarme y yo a lo mejor soy un asesino que no va
a matarte". Y fuera de Las Vegas, ¿ no es lo mismo?
R.: Sí, pero en Las Vegas esto adquiere categoría
de espectáculo grotesco. Las bodas de 24 horas, con divorcio
después, es una especie de encubrimiento burdo de la prostitución.
La sociedad americana es muy competitiva, y la competitividad,
el ansia por superarse, por ser el primero siempre, por figurar
como empleado modélico del mes en la empresa, etc. conlleva
pisar al de al lado, un cierto tipo de violencia cotidiana que
está bien visto en aras del triunfo. Lo que distingue una
película americana de una europea es su grado de violencia,
y el que esa violencia forma parte del juego de la vida como algo
normal y aceptado. En Europa se delega la violencia al estado,
a la policía, y se le exige que haga un buen uso de ella.
En Estados Unidos, en donde casi todo es privado - miremos lo
que ocurre en Irak, con ejércitos particulares casi tan
numerosos como los profesionales - el individuo tiende a solucionarse
sus propios problemas, y si hay que pegar un tiro en la cabeza
al tipo que se sienta sobre el capó de tu coche o entra
en tu jardín, pues se le pega.
P.: En Las Vegas se puede ganar una fortuna y perderlo todo
en una noche. En realidad, lo que fascina a los ludópatas,
¿ es la tentación del abismo?
R.: La ludopatía es una enfermedad, una adicción
peligrosísima. El problema del ludópata es que no
puede parar, que no puede decir basta, que lo empeña absolutamente
todo, que haría a un tipo trocitos para seguir teniendo
dinero y perdiéndolo. Llega un momento en que se le nubla
el horizonte y no juega para ganar, si lo hiciera se retiraría
en ese momento hipotético de la suerte, sino que juega
por jugar, esta predestinado, por tanto, a ser un perdedor.
P.: Desde luego, su personaje tiene un nombre de lo más
alegórico -Demon-. ¿ Es parte de usted, o sólo
uno de sus mejores amigos?
R.: Bueno, voy a contar una anécdota. Como esta novela
ha tenido una gestación muy larga desde que la inicié
hasta que la entregué al editor, diez años de escritura
y reflexión, el Mike Demon de "Lluvia de níquel"
se llamaba originalmente Mike Simpson, pero luego salieron los
Simpson televisivos y hube de cambiarle el nombre por razones
evidentes. Lo de Demon fue un feliz hallazgo, era el nombre real
de un novio psicópata que tuvo una de mis dos sobrinas
norteamericanas, un tipo realmente peligroso con unos celos enfermizos,
y claro, el lector lo asocia a demonio. Espero no parecerme nunca
Mike Demon porque en realidad es un compendio de casi todo lo
que detesto. Esto casi se ha convertido en una norma habitual
de mis novelas, que las protagonizan tipos que no son positivos,
ni políticamente correctos, como se dice ahora, porque
siento una morbosa fascinación por la parte oscura del
ser humano, y Mike Demon me ha dado mucho juego para bucear en
ella. La paradoja es convertir a un tipo así en protagonista
de tu novela y sentir cierta piedad por él, porque en definitiva
acaba siendo una víctima de las circunstancias. Humanizo
al monstruo porque lo he parido.
P.: También subraya mucho la alegoría de Las
Vegas como la nueva Babilonia. No obstante, ¿ no son ya
todas las ciudades del primer mundo las que aspiran a convertirse
en paraísos del ocio y la disneylandización?
R.: Las Vegas ha sufrido un proceso de degradación importante.
La primitiva Las Vegas, que era muy canalla, tenía el encanto
de la Mafia, que allí lavaba su dinero, y tipos tan maravillosos
corriendo por The Trip como el Rat Pack de Sinatra y compañía.
Las Vegas que yo conocí, hace quince años, ya no
era aquella, pero tampoco el parque temático en que se
ha convertido ahora con Venecia clonada y otras sandeces por el
estilo que son el reflejo de una sociedad cada vez más
estúpida. Los intentos de trasladar ese mundo kistch a
la vieja Europa creo que se han saldado con un fracaso estrepitoso,
los parques temáticos acabarán cerrando todos. Intentar
crear esos paraísos artificiales fuera del lugar adecuado
no resulta.
P.: Por ejemplo, arruinarse en el Fórum de Barcelona,
o en éste o aquel parque temático interactivo y
multimedia, ¿ le parece más respetable que hacerlo
en Las Vegas?
R.: Bueno, yo creo que si hay que arruinarse, uno se tiene que
ir a Las Vegas para hacerlo a lo grande. En Las Vegas todo invita
a vaciarte el bolsillo, hasta cuando vas a un urinario encuentras
una máquina tragaperras en la que puedes ir echando monedas
con la mano libre. Es una ciudad hipnótica, y eso es algo
en lo que insisto a lo largo de la novela, que aspira a doblegar
la voluntad del que cae en sus redes. Creo que una buena imagen
de la ciudad sería verla como una gigantesca tarántula
agazapada en el desierto a la espera de que caiga su víctima.
P.: Las alusiones al apocalipsis son omnipresentes en su novela.
¿ Profetizar el apocalipsis colectivo, es una manera de
postergar el individual?
R.. Mike Demon sufre su Apocalipsis particular, su mundo, que
está tocado, se derrumba en la ciudad, y el Apocalipsis
colectivo se produce a base de muchos Apocalipsis particulares.
El tejido moral de Estados Unidos está en descomposición
desde hace bastantes años, y el peligro es que ese modelo
de vida se exporta y esta calando en Europa. La política
actual que rige en USA es la del bandidaje puro y duro; una de
las cunas de la democracia se ha convertido en país salteador
de caminos, algo que no es nuevo, pues ahí está
la nefasta política en su patio trasero, pero que ahora
se hace a cara descubierta y sin tapujos. La Mafia ha quedado
obsoleta ante lo que se cuece hoy en la Casa Blanca que funciona
como un gran consejo de administración de una empresa que
especula con la muerte y la destrucción. La ausencia de
toda ética, el vacío moral, o la moral del enriquecimiento
rápido y a cualquier precio, han llevado a los EE.UU a
Irak en donde hay un Apocalipsis que concierne a todo el mundo.
La historia está volviendo hacia atrás, en vez de
evolucionar positivamente, y siempre echamos la culpa a los tipos
en particular, al detestable Bush, al detestable Putin, o al detestable
Aznar del que nos libramos, y a los que hay detrás de ellos,
su camarilla, pero nos olvidamos que esos individuos, Bush, Putin,
Sharon o Aznar llegaron al poder por los votos de los ciudadanos.
Como Hitler. Es muy fácil lavarse las manos y achacarlo
todo a la maldad intrínseca de un determinado personaje
y debemos asumir todos la parcela de responsabilidad que nos corresponde.
P.: Y usted, ¿ cree en un cierto determinismo?
R.: Bueno, yo creo que de eso fundamentalmente va la novela; el
fatalismo y Las Vegas son sus ejes. El lector sabe, porque en
la novela no hay las clásicas trampas o las sorpresas,
lo que le va a suceder a Mike Demon, y hasta lo intuye el protagonista
en su descenso vertiginoso al que lo abocan los acontecimientos.
Ahí está la gran tragedia de "Lluvia de níquel",
que parece que todo está predeterminado desde un principio,
que se averíe el coche, que se tenga que quedar en Las
Vegas, que se enganche al juego a pesar de detestarlo, o que conozca
a determinada chica. La novela está imbuida de ese fatalismo
que los americanos expresaron de forma magistral en algunas de
sus mejores películas de género negro, como en "La
jungla del asfalto" de John Huston o "Perdición"
de Billy Wilder y que pesan en mi retina. "Lluvia de níquel"
es una novela de perdedores, en un sentido muy amplio, pero también
parece una novela fantástica, como me ha dicho algún
lector, porque el escenario de Las Vegas parece de ciencia-ficción.
Lo que le ocurre a Mike Demon en La Vegas es lo que les sucedía
a los personajes de "El ángel exterminador" de
Luis Buñuel, atrapados en esa habitación, incapaces
de salir de ella a pesar de que la puerta estaba abierta.
P.: Para usted, escribir es sinónimo de....
R.: Hay una pregunta que siempre me hago y es por qué escribe
uno y no creo tener una respuesta exacta a eso, ni creo que se
pueda extrapolar. Hay un cierto componente hedonístico
en el momento de la creación, un gozo casi físico
cuando el parto es fácil, o sufrimiento si hay complicaciones.
El escritor suele ser una persona muy vanidosa, y ese aspecto
lo caricaturarizaba en "Lifting", que era el retrato
ácido de un escritor de novela negra en un mundo de apariencias
en el que todo el mundo lleva la máscara puesta. Luego
existe el síndrome de Dios, el escritor crea un mundo,
unos personajes, los manipula o, a veces, y eso es lo más
fascinante, son ellos los que te manipulan cuando escribes. Por
último hay un componente de búsqueda de la eternidad,
un poco como sucede con los hijos que uno tiene, que espera que
lleven algo de ti para cuando tú no estés. La idea
de que yo me haya ido, pero mis libros sigan en un anaquel, en
una biblioteca, y puedan ser leídos me perturba porque
me regala la eternidad que todos anhelamos. Pero yo creo que escribo
por necesidad, como respiro. Sencillamente no podría vivir
sin hacerlo y si algún día eso sucede, es que estoy
muerto.
P.: Y como lector, ¿ qué es lo que busca en las
paginas de un libro?
R.: Bueno yo busco en un libro que me secuestre, que me atrape
en sus páginas, que no me deje salir de ellas, y eso es
algo que sucede muy de tarde en tarde. Se hace, desde mi punto
de vista, una literatura muy light, que deja indiferente. No basta
con escribir bien, porque al escritor eso se le supone, como el
valor al militar. La literatura tuvo una época de esplendor
en el siglo XIX, con Balzac, Zola Dickens, Tolstoi, Dosteievsky,
etc. que buscaban trascender con sus obras, lanzar mensajes morales
de calado, ejemplarizantes. Ahora se hace mucha literatura de
consumo, de leer y tirar.
P.: ¿ Qué tres títulos recientes nos aconsejaría
especialmente?
R.: En la última Semana Negra cargué con un montón
de libros de la mítica Etiqueta Negra, pero claro, no son
actuales. Bueno, hay un libro actual que me ha gustado bastante,
de un escritor inglés llamado John Burdett, "Bangkok
8", que es original dentro de sus planteamientos de thriller:
policía budista, reencarnaciones, serpientes como armas
homicidas y travestis en vez de mujeres en un Bangkok bastante
creíble que reconozco. Hay un libro, que no es actual,
pero es una novela negra extraordinaria, que es "Papel picado"
del argentino Rolo Diez, al que han dado este año el premio
Dashiell Hammett muy merecidamente, una crónica en clave
policial de un perseguido por la dictadura argentina que huye
por varios países de Sudamérica, que está
prodigiosamente bien escrito. Y hay un libro de un autor vasco,
Juan Bas, una novela inspirada en el juguete roto Urtain, "La
cuenta atrás", que me parece modélica y con
la que me identifico literariamente porque habla de un perdedor.
P.: ¿ Sus tres clásicos de cabecera son...?
R.: "Rayuela" de Julio Cortazar, aunque en realidad
todos sus libros me apasionan, especialmente uno de los últimos
escrito a cuatro manos con Carol Dunlop, "Los autonautas
de la cosmopista"; "La mirada del observador" de
Marc Behm, que creo que es la mejor novela negra que se haya escrito
nunca, y "Bajo el volcán" de Malcom Lowry, una
novela que me conmocionó por su forma y su contenido. Bueno,
y me dejo "Lolita" de Nabokov.
P.: ¿ Cuál es su paraíso particular?
R.: Empiezo a sospechar que los únicos verdaderos paraísos
se encuentran en nuestra cabeza. Yo recreé en "La
pérdida del Paraíso" un lugar edénico
que se corrompió en cuanto llegaron los conquistadores
españoles, la América precolombina, y con esa novela
confieso que toqué el Paraíso de una forma muy vívida
mientras la escribía, algo que espero haber transmitido
al lector. El mundo, gracias a la aviación, se ha vuelto
pequeño y accesible y viajar es algo que se está
convirtiendo en un asunto gregario. La Polinesia se parece a la
idea que tengo yo de Paraíso, pero presumo que cuando vaya
no va a estar a la altura de lo imaginado, que es la Polinesia
que contempló Fletcher Christian, el del motín de
la Bounty, o la que idealizaba de niño sosteniendo un cromo
que me salió de una chocolatina con una hermosísima
tahitiana con un fondo de cocoteros que daría cualquier
cosa por recuperar. No obstante viajar es otra de mis pasiones
y creo que la mejor forma de gastar el dinero. Paraísos
que haya pisado hay dos; uno cercano, el Valle de Arán,
aunque ha perdido sus vacas y su masificación no augura
nada bueno, y el otro lejano, la isla de Ko Pee Pee en Tailandia.
P.: ¿ Y su infierno personal?
R.: El deterioro físico y mental me aterra. El no poder
hacer una caminata de siete horas por el Valle de Arán,
que me conozco palmo a palmo, por ejemplo, o la incapacidad por
escribir a causa de alguna enfermedad mental.
P.: Su visión del País Vasco, ¿ es compatible
con El Jardín de las Delicias de El Bosco?
R.: Bueno, tengo una percepción positiva sobre el futuro
del País Vasco, que es un territorio que adoro por su paisaje,
su gastronomía y el talante de la gente en la calle. Además
está San Sebastián, que es una de las mejores ciudades
de la península, y Bilbao, que me parece muy literaria.
Ha habido momentos en que el País Vasco era percibido,
desde el resto de la Península, como la antesala del infierno,
por la violencia fascista de algunos nacionalistas y un execrable
terrorismo que no tenía ni la más mínima
justificación y que parece que ahora está en sus
horas bajas. Desbancado el P.P. del poder, una fuerza que ha sido
víctima en el País Vasco de una razzia intolerable,
pero que ha crispado la política nacional, sobre todo en
los últimos años, se abre una vía de esperanza.
Desde Catalunya se entiende muy bien al País Vasco y se
comparten sus aspiraciones, pero deben ser los vascos los que
tienen que decidir sobre su futuro libremente y sin chantajes
de ningún tipo.
P.: Durante los locos años Veinte, San Sebastián
y su Gran Casino fue el equivalente al Las Vegas de la Vieja Europa.
¿ Cree que ha marcado en algo el carácter de la
ciudad?
R.: Creo que sí, sin duda, pero las comparaciones con Las
Vegas resultan odiosas. San Sebastián siempre ha sido una
ciudad con un extraordinario glamour, como Cannes o Montecarlo.
Nadie hubiera podido entrar en el Gran Casino de San Sebastián
con rulos o en camiseta. El ritual del juego en Europa es muy
distinto del que existe en Estados Unidos, que en todo tiende
a la desmesura: se atracan comiendo porquería del mismo
modo que se atracan perdiendo dinero a mansalva ante una asquerosa
máquina tragaperras.
P.: El juego y la apuesta están muy arraigados en el
carácter vasco. El mus, ¿ puede llegar a ser tan
adictivo-autodestructivo como el póker o la ruleta?
R.: Bueno, al menos lo fue para el padre de Urtain, que murió
a causa de una brutal apuesta que Juan Bas narra en su novela
"La cuenta atrás". El talante de los tipos que
se reúnen al lado de una mesa de juego del bar de toda
su vida a echar una partidita, en la que pierden o ganan de forma
moderada mientras comen un pincho de tortilla y se beben un clarete,
es muy distinto al espíritu que reina en Las Vegas en donde
millones de seres solitarios, ensimismados, se autodestruyen ante
las máquinas tragaperras sin comunicarse más que
con la chica que los abastece de alcohol para que sigan perdiendo
dinero. En el País Vasco el juego es un rito social que
puede tener alguna vez una mala consecuencia; en Las Vegas es
una puñetera droga que conduce al vacío.
P.: Además de la literatura, ¿ qué clase
de juegos prohibidos practica con más asiduidad?
R.: Necesito el contacto con la Naturaleza y me apetece hacerlo
siempre a solas, sin nadie a mi alrededor, perderme por bosques,
valles y montañas. A veces me meto con mi cuatro por cuatro
por pistas suicidas de los Pirineos, llenas de obstáculos,
medio cortadas, y tengo una tendencia peligrosa a no dar nunca
un paso atrás, lo que me puede llevar alguna vez al fondo
de un barranco. Cuando me marco una meta, y hablo de la montaña,
siempre llego hasta ella, me cueste lo que me cueste, y eso no
sé si es un defecto o una virtud.
P.: Y, volviendo al azar y al destino, José Luis Muñoz,
¿ hace caso de los estúpidos mensajes que se ocultan
dentro de las galletitas chinas?
R.: Los restaurantes chinos son lugares muy curiosos, un mundo
aparte. En un restaurante chino de Nueva York vi que tenían
en la pecera de la entrada un pescado muerto, en descomposición,
quizá porque el local fuera una tapadera de otra cosa y
no necesitaran comensales. En otro de ellos me encontré
que en el fondo de la taza de café, algo que sólo
veías una vez vaciada, había una explícita
imagen pornográfica en color grabada sobre la porcelana.
Lo de los mensajes escondidos en las galletitas es algo por lo
que se vuelven locos los yanquis que se lo creen como si fuera
su horóscopo. Lo introduje en la novela como una especie
de guiño al lector, una pincelada de humor negro, negrísimo.
LAS VEINTE PINCELADAS DE MEDIANOCHE.
ME GUSTA..........Monica Bellucci,
lo más bello sobre la tierra en estos momentos.
DETESTO.............La doble
moral, la estupidez, el racismo y todos los fascismos.
ME ENCANTA......Ir en bici,
leer un buen libro, hacer el amor, beber txakoli, comer angulas,
hacer fotos, viajar, ir al cine... ¡tantas cosas!
ABORREZCO......La comida basura
que creo se debería prohibir. Si el tabaco mata, la mierda
con que se están cebando nuestros niños, también.
¿Por qué no colocar a McDonalds fuera de la ley?
ME FASCINA.....El nuevo cine
oriental, su capacidad de sugerencia, la sensualidad de sus actrices,
como antídoto al cine de explosiones manufacturado por
el Imperio.
ME PIERDE.......Los tocinillos
de cielo, el arroz con leche, el pastel de queso, los fresones
con nata....
ME GANA....El comportamiento
ético, la gente de MSF, Vicente Ferrer, Intermon, etc.
Me debe venir de los años en que quería ser misionero.
ME PONE.........Las películas
de Bigas Luna y Woody Allen. Las novelas de Fernando Marías.
La pintura de Gainsborough.
ME INDISPONE...La telebasura,
los famosos, la incultura.
ME INDIGNA......La desaparición
de los cafés de Barcelona. La guerra de Irak. Esta última
muchísimo más, por supuesto.
ME DEJA FRÍO....Las
cifra macroeconómicas que muchas veces no dicen nada porque
no tienen en cuenta el reparto irregular de la riqueza.
ME CALIENTA...Un monólogo
de Bibi Anderson - ¡ojo que no es la Bibiana que circula
por las teles! - en "Persona" de Bergman explicando
una experiencia sexual con un muchacho mientras otro los contempla.
Cuando vi por primera vez la película, en tiempos del liberal
Fraga, no había monólogo, por supuesto.
ME PERTURBA.....Que el mundo
tenga los peores gobernantes posibles. Los terrorismos profesionales,
desde el aire, y los amateurs, con coche bomba.
ME ATURDE........El éxito
de Harry Potter y La sombra del viento. ¿No sería
mejor un reparto más equitativo?
ME CONFUNDE...José
Bono y Rodríguez Ibarra en el PSOE. ¿No se han equivocado
de partido?
ME INFUNDE....Ánimo,
el café; sin él estaría perdido. Dolor, Mahler,
pero soy un adicto a su música.
ME ATERRA......La desaparición
del hielo polar, la fusión de los glaciares, la deforestación,
y que no se haga nada para evitarlo.
ME ENAMORA...Mi mujer con
un vestido acampanado y floreado, que deja al descubierto sus
hermosos hombros, pero no ha estrenado todavía.
ME REPELE......Aznar y su
actitud mezquina en el 11-M. La historia de la foto de las Azores,
con Aznar buscando el brazo de Bush, es patética, de vergüenza
ajena y retrata a ese personaje mediocre. Hay amores que matan.
¿Por qué no se le inhabilitó en ese momento?
ME SEDUCE......Los andares
de una mujer que se sabe hermosa y observada, ese balanceo de
las caderas que maravillosamente canta "La garota de Ipanema"
de Vinicious de Morais. La belleza femenina, que no siempre reside
en su físico, y es tan efímera y cruel. Unas piernas
largas. Un busto redondo y suave. Los labios de Natasha Kinsky
en "Tess".
ME PARECE..... QUE YA LLEVAMOS LAS VEINTE